CUANDO DE PROMESAS SE TRATA ¿SOMOS DE OÍDO FÁCIL?
Dicen que los hombres son seres visuales, mientras que nosotras somos auditivas. Lo que yo creo es que algunas (temporalmente o por siempre jamás, depende del caso) tenemos un dispositivo instalado en los oídos para creer lo que no es una promesa ni un juramento, sino simples y llanas palabras de dudosa veracidad. Y ojo, el poder que ejerce este alocado sistema auditivo se multiplica cuando se trata de palabras como amor, lealtad, fidelidad, futuro y eternidad. ¿Verdadero o falso?

¿Solo creemos lo que queremos escuchar? y, en más de un caso, ¿nos hemos vuelto adictas a las mentiras? Veamos.Hace poco vi una obra de teatro. La trama iba así: un matrimonio y su hijo están a punto de mudarse a otro país. Están empacando las últimas cajas cuando de pronto, tras unos golpes sorpresivos en la puerta, aparece en el umbral una novia que el hombre tuvo 24 años atrás. Él no la reconoce (digamos que de los 17 a los 41 las personas no permanecen intactas como momias embalsamadas). Ella ha venido a exigir el cumplimiento de la promesa que él le hizo el verano en el que se enamoraron: amarla y quedarse a su lado para siempre.

Ustedes pensarán ¿qué tuerca le falta a esta mujer para aparecer veintitantos años después y obligar a un hombre casado a dejarlo todo para irse con ella tan solo por el valor de un juramento de juventud? Pero si vemos el asunto desde otro ángulo, a la loca no le falta cierta razón. ¿Qué pasa si en verdad le creyó?, ¿qué pasa si en realidad pasó buena parte de su vida como una Penélope esperando que Ulises se aparezca por ahí?, ¿no creen que un día se cansó y pensó “si Mahoma no va a la montaña”, lo googleó, lo encontró y fue a reclamar lo prometido?

Y si lo pensamos en un nivel macro, ¿qué pasaría si en este momento salimos todos en busca de los bocones que nos juraron amor eterno en vano o nos hicieron tragar floros baratos?, ¿se armaría una guerra de los mil demonios?, ¿se establecería un nuevo proyecto de ley que ampare los millones de casos promesas rotas en el país?, ¿qué pasaría con los divorcios?, ¿los demandandos recibirían sanciones para quemarse como pollo en las brasas del infierno por no llegar a amarse en las buenas y en las malas hasta que la muerte los separe? La justicia sería otra, en definitiva.

Hagamos una pausa antes de generalizar. A ver, un ejemplo personal. Tomemos en cuenta el factor de la emoción pasajera que hace que las más inverosímiles expresiones salgan de nuestras bocas en momentos de pasión literalmente a quemarropa o en algún episodio de impulsiva desesperación.

Hace unos años me estaba enamorando como una desquiciada del que fue mi novio a la distancia por tres años, justo un mes antes de irme a estudiar fuera. Él me dijo en su despedida: “Te amo, voy a ir a buscarte, desde ahora soy solo tuyo”. Esas palabras no las grabé, sino las esculpí con cincel y martillo en mi mente. No volaba en avión a España, flotaba en nubecitas de algodón para comenzar a esperar al (qué vergüenza escribirlo) “hombre de mi vida”. Pueden reírse, yo lo hago también. Ahora.

Desglosemos la frasecita de despedida de este señor y comparemos con la realidad.

- Te amo. En la realidad su significado fue: cierto, me quería, no me queda duda, pero de hecho me amaba a sus 27 años como Kevin Arnold quería a Winnie Cooper. Con toda la inmadurez del mundo, y ese tipo de amor jamás iba a ser suficiente. En efecto, no fue suficiente porque no sabía cómo querer a alguien. Pero yo seguía creyendo. Ojalá a sus 38 haya aprendido.

- Voy a ir a buscarte. En la realidad su significado fue cierto, tres meses después fue a buscarme. Pero ¿buscarme para qué? Quizás para embarcarse en una aventura más, hacer un viajecito más por Europa, porque a hacerme feliz no fue. Esa y las tres veces más que volvió me hizo la vida a cuadritos. Aún así seguí creyendo.

- Desde ahora soy solo tuyo. En la realidad su significado fue más falso que risa de payaso (hasta puedo escuchar a lo lejos una estrofita cachosa de José José entonando: “…en verdad soy un payaso”). Fue mío, claro, y de todas con las que me sacó la vuelta, antes, durante y después de su viaje a mi vida. Siempre recuerdo una noche en la que lo llamé desde un teléfono público y un poco más y su máquina contestadora me dice: “su novio no está en Lima en este momento, está en el Noa Noa de Iquitos tratando de sacarle la vuelta a usted (la firme) y a Marcelita (la trampa, que también fue al viaje) con cuanta chica estuviera dispuesta”. Deberían inventar contestadoras así. Me hubieran ahorrado tres años de seguir creyendo, y cayendo.

No creo ser la única. Quién no ha escuchado a algún amigo o amiga lamentarse entre litros de alcohol o helado, entre mocos y lágrimas decir: “él me dijo…”, “él juró por el alma de su abuelita que…”, “ella me prometió que….”, “no te creo, ella me ha jurado que no…”. Pues si no todos, muchos de nosotros nos hemos encontrado en tales escenas y sus versiones tecnológicas son para cagarse de risa: (con voz de tragedia griega versión alterada): “mira el mensaje que me mandó”, “toma mi Blackberry y lee todos los witts que me puso Fulanito ese mismo día”, “lee este mail”, “su estado de Facebook dice que está en una relación conmigo”, “lee el post que me escribió cuando nos conocimos”. Pues lamentablemente para los creyentes de las palabras, todas pueden ser reducidas a una vil mentira.

