08 de agosto del 2020 °C
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Comer, besar, amar

EL FACTOR DELIVERY Hace unos días escribía en pijama en la mesa de comedor que utilizo de escritorio, cuando me sorprendieron unos golpecitos en la ventana. Vi una sombra. Me asomé por entre las rejas. Era el Chico Tímido. Sin saber qué pensar y menos qué sentir, me levanté de la mesa y le abrí la puerta. Me extendió la mano y me dio una caja blanca que estaba caliente. Lo miré a los ojos. Seguir leyendo...

Después que nos besamos

¿SENSATEZ O EMOCIONES? Me abroché mirando al suelo esos botones malcriados que se habían salido de su sitio mientras el Chico Tímido y yo nos besamos. Cuando nos pusimos de pie, él cogió de la mesa el libro que yo había ofrecido regalarle. ¿No me lo vas a dedicar? –preguntó. Se lo quité de la mano y con un lápiz, en lugar de una dedicatoria, le anoté los nueve números de mi teléfono. Abrí la puerta y después de un largo beso, se fue. El jueves por la mañana me desperté con un mensaje de un número desconocido, el suyo, que decía: “Es la mejor dedicatoria que alguien me ha escrito. Que tengas un bonito día, Ali”. Le respondí deseándole lo mismo y la verdad, fue un día muy bonito hasta que llegó la noche. Seguir leyendo...

La cita perfecta

YA ERA HORA. El Chico Tímido iba a pasar por mi casa a las 9 p.m. para llevarme a cenar. Claro, no contaba con esas sorpresivas coordinaciones de trabajo que tuve que resolver a última hora mientras miraba el reloj. Creo que rompí todos los records de velocidad en la Vía Expresa y llegué a mi casa a las 8:47 p.m. Tuve 13 minutos exactos para vestirme y arreglarme para la tan esperada cita. Cuándo no, la Ley de Murphy comenzó a jugar en mi contra. Lo único bueno del apuro es que no me dio tiempo ni de ponerme nerviosa. Arranqué con los dientes la etiqueta de un vestido nuevo, mientras me ponía las medias y tiraba las cajas de zapatos al suelo, buscando los que ya había elegido en mi mente. Corría al baño a tapar los rezagos del agotamiento de los últimos días con maquillaje, cuando unos golpes en la puerta me sobresaltaron. El Chico Tímido fue muy puntual. Cuando le abrí la puerta, pensé que no era el mismo que mi memoria recordaba. Seguir leyendo...

Decálogo antidesastres

QUÉ NO HACER EN UNA PRIMERA CITA. Por razones de fuerza mayor, más conocidas como trabajo, he tenido que cancelar mi cita de hoy y reprogramarla para la semana que viene. Aunque un poco desilusionado, el Chico Tímido estuvo de acuerdo; en definitiva era mejor vernos a solas que en una fiesta llena de gente a la que tengo que ir por razones laborales. Justo cuando colgué el celular con unas ganas de entregarle mi carta de renuncia a mi jefe, el aparato volvió a sonar. Era mi hermana, quien al enterarse del cambio de planes dijo: felizmente. Yo me pregunté y luego le pregunté a ella: ¿por qué?. Su respuesta me hizo reír: para que no la cagues, pues. Creo que no le falta razón. Seguir leyendo...

No fue casualidad

CUANDO MENOS LO ESPERABA, APARECISTE. Nunca le contesté el correo electrónico al Chico Tímido, pero no tardé en volverlo a ver. La semana pasada me habían invitado a comentar una película. Cuando terminé de hablar, comenzó el diálogo con el público. De pronto, un chico de camiseta roja a rayas levantó la mano para hacerme una pregunta. Sí, era él. Lo observé mientras hablaba mirándome a los ojos. Seguir leyendo...