AL FIN SE ROMPIÓ LA MALDICIÓN
Siempre pensé que tenía una especie de maldición con la celebración del Año Nuevo. Por más que fuerce mi memoria, no recuerdo uno solo que haya sido memorable. Con o sin novio, todas fueron noches que pueden ser superadas muy fácilmente por una borrachera cualquiera. Bueno, las cosas cambiaron y ahora sí tengo la suerte de decir que la noche camino hacia el 2009 fue el mejor Año Nuevo de mi vida.
Como les conté, vinieron mis mejores amigos de la época en que viví en Barcelona de diferentes partes del mundo. Después de un par de días de muchas risas en Lima, nos fuimos para Cusco. No me importaron las 10 veces que he ido a Cusco, ni sus respectivos paseos a Machu Picchu, al Valle Sagrado y demás ruinas, ni los tres años nuevos que pasé por allá. Estábamos juntos, punto. Además, Cusco me fascina.

Y la verdad es que la noche que comenzó el 31 no todo salió “como lo habíamos planeado”, todo lo contrario, pero ahí estuvo la gracia, estuvimos juntos. Eso fue lo importante. Después de pasar toda la tarde perdidos en las subidas y bajadas de San Blas decidimos tomar una siesta pre-fiesta. Todos estábamos de acuerdo que había que aprovechar los 60 dólares que habíamos pagado por tres horas de bar libre (que realmente nunca fue tan libre, yo con las justas agarré dos vodka tonics), y música para bailar hasta la madrugada. No sé por qué se nos ocurrió esperar el Año Nuevo en nuestras mejores fachas y pintas, según nosotros, porque como recibiéramos el año pasaríamos el resto del 2009.

Así que después de varias secadoras, planchas, rizadores, laca, gel, maquillaje y unos lindos vestidos con sus respectivos jeans y zapatillas Converse debajo (porque uno puede estar en strapless, pero no en tacos en las resbalosas calles de Cusco en el diluvio que nos tocó esa noche, y nadie tenía planeado romperse una pierna), estábamos listas para dejar el 2008 atrás, y con mucho entusiasmo, porque la verdad, a pesar de los buenos momentos, fue un año del que algunos queríamos librarnos lo más rápido posible. Nos acurrucamos debajo de uno de los portales de la plaza porque nos importó dos pepinos pasar las doce dentro de una discoteca. Optamos por la algarabía de la cuidad, a pesar del frío y la lluvia, y con unas cusqueñas “al tiempo” nos abrazamos como locos a las doce, nos dijimos cuánto nos queríamos, tratando de esquivar los cuetecillos que pasaban rozándonos. Inmediatamente después nos fuimos a correr la vuelta, sin paraguas, ni impermeables, agarrados del brazo para no perdernos, metiendo los pies en charcos, matándonos de risa.

Casi sin aliento, por la altura y la corridita entre gritos, carcajadas y fuegos artificiales, decidimos que ya era hora de irnos para Fallen Angel. Nada irónico el nombre de la discoteca. Apenas pusimos un pie en la puerta nos dimos cuenta que estábamos literalmente en un divertido infierno donde todos estaban vestidos de rojo (no tengo ni un solo vestido de ese color, así que yo solo lo llevaba en el pintalabios) con alitas rojas también, cachitos y colitas de diablo. Era realmente un “todos contra todos”. Chicos contra chicas, chicas contra chicos, chicos contra chicos y chicas contra chicas. Se olía entre el sudor, el licor, la música y los drag queens, que esa era una noche para tener no “sexo, drogas y rock n´roll”, sino, “agarre, sexo y música electrónica”.

Yo pensé que estar empapada y casi sin maquillaje me iba a hacer sentir la mujer fea del circo, pero no. Eso comprueba mi teoría de que lo sexy no solo es un disfraz que uno se pone para querer parecer atractiva, sino que también puede serlo una sonrisa de verdad en una cara lavada (aunque con la boca roja a lo Marilyn) de felicidad de verdad, y yo, la verdad, estaba feliz. Además, me había olvidado que tiene mucho morbo el estar toda mojada, porque apenas miré a mí alrededor pensé: esto es el paraíso. Parecía que habían rociado pusanga quitacalzón/cillo. Era como estar metida en la casita de Hansel & Gretel de la testosterona y estar en dieta de hombres por diabetes aguda. Y lo mejor, era que parecía que podía escogerlos con solo estirar el dedo porque se veían más que dispuestos.

