Todos somos distintos. Tenemos cualidades maravillosas que pueden volver loco de amor a cualquiera, así como también horrorosos hábitos, actitudes y defectos adquiridos o de fábrica que, por lo menos yo, he decidido no volver a soportar. Mujer aplicada, he hecho mi lista de quién no va ni irá a ninguna parte conmigo.

1. En este blog se ha hablado mucho sobre la edad, especialmente sobre la mía (36), así que pongamos límites. Creo que un par de experiencias de amanecer mojada por acostarme con bebes grandotes son suficiente excusa; sin embargo, sigo pensando que la edad asegura la madurez. Así que, dadas las circunstancias, he puesto límites de fecha de nacimiento en la búsqueda de novio. Como todos mis novios fueron contemporáneos (esos con los que tuve relaciones de verdad, hago la salvedad) en lo que a edad respecta, vamos a redondear. Pondré un rango de cinco años para arriba y para abajo. Es decir, todos los que no estén entre los 31.5 años y los 41.5 años, por favor, abstenerse.

2. No tengo nada contra la naturaleza velluda del ser humano, pero como para todo, hay límites. Así como existen hombres que te miran espantados si por ahí se asuma una pelo de la mona Chita, las mujeres sentimos cierta incomodidad (y a veces una terrible vergüenza de parecer la doble de la mujer barbuda del circo) al exponer a la vista del otro nuestras zonas íntimas y otras no tanto, como las axilas; y hasta pedimos disculpas por haber olvidado nuestra última sesión con esa mujer (la única que no es nuestra ginecóloga, y solo en caso de ser heterosexuales) que nos dice: “abre las piernas” para dejarte por largos minutos sin sensibilidad en la vagina luego de un par de arrancadas de cera sobre la piel. De esa misma manera, hay algo que a mí me parece poco atractivo: el pelo en la espalda. Una vez bailé en una fiesta con un chico y pude sentir una especie de colchón peludo entre su camiseta y su piel. Parecía un peluche con ropa. Perdónenme los que nacieron así, esto no va contra ustedes, seguro a muchas chicas les gustan esos lugares de dónde colgarse en el momento del placer. A mí no. Paso. Guácala. El hombre lobo no se hizo para mí. Son diferencias irreconciliables. Qué le vamos a hacer.

3. No quiero tener ninguna relación con alguien que también tenga un blog, aún más, si es personal. Sé que puede sonar conchudo, pero la verdad no la pasado bien con “bloggers” que utilizan sus espacios anónimos para vendettas personales y airear mi intimidad o la de mi familia o amigos (algo que cuido mucho) sin previa autorización. Me explico: yo firmo con mi nombre lo que escribo, eso es muy diferente a sentirse con la libertad que brindan los seudónimos para mandar dardos virtuales sin la menor consideración. Hace unos días un chico me invitó a salir y lo primero que le pregunté fue si tenía un blog. Cuando me dijo que no, suspiré aliviada, y me puse contenta cuando me dijo que apenas si los leía de vez en cuando. Por el momento (porque quién sabe) no se admiten bloggers.

4. Niñas, aléjense de los reyes del bla-bla-bla. Al menos eso es lo que yo voy a hacer. Con el “floro-radar” ya más desarrollado (no crean que fue fácil), será más fácil alejarse a la primera alarma que llegue cual batiseñal a mis oídos anti-floreros profesionales o semiprofesionales. Al parecer los hombres han aprendido en nuestra querida sociedad del silencio a ser los magnates del ‘flower power’ (más conocido como el poder de la palabra), total, ¿a quién no le gusta sentirse una diosa por dos o tres minutos? Hoy, digamos que la cosa es más pareja entre el hombre-y la mujer, sin embargo aún existen los miedos arcaicos de ser confundida con una chica “fácil” si una tira la primera piedra, mejor dicho, suelta la primera palabra.

5. La unilateralidad en el sexo. No puedo creer que a estas alturas todavía existan chicos que crean que el placer de la mujer es algo secundario. Una amiga me contaba esta mañana que ya iban tres veces seguidas que su novio tenía sexo consigo mismo, por decirlo de alguna manera. Ella, inocente, que pensaba que a la tercera venía la vencida, tendrá que esperar a la cuarta. Me ha dicho que si a la cuarta el pata no se ocupa de ella habiendo hablado del tema, será un punto a considerar para mantener o no esa relación. Creo que está en lo cierto. Así que los egoístas del sexo, por favor, pasen de largo también, a las chicas también nos gusta divertirnos y llegar al final del juego.