Sin embargo, no hay que olvidar tres variables importantes. Emisor-mensaje-receptor (no sé por qué recordé mis clases de semiótica).

Este es un asunto de dos. El asunto no es solo una debilidad de muchas mujeres que creen lo que su chico, novio, o esposo dicen, o que no tienen la valentía para aceptar lo que no quieren escuchar. Del otro lado están estos hombres inmaduros, invencibles en el terreno de meter floro a diestra y siniestra, sin ser necesariamente inteligentes pero sí vivos como culebras y que, en palabras de mi abuela: “podrían vender hielo en el polo norte”, pero no a cualquiera sino a su presa favorita: mujeres de muy baja autoestima desesperadas por creer lo que sea.

Un par de palabras bien dichas, una frase que te toca la llaga, que te lame la autoestima caída, unas caricias auditivas y plaf! caemos como moscas, a los pies del hablador. Y no olvidemos al hablador y al escribidor. Cuando la mezcla es doble es explosiva, por no decir mortal. Es increíble cómo nuestros oídos nos pueden dejar ciegas. Nos dejamos convencer por palabras, por promesas que además de sonar de lo más ridículas, son mentiras. Mentiras que suenan bien pero que terminan siendo simples y aburridas falsedades. Algunos ejemplos usuales para complementar:

- Voy a cambiar (“Sí, Juan”, como diría mi mamá).
- Eres la mujer de mi vida (Después de mi mami, de mi ex y de mi perrita Pochita)
- Nadie te amará como yo (felizmente)
- Nada podrá separarnos (Eso dijeron del Titanic)
- Siempre estaré ahí para ti (ver para creer)
- Tú me completas (extraído de la película “Jerry Maguire”, cuando Tom “media naranja” Cruise quería de vuelta a la esposa con la que se había casado sin amor)
- Esta vez va a ser diferente (¿Cómo?)
- Tú siempre serás la primera (¿y qué hacemos con la segunda y la tercera?, ¿ nos mudamos a un harén a lo Badani? )
- Te amo para siempre (A ver ¿me pasas tu definición de siempre?)
- Nunca me dejes ( ¿Apostamos?)
- Tú eres la única (Quiero que me lo demuestres, no que me lo digas)
- Necesito tiempo (Lo que quieres es dejarme en cámara lenta, cobarde)
- Necesito tiempo para pensar (¿Mentir te dejó exhausto?)
- No te merezco (Eso es obvio)
- Te prometo que alguien te dará lo que te mereces (Este se cree la reencarnación de Nostradamus).

Y si tu querido tormento o deseada tormenta tiene novio/a, esposo/a, otro/a, la cosa se pone peor y más graciosa, siempre y cuando no seas tú el/la novio/a, esposo/a, otro/a.

- Me casé porque ella estaba embarazada (Ja)
- Me casé porque ella me dijo que estaba embarazada (Ja, ja)
- Ella y yo no tenemos sexo (Ja, ja, ja)
- Con ella no tengo lo mismo que tengo contigo (Ésta es para las más sordas)
- A ti te amo, ella es solo mi esposa (Solo eso, nada más, felizmente)
- Si la dejo, se muere (Sí, seguro le va a dar un infarto si la deja tremendo idiota).
- Dormimos en cuartos separados (Esta es la del más conchudo)
- A ella la quiero, a ti te amo, te deseo, te necesito (Bien fácil, ¿entonces por qué no estás conmigo y sigues con ella?)
-…en las buenas y en las malas… (¿Dónde he escuchado esto?)

¿Por qué escuchamos fuerte y claro lo que es obviamente una mentira y somos víctimas de una comodona sordera cuando se trata de cosas que no “conviene oír”?

Yo me he vuelto un poco política en este sentido porque vaya que he tenido mi cuota de “calentadores de oreja”, como los llama papá Corleone, así que desde ahora quiero hechos y no palabras. Las palabras son bonitas, no lo dudo, pero a fin de cuentas son expresiones que para un mentiroso no valen nada y para una chica que no se quiere valen su peso en oro por cada letra que acierta en el blanco.

Pensando en esto, le digo a esa persona que me acaba de decir que me quiere y al que aún no le puedo decir “yo también” que yo le prometo esto, que para mí –humildemente– ya es mucho: prometo ser honesta, así te duela a ti, me duela a mí o nos duela a ambos; prometo no prometer nada que no esté segura de poder cumplir; prometo avanzar a mi ritmo y no atolondrarme como suelo hacer; prometo darte lo que pueda, lo que tenga; prometo que no van a existir varias versiones de mí misma, cuando me veas siempre voy a ser yo y si no te gusta lo que ves y quieres dejarme, me lo puedes decir y sí me voy a molestar (pero no te lo voy a recriminar de manera desproporcionada); prometo intentar creer; prometo dejar que te acerques y prometo avisarte cuando te acerques demasiado para que te alejes un poquito; por último, prometo separarte de mi pasado y comenzar de nuevo, como si fuera la primera vez.

Si no cumplo algo de lo antes dicho, puedes acusarme con el tribunal lector, CT.

CANCIÓN PARA CUMPLIR SIN PROMETER.


NUNCA LLORO IGUAL.mp3 – JULIETA RADA

El último beso. Una de las películas de las que más furiosa he salido del cine y no solo por mala, sino porque para conseguir el perdón de su novia embarazada, el protagonista le dice que su sacada de vuelta “solo fue un beso”. Ja. Si fuera la vida real, yo no le daba mucho tiempo a ese matrimonio.

El videoclip de la semana. Calentita del último CD de Yo la tengo, “Popular songs”: “nothing to Hide (Nada que esconder). Viene con dedicatoria para alguien en especial:
No tengo nada que esconderte y eso es lo mejor que te puedo dar.