Esta no es una historia nueva. De estas, hay versiones del mismo cuento en cada paradero de combi alrededor del mundo. La pregunta es: ¿por qué a pesar de existir señales obvias nos hacemos los locos en vez de aceptar de una vez por todas que nos están sacando la vuelta? Con cariño, para todos los que son o han sido presas del bicho de la desconfianza. Como ex miembro honoraria del Club, desde ahí les mando las batíseñales. Prevenidos están.

¿Quien no se ha cruzado con un pendejo que apuesta al doble juego en la ruletita del amor. Yo sí y una posterior recaída (o mejor dicho, caída) en la misma situación me hizo preguntarme: ¿somos fáciles de engañar?, ¿nos gusta que nos engañen? o simplemente, no queremos ver, oír o darnos por enteradas de lo obvio: él esta con otra. ¿Cómo estar seguras? Bueno, aquí van señales que vienen de experiencias propias y ajenas (pero cercanas) 100% aseguradas. A más señales, más posibilidades de que seas la cornuda del año.

¿Cuántas veces hemos contado con los dedos los días que faltan para ver a nuestro amorcito? Acaso no hemos hecho planes perfectos, revisando cuanto evento divertido hay o llamando a los amigos para pasarla increíble porque no tenemos que ir a trabajar o estudiar al día siguiente. Yo me he encontrado literalmente con los ruleros puestos, con ese vestidito negro que lo vuelve loco, pintándome las pestañas de negro, cuando de pronto recibo una llamada. No es solo él. Son él y una excusa bajo la manga. Esto es simplemente increíble. Ahora me río, pero antes debí haber contratado un investigador privado para saber qué era de la vida de mi principito de jueves a sábado. La clásica:

-EL: Hola mi amor (voz quejumbrosa, amodorrada, extraña).
-ELLA: ¡Mi amor! ¿Qué te pasa?
-EL: No sé preciosa, creo que me ha caído mal el almuerzo.
-EL: No sé preciosa, no sé por qué me muero de sueño.
-EL: No sé preciosa, creo que el trabajo me ha dejado matado (bostezo-finta incluido).
-EL: No sé preciosa, creo que me ha dado el virus ese.
-EL: No sé preciosa, creo que tengo fiebre AN no sé qué.
-ELLA: (silencio)
-EL: Creo que hoy no la hago mi amor.
-ELLA: Pero… (En voz de hormiguita)
-EL: Ay mi amor, entiende, me siento mal, puta madre, ¿yo qué culpa tengo?
-ELLA: No te he dicho nada.
-EL: No te molestes pues, mi amor.
-ELLA: Ya, no te preocupes.
-EL: Qué linda, mi princesa.
-ELLA: ¿Te llamo más tarde?
-EL: Yo te llamo, reina, no vaya a ser que me quede dormido.
-ELLA: Cuídate, amorcito.
-EL: Un beso.
-ELLA: Te amo.
-EL: Yo también, chau.

Lo predecible: que lo llames “más tardecito para saber cómo está” y no esté. Lo impredecible: Si no está en su casa ¿dónde está? Y después algunos nos dicen neuróticas por llamar 15 veces al celular, cuando después de una conversación-plantada-desplante una se quiere tirar por la ventana más próxima porque en el fondo, muy en el fondo, sabe que se está comportando como una auténtica cojuda. A veces deberían ponerse en nuestro pellejo con cachos para saber cómo se siente, si es que no se las han hecho a ustedes.

Si esta conducta de excusa-disculpa casi siempre por vía telefónica, o un cambio repentino de planes se vuelve reiterativo solo los fines de semana, ojo, los viernes y sábados, empiecen a pensar si realmente son la enamorada, la novia, la firme, como quieran llamarle, o si en lugar de eso son: LA OTRA. A veces una no sabe de qué parte del tablero está. Pero si estás a esa altura de las dudas, estás a tiempo de patearlo y como dice Rafaella Carra: “búscate uno mas bueno, vuélvete a enamorar”.