No voy a decir que no estuve tentada por la cantidad de miraditas y chicos guapos que había por todas partes con pinta de estar listos para todo, pero una especie de flojera me invadió. No tenía ganas de los “previos”, mejor dicho, del clásico de nuestros tiempos: hola, cómo te llamas, de dónde eres, vamos a bailar y ven para acá. No. Nada de paraísos artificiales. Me quedé con mis amigos, bueno, los que quedaron, otros sí se fueron a jugar por ahí. Pero nosotros, los de siempre, los de antes, nos quedamos; bailando, riendo, sacándonos fotos, recordando viejos chistes, abrazándonos, diciéndonos cuánto nos extrañamos. Buena elección. ¿Para qué pasar una(s) horas(s) con un pata que no va a recordar tu nombre al día siguiente y viceversa? Ya después de unas horas, tuve medio minuto de arrepentimiento. A mi estúpido lado sentimental se le ocurrió salir, recordarme el pasado y decirme hoy nadie te va a besar, hoy nadie te ama. Pero le saqué la vuelta. Le dije a mi mejor amigo que de pronto se me apagó el chip de la alegría, entonces me dio un beso rico en la boca y me dijo: “ya está”, nos abrazamos y después nos dio ataque de risa.

Al poco rato, tres del grupo abandonamos el barco de la perdición y nos fuimos abrazadas hasta el hotel, cantando canciones de Sabina con unos cambios de letra increíbles, efecto del alcohol. Ya casi a rastras llegamos a la habitación y al ver mi celular tirado en la cama, me encontré con que algunos de los hits de Busco Novio 2008 habían dejado mensajes de “feliz año”. Por la forma en que estaban escritos, casi ininteligibles, me imaginé que habíamos estado en el mismo estado de euforia; igual es lindo que alguien te recuerde en una fecha especial. Yo mandé tres mensajes (al día siguiente, claro). Uno, al chico de los besos. Otro, al chico que me gusta. El tercero, al chico de la cometa violeta.

Al pensar en los rituales de Año Nuevo (y a pesar de haberme puesto un violador calzón de encaje amarillo –por eso amo mis anti-sexy boxers–), me di cuenta de que no habían hecho su presencia las benditas doce uvas que casi todos los años me he tenido que atragantar; pensé hacer una lista de mis buenos propósitos, pero la verdad se resumen en uno solo: este año voy a tratar de hacer solo cosas que me hagan bien. Creo que todos lo merecemos. Igual, así piense que cuando me vuelva a equivocar, a tropezarme con malas personas, a caer en malas relaciones, a ser dura, a ser frágil, a dejarme llevar por mis impulsos, el estrés, la rabia, mi desorden, mi apasionado temperamento, mi terquedad y la rutina diaria, voy a tratar de no mandar todo al diablo y recordar eso que me dejó este año nuevo: por más que ya no sea la chica de hace diez años en Barcelona, me he mirado en los mismos espejos en los que me veía en esa época y al igual que todos ellos, mis amigos, he crecido y he cambiado, pero no tanto para no olvidar quién soy. Los quiero mucho, ustedes saben quiénes son.

Sin novio, sin amor a la vista, pero con la certeza de seguir adelante en mis propios términos. Hoy creo más en los ángeles que nos quieren y nos cuidan, que en algún ángel caído. Esa es la única forma de buscar novio. Siendo uno mismo, ni más, ni menos.

Así que, ¿arrancamos con fuerza el 2009?, ¿quién se apunta?

CANCION PARA NO OLVIDAR QUIENES SOMOS


Acá mis motivos favoritos “para no cortarse las venas”, según Sabina:

Tenemos memoria, tenemos amigos; tenemos los trenes, la risa, los bares; tenemos silencio, tabaco, razones. Tenemos el mar de la melancolía, amores que matan, orgullo, presente, locura, deseo, los pies en el barrio, el grito en el cielo. Tenemos proyectos que no se marchitaron, crímenes perfectos que no cometimos y alma que no nunca vendimos. Tenemos heridas, tenemos medallas, laureles de gloria, coronas de espinas.

Más de cien palabras, más de cien motivos, para no cortarse de un tajo las venas, más de cien pupilas dónde vernos vivos. Más de cien mentiras que valen la pena.


P.D. Y tenemos lo más importante: “Ramblas en la luna”, la nuestra, queridos amigos, para verla de noche, cuando estemos lejos.

PONGAN PLAY. ES “LA FUERZA” DEL FACTODELAFÉ Y LAS FLORES AZULES, DE HECHO MUY RECOMENDABLE PARA COMENZAR EL AÑO, ASÍ COMO LO DICE EL TATUAJE QUE TENGO EN LA ESPALDA, UNA LETRA CHINA QUE SIGNIFICA: FUERZA. ESTE AÑO NO LA VOY A OLVIDAR.