Ahora nos toca a nosotras. La que jamás ha sido una chica mala, que tire la primera piedra (o bolita de plastilina).

Al momento de comenzar a escribir este post me di cuenta de mis rezagos machistas (y me molestó reparar en que aún los tengo), porque a diferencia de lo fácil que me fue hablar de los chicos malos, empecé a sentir reparos al enumerar las veces que he sido, sin excusas de por medio, la mala dentro de una relación. Hasta me pasó por la cabeza que hay muchas chicas que no han sido malas nunca, quizás no a propósito. Pero ya basta. Las relaciones son de a dos, el género no es un excluyente ni una justificación de la maldad, crueldad o como quieran llamarle a lo que a pocas o muchas mujeres nos ha hecho tratar o haber tratado al –en este caso, pobre- que está a nuestro lado.

Así que, como en una de esas reuniones de terapia grupo levanto la mano y digo: “Me llamo Alicia y he sido una chica mala”.
Recuerdo con claridad una noche, la más vergonzante de toda mi vida, bueno, por lo menos de mis tempranos veintes. Fue horrible. Me habían operado hacía poco y no podía tomar alcohol. Salí con mi mejor amigo, otra amiga de la facultad y mi novio, ese por el que unos meses antes había dejado a otro. Lo dejé porque ya no lo amaba, pero no me había atrevido a dejarlo antes por el simple pero terrorífico factor de la aterrorizante soledad, y había preferido alargar una relación sin amor -de mi parte-, por pocos pero largos meses, que tener la valentía de terminarla. Hasta que apareció este chico, amigo de ambos, quién después de hacerme una declaración de amor fulminante y sucesivas noches de agarres a escondidas, fue el que me motivó a terminar de una vez por todas con uno y comenzar con otro del que, poco tiempo después, me encontré completamente enamorada.

Pero como dicen algunos, todo se paga en esta vida. Yo las pagué todas en una noche, al mejor estilo Brian de Palma. Estábamos los cuatro en mi primera juerga post-quirúrgica tomando ron con coca-cola, y fue tal la borrachera, o los antibióticos en un mix mortal con el trago, que jamás volví a probar ese licor. No sé a quién se le ocurrió salir y terminamos en una fiesta que organizaba alguien de la facultad. Al llegar no me demoré mucho tiempo en toparme con mi reciente ex. Creo que él también estaba borracho, porque saludó con la mano a su ex-pata, al que había jurado sacarle la mierda y no hablarle nunca más. Pero eso no fue lo que me sorprendió, sino que a mí no me dio la mano ni una cachetada (después de haber jurado odiarme por el resto de su vida y gritar a los cuatro vientos que era una zorra sin corazón) sino un beso, y no en la mejilla, en la boca. Nos miramos a los ojos y a los dos se nos llenaron de lágrimas; seguro porque nos habíamos querido mucho, porque las despedidas son tristes y nosotros no tuvimos una, o porque todo fue tan rápido que no tuvimos tiempo de acostumbrarnos a estar separados después de más de dos años de andar juntos. No sé por qué, y tampoco le voy a buscar una justificación racional porque no existe, nos volvimos a besar, esta vez los dos, ante la cara, seguro atónita, de mi ahora novio. Cuando el ex y yo nos separamos, él ya no estaba.

Miré a mi ex, en su rostro había tristeza; sin embargo, salí corriendo hacia la puerta de esa casa que no conocía a buscar a mi novio. Lo encontré en sentado en una vereda, llorando. Me senté a su lado y lloré también. Me dijo que me quería. Yo le dije que yo también. No sé cuántas horas pasaron. Me dejó en mi casa ya de día.

A esas alturas, mi putrefacta conciencia, me hizo despertarme a las pocas horas, ducharme a una velocidad récord e ir volando a la casa de mi novio a pedirle perdón con una resaca de los mil demonios. Por supuesto que me dijo que no y me mandó a varios sitios a los que me merecía ir. Así que le rogué de todas las formas posibles que me disculpara, hasta recurrí al patético argumento de que las pastillas post-operatorias me habían hecho tener un momento de locura momentánea; incluso le traté de voltear la tortilla diciéndole que era su culpa (ahora como que me estoy haciendo espontáneamente más chiquita de la vergüenza mientras recuerdo y le doy al teclado) por haberse entrometido en nuestra relación. Finalmente, acepté mi error, le dije que yo era la única culpable una y mil veces y logré que me perdonara. Era un chico bueno, yo lo sabía; y había sido mala con el, mala con mi ex y mala conmigo misma.

Esa noche, que por años no quise recordar ni de casualidad y que me ha costado tanto escribir, me demuestra cuán cruel se puede ser con alguien que te ama, que en esa oportunidad fueron dos. Ahora sé que ser una chica mala es ser infiel, es hacer daño sin medir las consecuencias, es ser una manipuladora compulsiva, es alargar una relación con alguien que si te quiere (y tú no) solo para no estar sola, es ser tan egoísta como para intercambiar novios cual figuritas de álbum, sin un tiempo de respiro, por la misma razón: tener a alguien siempre contigo.

Gracias a dios la vida da vueltas y me tocó a mi estar del otro lado; cuando el chico que más quise me dejó sin que yo pudiese hacer nada para evitarlo porque ya no me quería y punto, tuve que agarrarme a cabezazos con todas las paredes que me encontré, rezarle en vano a todos los santos para que volviera, agarrar a puñetazos a la almohada, llorar, gritar, desesperarme, volver a la calma y al finalmente, aceptarlo, olvidar, mirar hacia otro lado y por fin, aprender a vivir sola.

No me considero ni buena ni mala. En todo caso, soy una persona en eterno proceso de rehabilitación. Sino, qué fácil sería. Uno vive con sus errores a cuestas. No es fácil perdonar, y menos, perdonarse a uno mismo. Estoy segura de seguirme equivocando, de eso no me queda duda, como tampoco de haber sido mala -y sabe dios cuantas más veces lo seré, ojalá no muchas más la verdad-, pero reconocerlo es un buen primer paso, creo. En fin, soy una chica que quiere ser buena que busca un chico bueno. Y eso es bonito.

P.D.1. A todos los lectores que me acompañaron a la presentación del libro les agradezco haber sido el botiquín de primeros auxilios que necesitaba. Fue muy bonito conocerlos en persona y poder darles las gracias cara a cara por seguirme en esta aventura virtual.

P.D.2. Geraldine, gracias por tu cartita. La llevo en mi corazón.

P.D.3. Con este post, arrancamos oficialmente el segundo año de BUSCO NOVIO y cerramos la manchita del lonche con el primer comentario (sino, no vamos a caber en la mesa), ya habrá un segundo round más adelante.

CANCIÓN PARA SER UNA CHICA BUENA

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