Nadie ha inventado la pólvora en la época de la telefonía móvil. Ahora que todo mundo anda con dos celulares o un smartphone (yo tengo uno nuevo y debo admitir que estoy en una relación de amor con él), es fácil llegar a la persona que llamas. Pero qué pasa cuando en vez de escuchar la voz que buscas encuentras el tonito de una señora robotizada que te dice: CONTESTA EL BUZÓN DE VOZ DEL FULANO QUE NO TE QUIERE CONTESTAR LA LLAMADA. Las razones, miles. La única conclusión: no quiere hablar contigo en ese momento. Así te hagas la mejor amiga de la señora esa, él no te va a contestar si no quiere.

Esas sorpresivas apagadas de celular son siempre seguidas de una llamada llena de renovado “cariño” y una excusa sacada de la edición del siglo pasado de “MENTIR para dummies”. Algunos tiros al blanco:

EL: Mi amor, no sabes lo que me pasó.
ELLA: …
EL: Choqué mi carro… ¿qué? … felizmente ni se nota.
EL: Choqué el carro de mi papá… ¿qué? …no, felizmente ni se nota.
EL: Chocaron el taxi en el que estaba yendo para tu casa…no, no se puede hablar por celular desde la comisaría ¿acaso no sabes eso?
EL: Mi hermana me llamó histérica porque le robaron… ¿qué?..no, felizmente estaba vacía.
EL: A mi papá lo ingresaron a emergencias… ¿qué?…no, no era nada grave. Felizmente.
EL: Se me quedó sin batería.
EL: Me quedé conversando con Javier.

Creo que ustedes han escuchado alguna de estas, aunque espero que no. Y para todas aquellas mujeres del mundo que no llaman, que adoptan una actitud pasiva, más relax, que controlan nervios y hormonas, esperan a que las llamen. Bueno, solo les puedo decir que no ha habido un solo caso en el mundo en el que un teléfono celular haya empezado a timbrar con solo mirarlo por más de dos horas. No le echen la culpa al pobre aparato, él está para servir, no para ser el objeto de odio ni de celos fundados de alguna novia cachuda. Como decía la madre de una amiga: “el hombre que quiere llamar, así le corten las manos”. Así que levante la mano la que quiere esperar o volver loca a sus amigas sacando y guardando el celular de la cartera 300 veces por hora. Ustedes eligen.

La tecnología también trajo las redes sociales y con ellas un nueva manera de comunicarse y de convertirse en miembro de la GESTAPO. Lo bueno: el coqueteo cibernético. Lo malo: la pendejada cibernética. Esa cara de susto de “El grito” de Munch cuando vemos que él, al que queremos presentarle hasta a un desconocido y gritar cuánto lo quieres en nombre del amor, se desetiquetó de las fotos que acabábamos de subir al Facebook. De pronto entra la duda. Se nos va el color. En la oficina la vecina de escritorio pregunta qué nos pasa. Lo que pasa es que la des-taggeada es como una cachetada al orgullo, es como que alguien con quien andamos de la mano, nos suelte de pronto cuando se encuentra con alguien a quien no hemos visto ni en pintura. Otra pista. Borra tus comentarios de sus fotos, enlaces o estados. Ya lo sé. Es algo paranoico el asunto, pero la realidad virtual-emocional es así. (Por eso no tengo una cuenta de Twitter aún. Me basta con seguir descifrando mi nuevo teléfono con Internet — tengo para rato–). Si te borra es porque quiere desaparecer de su existencia cibernética. No dudes de que algo esta pasando por ahí. Funciona también para chequear de pasadita quién es la pesada que para poniendo como maniática que le “gusta” todo de él. Ahí, yo que ustedes sacaría el pliego de quejas.

Lo mismo pasa con el adictivo y necesario chat. Vemos “conectado” a Romeo por horas. Por horas lo observas. ¿Qué estará haciendo nuestro amado? Debe estar chateando con sus patas, pensamos. Cuando por fin tomas el toro por las astas y escribes:

ELLA: Hola, mi amor.
ELLA: ¿Estás ahí?
ELLA: ….
ELLA: … …
ELLA: ¿Mi amor?
EL: No ha recibido tu chat. Estado: NO CONECTADO.
ELLA: (mira la pantalla)

Cuando lo vuelves a ver le preguntas de la manera más fresca –como una lechuga recién cortada–, de lo más casual y cuidando de que no se escape nuestro tonito de dame-una-explicación-en-este-segundo:

- Ayer te vi conectado, ¿por qué no me contestabas?
- Ay mi amor, si yo nunca me conecto al MSN. Eso es para gente vaga. No tengo tiempo para esas cosas.

