04 de agosto del 2020 °C
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Conmigo misma esta Navidad

Agradecimieto: Fito Espinoza ESTOY CONMIGO, PERO NO ESTOY SOLA. El que dijo que, a veces, las festividades como la Navidad se viven como uno la está pasando por dentro y por fuera en ese momento, tiene mucha razón. Pueden ser alegres, solitarias, entrañables, tristes o una simple comilona de pavo, panetón y chocolate, con sus champagnes más. Este año es otro en que la paso en solitario. Y no es la primero. Ni si quiera el entusiasmo de mi madre, a quien no me atrevo a bajarle un solo decibel de su gran espíritu navideño que hace que mi familia se una un poquito más, impide que me invada una nostalgia que no puedo evitar. Este año no voy a contar alguna anécdota del pasado, este año voy a hablar del presente. Seguir leyendo...

Lo peor de salir con un chibolo

EL DÍA QUE TENGA UN HIJO, VOY A CAMBIAR PAÑALES. ANTES, NO. Desde chiquita te dicen: “el hombre siempre debe ser mayor que tú”. Apenas hablas de un chico nuevo con tus amigas, después del nombre siempre te preguntan: “¿años?”, y un poco después, si sigues saliendo con el mismo pata y algo va mal en la relación, te vuelven a preguntar: “¿cuántos años me dijiste que tenía?”. Yo siempre salí con chicos de mi edad o alrededores cercanos, pero tengo que confesar (o ya lo hice, creo) que en este año que comienza a terminar caí en la redes de un par de chibolos. Y de estas telas de araña post- adolescentes ya me libré. ¿Por qué? porque llegado cierto punto deja de ser tan paja, como me pareció en un momento, salir con alguien mucho menor que yo. Para esas dos historias que en su momento, no lo voy a negar, me hicieron pasarla bien, yo tenía pancartas o auto excusas mentales: “La edad no importa, lo que cuenta es la edad mental”, “lo importante es la madurez”, o algún arrebatado “yo hago mi vida como quiero”. Pero ahora es el momento no de bajar la cabeza, porque no me arrepiento, pero sí de decir: con un chibolo no salgo más. ¿Por qué? La respuesta no es tan simple como lo son ellos. Seguir leyendo...

El novio, sus hijos, su esposa y yo

¿ESTARÍA DISPUESTA A UNA RELACIÓN DE A CINCO? Llegó el día D y como siempre, lo hizo también la ley de Murphy. Apenas el espejo me dio el ok, no podía abrir la puerta de mi casa. Un camión de Coca-Sola (ironías de la vida) se había chocado con el árbol gigante que crece en la puerta de mi casa, este se había partido por la mitad y había caído justo en la puerta de mi casa. Mierda, dije yo, porque no tengo otra forma de salir. Las ventanas, tienen rejas. Me iba a volver loca si me quedaba atrapada y el pobre ex novio se quedaba pensando que lo planté por segunda vez en la vida. Así que me quité lo zapatos y ya me estaba colgando de la ventana de la ducha, que da a la casa de mi vecina, cuando mis nuevos ángeles de la guarda, los miembros del serenazgo del distrito en el que vivo, cortaron el árbol y pude salir corriendo hacia mi temido reencuentro con el pasado. Llegué tan apurada y buscando con la mirada dónde podría estar mi cita, que recién me di cuenta de que parecía Alicia, “la huerfanita”, porque estaba despeinada, sudada y con las manos y el vestido sucio. Cuando un señor me lo hizo notar en la puerta del restaurante. Yo casi le digo: “¿Y a Ud. ¿qué le importa?”, pero me di cuenta que ese pata era mi ex novio haciéndome una broma. Sorpresas te da la vida, sí, pero creo que para esta no estaba preparada. Seguir leyendo...

Amor reciclado

EL AMOR DESPUÉS DEL ¿AMOR? Me gustan las cosas antiguas. Y no me pregunten por qué. Amo las polaroids, la ropa usada, los libros viejos (aunque por mi alergia los tenga que leer con una loratadina), mi pequeña colección de vinilos, las cajas de música que no me canso de coleccionar, los mercados de pulgas, las ferias de calle, siempre siento que puedo encontrar una sorpresa “reservada para mí”. La casa que alquilo puede dar fe. No sé de qué año será, pero tiene apolillados techos altos, puertas y ventanas gigantes que me gusta abrir por la mañana los fines de semana, y unas cansadas tuberías a las que engrío (y de paso, me cuido de una posible inundación mientras duermo) comprándoles sobredosis de Drano cada semana. Acomodo a mis pocos invitados entre muebles que compré en la cachina y pequeños recuerdos con los que trato de llenar las paredes blancas: el papel de una carta que alguien me dejó, posters de películas viejas, una foto de esas que venden por Quilca que sabe Dios quién las habrá tomado. En fin, la lista sigue y seguirá. Todo esto lo pensé hace poco, una noche en que encontré el largo correo electrónico de un ex novio con el que pasé un buen tiempo de mi vida. Más de diez años después, quiere volver a salir conmigo. Y es extraño, porque cuando nos separamos, juró odiarme por el resto de la vida y me consta que lo hizo. El episodio número tres de mi lista de novios comienza (otra vez) justamente aquí. Seguir leyendo...