03 de agosto del 2020 °C
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El amor en los tiempos de Internet

¿QUIERES CHATEAR CONMIGO? Me gusta alguien. Hace tiempo no me gustaba nadie. El detalle es el siguiente: no conozco a este “alguien”, al menos no en persona. ¿Por qué?, ¿cómo así? se preguntarán ustedes. Les puedo jurar que me he hecho el mismo autointerrogatorio un par de mañanas en las que he despertado pensando en “él” con sonrisa de idiota y he salido disparada al baño a meterme un buen chorro agua fría, antes del café número uno, y me he hecho “la” pregunta que muchos ahora, en plena era del ciberamor, se han hecho más de una vez: ¿cómo me puede gustar tanto alguien que no conozco? Pero esto no es lo peor. Muchas ciberrelaciones pasan al terreno de lo real cuando ambos se conocen. Yo no puedo hacer eso. Mi querido desconocido vive lejos de Lima. Sin embargo, por razones muy ajenas al amor y todititos sus demonios, he viajado. Estoy en otro país desde hace unos días; cerca de él y no me atrevo a llamarlo, ni siquiera me mando a escribirle un mail. Para que entiendan mejor, aquí va nuestra historia. Seguir leyendo...

Yo no amo a su mami

Y TÚ, ¿AMAS A TU SUEGRA? Hay palabras que me gustan mucho, como violeta, bufanda y estufa. Otras me recuerdan al ardor de la gastritis cuando me ataca de pronto y achicharra mi interior con furia, sin piedad y sin remedio, porque ni los litros de Peptobismol que tomo logran aliviarme. Una de ellas es la palabra “suegra”. No creo que se trate de una percepción particular. Las suegras vienen con una estela de mala fama que han arrastrado y multiplicado por siglos y que estoy segura, más de una se ha ganado con laureles, medallas de honor y diplomas al mérito. Si me pongo a multiplicar el número de malas, vergonzantes, ridículas y crueles experiencias que más de una vez he tenido que pasar a causa de las madres de algunos novios, puedo decir que en el mundo de las suegras, la pasé como en el mismo infierno. Seguir leyendo...

Ya lo pasado, pasado

EL PASADO ESTÁ MÁS LEJOS DE LO QUE PARECE. El pasado. ¿Quién puede quitárselo de encima? Que yo sepa, solo en las películas uno puede borrarlo de su mente si así lo desea. Ojalá así funcionara la realidad. Todo sería mucho más fácil. Nos podríamos cruzar todos los días con ese ex que nos hizo la vida a cuadritos y nos pasaríamos de largo sin inmutarnos, no necesitaríamos tiempo, ni terapia, ni amigos en esta dolorosa etapa en la que volvemos a estar solos, después que esa relación no funcionó. Pero, piña. No se puede. Y algunos, por masoquistas, tercos o porque aún guardamos esa ilusa esperanza de que él o ella volverá, nos negamos a dejar de mirar por el espejo retrovisor de nuestras vidas. ¿Y saben cuál es la peor parte? Que la culpa la tenemos nosotros mismos. Recién me di cuenta de esto el viernes pasado, todo por haber escuchado el Ipod equivocado. Seguir leyendo...