GU
1. USTED HA LLAMADO A LA CASILLA DE VOZ DE… Primera señal. Si no está en el cine, en la silla del dentista en plena endodoncia o siendo apuntado por la escopeta de un asesino en serie, es fácil: no te quiere contestar el celular. Como siempre a mí, negada para la tecnología, me costó tiempo cargar con uno de esos aparatos, entre otras razones, porque es un teléfono portátil y particular. Y así como sirve para ubicarte donde estés (lo que no siempre es tan conveniente), también sirve de señal para ubicar al otro en el espectro de las personas con las que no quieres hablar. Basta con ver en la pantallita el nombre de alguien a quien no le quieres hablar o te quieres hacer la loca por alguna razón, no contestas y punto. Pero si te pones del otro lado, es horrible que alguien no te conteste el celular. Yo odio que me hagan eso y he cometido el error de las tres mil llamadas. Es decir, si no me contesta, voy a volver a llamar. Sólo de pensar que alguien puede haber visto mi nombre al lado de un texto que dice “17 llamadas pérdidas” me hundo en el sillón de la vergüenza. Bueno, queda claro, ¿no?

2. SI NO TE CONTESTA, MENOS TE VA A LLAMAR. Esas esperas al lado del teléfono, revisando mil veces la pantalla “a ver si hay alguna llamada perdida” o las vueltitas que prácticamente hacen hueco en el piso (o le sacan lustre) alrededor del bendito celular esperando una llamada que jamás va a llegar son otra pérdida de tiempo y una voz de alarma de decibeles de camión de bomberos diciéndote: no quiere saber de ti. La madre de una amiga decía: “el que te quiere, llama aunque le corten las manos”, y es verdad. Así que ¿por qué seguir esperando? Lo más probable es que esté haciendo cualquier otra cosa en la vida que siquiera pensar en llamarte.

3. ÉL NO EST