ME HUBIERAS DICHO QUE SOLO QUERDentro de los temas de los que últimamente hablamos una amiga cercana y yo, hay uno que ha resultado reiterativo, por no decir casi-diario. ¿Por qué un chico al que le gustas, y mucho –por que por al menos da señales claras de que se muere por ti- de la noche a la mañana te sale con un ya fue?

Ella y yo estábamos en las casi en las mismas. Enrollándonos en lo que podía pasar a ser una relación. Además de esa coincidencia habían un par más: la última relación que ambas tuvimos fue larga y profunda, quizás la más importante. Las dos habíamos terminado muy heridas y todo el año pasado nos habíamos dedicado a recuperarnos, lo logramos y empezamos una sana y divertida fase de salir y andar con gente nueva. Claro, detrás de las altas murallas que le pusimos a los respectivos castillos imaginarios donde se quedó guardado nuestro corazón. Uno no sufre por las puras.

Casi al mismo tiempo llegaron este par de caballeros (entre comillas, debo decir ahora). Cada una a su manera primero rechazó la idea, porque coincidimos una vez más en que ninguno de esos dos era nuestro tipo de chico, pero ambos compartieron un poder de persistencia que al comienzo nos daba risa y bueno, ahora las dos vemos a nuestras bromas y burlitas explotándonos en la cara como las chispitas mariposas de la ironía, porque apenas los dos consiguieron nuestra atención, luego nuestra ilusión, unos besos –robados- en un primer momento, deseados con ganas después, nos dejaron tiradas, como dice mi madre: como una zapatilla china (no sé exactamente lo que significa, pero la imagen de una zapatilla china usada y abandonada en alguna esquina sucia de un barrio, más sucio todavía, en Shangai, puede describir con claridad cómo me siento).

Yo recuerdo los primeros besos que nos dimos. Eso es lo único bueno de saber que una es el objeto de deseo de alguien; es que de pronto adquieres una seguridad que tú misma ni te crees. Esa vez, ya hace un tiempo, en que salimos juntos yo era (o le seguía la cuerda en su jueguito) la femme fatale de la noche, la mujer inalcanzable –por lo menos por los próximos diecisiete minutos-; imagínense qué tanto me creía deseada que después de un vinito tuve el riquísimo descaro de ponerlo en aprietos y decirle a diez centímetros de su boca: oye ¿qué, no vas a besarme? Claro que me iba a besar. Terminamos en tremendo y largo beso sobre un sillón rojo, que seguro aún recuerda. El sofá, no él.

Del sofá de mi salón pasamos al vaivén de esa primera etapa, cogimos nuestras mochilas y todo apuntaba a una inminente mudanza de ilusiolandia hacia otro lugar. Bueno, al parecer esa supuesta relación fue un oasis en mi mente porque acabo de colgar el teléfono y el hombrecito implicado me acaba de decir con toda la desvergüenza del mundo y hasta en un tonito cachoso que no tenía razón de ser: pero, ¿cuándo te dije que quería ser tu novio? Debo aclarar que cuando se trata de mi lado emocional, mi esgrima verbal se va al tacho, se me agolpan los recuerdos, los sentimientos, las palabras no me salen, me dan ganas de llorar o de mandar al demonio; pero nunca hago ninguna de las dos últimas y siempre me quedo con el amargo sabor del silencio. De pronto me pareció que el pata me estaba hablando en cantonés, era eso o me volví espontáneamente sorda porque ni en mi peor pesadilla hubiese querido escuchar lo que estaba oyendo. Entonces me quedé sin hacerle la no tan larga, pero sí importante lista (por lo menos para mí) de cosas que compartimos.

Me pregunto ahora, a solas: ¿dónde se quedan todas esas palabras, ahora, tan creíbles como un discurso político? de las que puedo escoger muchísimas -como si metiera la mano a una bolsa extra grande de papitas fritas- y citar textualmente: no quiero que te vayas de mi vida; eres muy especial para mí, innumerables “te quieros”; por ti, lo dejaría todo; tú serías la única persona que he pensado que podría ser mi novia, y hasta un claro y explícito: estoy enamorado de ti.

