GU1. ESTOY CONFUNDIDO. No, no y no. Yo creo que él la tiene bien clara, la mayor parte de veces. Como no me gusta generalizar, dejo un espacio abierto a la duda. Creo que estas dos palabras significan: no quiero estar contigo pero no tengo el valor de decírtelo. Alguien le debería decir a estos patas que es mejor un honesto y valiente: no te quiero, no te quiero lo suficiente para seguir con esto, te quiero pero también quiero a diez más, que un trillado, inverosímil y patético para quienes nos la hemos creído: estoy confundido. Yo recuerdo una vez memorable, por lo estúpida que me siento al recordarla. La escuché de boca de un novio al que quería mucho -y él sé que también me quería a mí- seguidas de un patético (ojo, esto sí es una de las frases más ridículas que he escuchado) “te amo, pero creo que amo más mi libertad”. ¡Por el amor de Dios! Lo peor es que le creí y me soplé su espíritu libre por tres años, claro que yo pensaba que era solo libre de corazón (que él mismo autoproclamaba “salvaje y estepario” como la canción de Miguel Bosé), hasta que me enteré de su libertinaje de cuerpo y alma. Lo irónico es que este hombre yo-yo, ahora que pasó al cementerio de los ex, es el yo-yo de su novia.

2. ¿TIENES PLANES PARA LOS PRÓXIMOS TREINTA MINUTOS? En el momento más inesperado estás en tu cama, viendo una película en tu perfecto y cómodo atuendo de no-quiero-que-el-mundo-me-vea-así, al fin olvidando al ese chico que te dejo, que no te llamó más, que te trató como a un estropajo, de pronto suena el teléfono. No lo puedes creer. El ex-novio, agarre o lo que sea, de pronto está del otro lado de la línea con una voz nuevamente amable y ¿seductora? pues sí; te está llamado el hombre yo-yo-yo solo te llamo para tener sexo. No voy a negar que alguna vez he hecho lo mismo, es decir llamar a un ex para un clásico “remember”. Es más, afirmo que lo he hecho, pero cuando no había amor de por medio. Muy al contrario, cuando estuve enamorada y recibí alguna vez una de estas llamadas, me emocioné y pensé con una rejuvenecida alegría y una lucecita de esperanza de que todo puede volver a comenzar: me quiere ver. Después de todo, quién no comete errores. Pero no. Claro que me quería ver, pero calata. Prepárense, porque si caen después no habrá abrazos, besos ni promesas de un amor renovado. Es más, si piden algún tipo de explicación es más que probable que se queden hablando solas mientras él se viste. Palabra de chica ingenua, es mejor quedarse en la cama abrazando a la almohada que prestarle tu cuerpo (y tu corazón, ya bastante adolorido a esas alturas) a un yo-yo que solo piensa en satisfacerse, sin importarle un rábano tus sentimientos. ¿Para qué?

3. QUIERO SEXO, PERO CON OTRA. Ahí va la ruleta rusa otra vez. Esta vez del otro lado. Y la hago, como te dicen los doctores cuando eres niño, te rompiste la frente tratando de ganar jugando a las escondidas, rápida y sin dolor: si no quiere tener ni siquiera sexo contigo, porque ni eso le provoca, extiendo mi pregunta anterior ¿para qué seguir detrás de él?

4. NECESITO EXTRAÑARTE. ¿Qué?, ¿esto en serio existe? Hace unos días escuché en un almuerzo de amigas a una que contaba como lo más natural del mundo que su novio le había dicho que no lo llame ni lo vea por un tiempo indefinido, porque necesitaba “extrañarla” para poder quererla. Sé que a veces un poco de distancia sirve para ver bien las cosas entre dos personas, pero de ahí a utilizar un argumento tan tonto como egoísta para decirle a alguien que se aleje me hizo pensar en el término “yo-yo”, porque así como con el juguetito juegan a tenerte cerca-mantenerte lejos-cerca-lejos y lo más probable es que el lejos se convierta en nunca más. Esa tarde, traté de poner mi cara de póker pero creo que el signo de interrogación le ganó terreno a mi rostro. Es decir, ¿existe una mujer que crea que eso es verdad? De hecho traté de no juzgarla al pensar que para el hombre yo-yo las excusas para hacer lo que se les dé la gana son infinitas y mientras las sigamos creyendo, las seguirán inventando.

5. LA DESAPARICIÓN DE LOS AMIGOS. Pasan los días y esos amigos, que tú creías tuyos, también hacen un acto mágico de desaparición. Al comienzo, como me ha pasado, ni cuenta te das, estás tan metida en él y él, que parece no haber otro pensamiento más para tu aturdida cabeza. Bip… bip. Señal de que él se fue, y con sus maletas. A mí me ha dado pena y rabia, alguna vez, volver a ver a esos a quienes yo creía también patas míos saludándome en encuentros casuales como si nada hubiese pasado; o peor ver la misma escena, es decir, verlos a ellos, a él, pero en lugar de ti hay otra. No hay nada que reprocharles. Ellos no eran tus amigos. Tus amigos, los tuyos, siempre estarán a tu lado. La amistad a diferencia, del amor, es incondicional. Por lo menos, la amistad en la que yo creo. Un buen raje con tu mejor amigo/a es el mejor remedio para olvidar a quienes nunca lo fueron.

6. LA DESAPARICIÓN DE LA FAMILIA POL