O la otra clásica:

- Estaba chateando con mi primo fulanito que vive en Helsinki con el que jamás me encuentro.

Sí, Juan. ¡Señal de alerta! A las que se quieran hacer las ciegas o sordas hay una canción de Shakira que les vendría muy bien. Por más que tratemos de creer y confiar hay ciertos individuos que la hacen difícil. Pero como somos chicas no-neuróticas, no-conflictivas y porque él no necesita más estrés que el que le da el trabajo, su próximo viaje a Nueva York a ver a sus primos o la final de la Champions, nos quedamos calladitas.

Y de pronto llega esa fecha marcada en el calendario con rojo y que Google tiene la deferencia de avisar cambiando su logo: Día de los enamorados, Navidad, Año Nuevo, Año Nuevo Chino, Semana Santa o Fiestas Patrias, entre otras. Cuando tú estás con tu mente llena de planes de pronto recibes un coche bomba emocional: la conocida autopelea. Sí, el se inventa una pelea, o le entran justo en ese momento todas las dudas del mundo (“no sé si te quiero”, “necesito tiempo para pensarlo”, “estoy confundido”, entre otras trillados bla-bla-bla). Entonces, tú pisas el palito y cataplán, arranca la bronca que termina en: tú te quedas en tu casa con los rulos y los planes hechos, mientras que él se va a “pensar” con sabe Dios quién a sabe dios dónde.

También viene la popular: “Estoy misio, por eso no puedo salir contigo” que en otras palabras significa: “¿nos quedamos en tu casa?”, lo que en realidad quiere decir: “así nadie nos ve juntos”.Que viene de la mano con la siguiente situación. Justo en esos días algún buen amigo te cuenta que se encontró al pendex de tu novio de la mano de una mujer que no eras tú en algún bar, discoteca, playa o calle. Contextualizando:

TU AMIGA: Hola Pendex.
EL: Ho…ho… laaa amiga de mi “otra enamorada”.
TU AMIGA: ¿Y Fulanita (o sea, tú)?
EL: Este…
TU AMIGA (mirando de arriba abajo a la otra): chau, saludos a Fulanita!

No se olviden de la cambiada de nombre: de pronto alguna vez pasé de llamarme Alicia a ser Vania, mi amiga Anita pasó de ser ella a ser Claudia y seguro hay más casos por ahí. No pues. Esto sí es una falta grave al manual de los buenos modales de la pendejada. Acá se equivocan los mujeriegos amateurs.

Y para terminar la prueba máxima. El sexo se altera. O de pronto tienes más, tienes menos o no tienes nada. De pronto la rutina cambia, hay nuevos platos en el menú o eres dejada de lado y te empiezas a preguntar por qué, y cuando le preguntas viene oro cohetecillo de mentiras: el trabajo, el gimnasio, está desganado, anda deprimido o simplemente quiere prefiere ver televisión que verte calata.

Esto no es un intento de destrozar la confianza entre las parejas. Yo he sido fiel y me han sido fieles. La lealtad existe y la sensación que te dejan la estabilidad y la confianza en el otro es la calma. Igual que la pendejada, si eres un poco perspicaz, te deja en pleno ataque de nervios. Yo paso. Ya fui la reina de los cuernos y ambas experiencias me dejaron la cabeza adolorida (imagínense la cantidad de cachos) y el corazón un poco dañado.

Ahora que todo se renueva. Ahora que la risa me acompaña todos los días puedo mirar atrás y burlarme de mis errores, pero eso sí, con la conciencia de no volver a cometerlos. Para fuera telarañas. Mis zapatos nuevos le quedan bien a mi sonrisa, también nueva.

(Con cariño para mi nueva amiga Anita)

Tres videos de los 90. Acá otra Alicia se venga.

Un pendejo es ampayado con Felicity.

Una canción para seguir aprendiendo.