Han pasado unas horas y ya un poco más calmada la rabia, más no la inevitable tristeza, pienso: ¿acaso no fuimos nosotros los que duamos nuestros teléfonos para poder hablar con más frecuencia?, ¿no fue por culpa de ambos que no fui a trabajar por quedarme en la cama contigo todo el día?, ¿no fue después de comer unas hamburguesas grasosas cuando apoyados en un auto estacionado en plena Benavides donde nos besamos como locos, hasta que la dueña nos sorprendió con el sonido de la alarma y cara de reprobación de la patada?, ¿olvidaste las bromas que compartíamos?, ¿se te borró de la mente la vez que estábamos peleando por alguna estupidez que no recuerdo y la voz del locutor de la TV encendida nos hizo reír a carcajadas cuando anunció el estreno de la película Godzilla 5 y tú te saliste de la bronca espantado por la noticia y dijiste: “!asu!, ¿para qué?”

¿Todo eso lo soñé?

Yo sé que nos peleamos. Yo sé también por qué nos peleamos. Sé que hubo malentendidos y que ninguno se caracteriza por la paciencia. Conozco tu orgullo de arriba abajo y también mi incapacidad de hablar. Sin embargo, también sé que me costó creerte, que me costó quererte y me costó confiar. Sin embargo, no me imaginé que llegado a este punto, ibas a desaparecer sin dejar rastro, ni que de pronto, al aparecer, mejor dicho, al buscarte yo, ibas a decirme que ya no querías saber más de mí.

Te llamé porque te extrañaba, porque me di cuenta de que sí me importaba perderte. Así las alertas rojas me siguieran molestando a lo lejos, echaba de menos tu presencia, tus palabras, nuestra inevitable conexión, esa de la que tanto me hablabas. Pensé que no irías a la presentación de mi libro, como no dabas señales no te invité, y no porque no quisiera sino porque si no aparecías me hubiese dolido. Igual fuiste y te portaste mal conmigo al repetirme al oído, justo ese día, que yo ya no significaba nada para ti. No te importó que por la tarde hubiese pasado por tu casa a dejarte un libro envuelto en papel violeta, ni que tu presencia estuviese impresa en uno de los cuentos. No, nada. Cuando hay que ser egoístas, nada importa más que uno mismo, en este caso tú.

(Cómo te conté tantas veces, en las películas de Wong Kar-wai, siempre hay alguien que tiene un secreto: el mío es que estuve a punto de enamorarme -y yo no tengo miedo de aceptarlo-)

Sí, me rompiste el corazón, porque es frágil, porque me ilusiono rápido, porque creí que sentías lo mismo, porque creí que lo que vivimos fue igual para los dos. Pero ya veo que no. Felizmente, y aún cuando los recuerdos te traigan de vez en cuando, sobre todo cuando escuche en vivo, el 19 de mayo en el Radio City Music Hall, en medio del viaje que no quisiste hacer conmigo, la canción que oigo ahora al escribir, ya no me dolerán. Nada de luto, nada de de encerrarme. Porque aunque te guste creerlo y cómo dice una canción vieja de Miguel Bosé te creíste “algo importante”, no lo fuiste tanto como para no poder olvidarte sin hacerme tanto drama.

Sí me dueles, aún, pero no lo suficiente como para hacerme llorar, como para sentir que tengo que arrancar otra vez con mi vida; mi vida está acá conmigo. Contigo o sin ti; y además, no ha dejado de ser bonita; con un rincón vacío quizás, pero que alguna vez llenaré de esas fotos que nunca nos tomamos juntos, con las polaroids de otro chico que sí me quiera, por lo menos más que así mismo, y si ese no aparece con fotos, como las que tengo en mi refrigerador, en las que veo momentos de felicidad compartidas con personas que adoro y que están en mi vida para hacerla lo que es.

Ahora sólo tengo ganas de no haberte llamado, de no haber hecho caso a tu insistencia pasada y no haberte conocido, porque acuérdate, al comienzo no me gustabas nada y te di la oportunidad que me pediste. La misma que te pedí yo de tener por lo menos una despedida frente a frente, no palabras hirientes ni excusas ridículas para huir. Así que no te la creas y piensa dos veces antes de portarte como un cabrón la próxima vez que una chica, a la que le repetías lo especial que era para ti, llame a tu teléfono para decirte que te extraña.

P.D.1. A todos los convocados al lonchecito, incluyendo al anónimo del último post -fue una equivocación mía al no fijarme bien cúal era el primer comentario- por favor envienme un comment que diga: LONCHECITO, para ponernos en contacto y quedar lugar, día y hora.

CANCIÓN PARA NO OLVIDAR QUE S