08 de agosto del 2020 °C
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Mujeres desesperadas

¿DESESPERADA YO? Acabo de cumplir 36 años y sé que para muchos ya pasé aquel “período de gracia” que existe entre los temidos 30 y los 35; años de “tardía juventud” en la que aún hubiera podido pescar a un divorciado, a un casado de esos que siempre andan “separados”, algún despistado chibolo de 30, o a algún madurito de corazón joven. Pero no. Contra todo pronóstico, dieron las doce y no me convertí en una momia de lo que un minuto antes fue una mujer, no salí calata corriendo del bar en busca de algún tipo que quisiera “hacerme el favorcito” de ser mi novio, ni tampoco me compré una mecedora, un gato o mi primer juego de palitos y lana para empezar a tejer chompas para mis sobrinitas. Nada de eso pasó. Al día siguiente solo tenía una resaca horrorosa. No tenía pegado un nuevo código de barras que algunas mentes suelen ponerte encima sin pedir permiso. Para ellas ahora soy el clásico modelo de soltera sin novio "géminis 36” a la que ya pueden llamar sin ninguna vergüenza: “mujer desesperada”. ¿Por qué creen que nos pueden chantar este repelente apelativo? Simple: porque las mujeres desesperadas existen y son ellas mismas las que siguen alimentado su propia leyenda. Yo no me declaro inocente. Seguir leyendo...

Un clavo no saca otro clavo

¿OLVIDAR EN COMPAÑÍA ES MÁS FÁCIL? Siempre he escuchado, y seguro ustedes también, la popular expresión: “un clavo saca a otro clavo”. Por lo general, esta frase sale de la boca de tus buenas amigas, de tu mejor amigo, de tu mamá o quizás hasta de tu abuelita justo cuando acabas de salir expectorada de una relación. En ese momento vemos de pronto la luz y, en menos de un minuto, nos secamos los lagrimones, nos limpiamos los mocos por octagésima vez y reemplazamos la tortuosa imagen del que nos dejó --cual trapeador de Cenicienta-- por un rápido recuento mental de quién podría ser ese clavito que nos salve del desamparo emocional. Yo lo he hecho, pero ¿sirve en realidad este supuesto oasis para rescatarnos de esta nueva y antipática soledad? ¿Le hacemos caso a esa tentadora vocecita interior o la mandamos por un tubo? Seguir leyendo...

La red de la mentira

LA PANTALLA TIENE DOS CARAS. ¿Quién no ha escuchado la típica historia de la parejita que conoció por Internet y vivió feliz el resto de sus vidas? Yo sí, varias. En un par de semanas voy a certificar una boda con mi firma y DNI, cuando sea testigo de mi amiga y su novio, al que conoció casi un año después de un ciego ciberamor. Ella era la más entusiasmada con mi relación virtual y piensa que soy la próxima novia en dar el primer paso sobre el altar de los amores creados en el ciberespacio. Bueno, al grano. Ya estoy de vuelta en Lima. ¿Nos conocimos él y yo? Claro que sí, pero no de la forma en que yo esperaba. Sorpresas da la vida, vaya que sí. Y todo por un simple e inocente clic. Seguir leyendo...