6. Los besos pueden ser de mil formas, me imagino, y depende de la química entre dos personas de acoplar bien labios, lenguas y demás para dar el beso perfecto. No existirán relaciones perfectas ni hombres ni mujeres perfectas, pero sí existen los besos perfectos. Yo tengo debilidad por esos. Yo creo que beso bien, no lo sé, no he hecho una encuesta con los chicos, renacuajos y sapos a los que he besado, pero me gusta creer que sí, porque si algo nos gusta mucho, como por ejemplo jugar ajedrez, practicamos y aprendemos. Lo mismo pasa con los besos, me imagino. Igual hay gente que cree que besando es una eminencia solo porque nadie le ha presentado su carta de quejas. Un chico que besa mal está fuera de mi lista. Perdón si me volví más exigente, pero es mi estado de ánimo estos días. Además los besos están rodeados de ciertos mitos que dan risa. Hay quienes dicen que alguien que baila y besa bien, es una bomba casi asegurada en la cama. Mentira y de las gordas. Sino pregúntenle a… no, claro que no voy a decir a quién.

7. Los Mr. Money tampoco me gustan. Estas personas que viven muy pendientes del dinero así sean misios o millonarios, son una especie muy común pero, para mí, muy difícil de comprender. Cómo el dinero te puede dar amor. Un conductor de televisión me dijo que una prueba de que el dinero era importante eran los futbolistas que salían y se casaban con mujeres mucho más guapas que ellos. Bueno, le contesté, entonces es como una transacción: yo te doy mi belleza superficial para que te sientas más y tú me mantienes y me compras todos los polos de lentejuelas que encuentres. Ya lo dije, yo soy feliz en el restaurante más caro o en una cantina, si estoy pasándola bien con un chico chévere. Así que si sobrevaloras a la plata tampoco me gustas. Lo siento.

8. Siempre he hablado de la honestidad. Yo no soy ninguna mentirosa. Santa tampoco, por ahí he meto una que otra mentirita, pero de ahí a ser una mentirosa de las grandes ligas, ya no. Lo he sido, sí. Cuando pensaba que para conseguir algo había que hablar o callar cosas que pensaba, o cuando trataba de manipular con palabras. Pero todo eso quedó en el pasado, felizmente. Creo que por eso valoro la honestidad, porque sé cuánto cuesta decir la verdad y cuánto cuesta aceptarla. Ahora considero la mentira como una traición. Así que si alguien quiere estar en el bando de los mentirosos, chau, simplemente no te quiero (¿y quién quiere a su lado a un dos caras? No creo que muchas).

9. A todos los hombres diagnosticados con algún tipo de enfermedad psiquiátrica también los quiero lejos de mí. Bipolares, tripolares, manipuladores compulsivos (MC), depresivos, psicóticos, etc., no van. Es muy popular decir: “estoy deprimida” cuando una se siente mal por algo, pero de ahí a andar con el “rey de los lamentos que transita por el túnel oscuro que es la vida”, por Dios, no gracias a esas anclas que te quieren hundir en la dimensión desconocida. Ya, podemos estar tristes por momentos y ser fuertes el uno para el otro, pero a mí me gusta reír, me gusta que me hagan reír. No quiero un payaso, no se confundan, sino a alguien que se esfuerce por hacerte notar que está bien a tu lado. A los otros, adiós.

10. Y el número diez se los dejo con todo cariño. Esta pequeña lista no se acaba ahí ni para mí ni para nadie. Qué vamos a hacer. Si somos exigentes con nosotros no nos conformemos con alguien que dice o hace cosas que nos revientan. ¿Por qué?, porque esa bomba nos va a reventar en la cara cuando conozcamos bien a quien tenemos al lado. Y lo peor de todo es que ya podríamos estar enamorados. Así que no olviden de llevar su radar consigo, uno no sabe lo que puede pasar un día común y corriente.

Para los que celebran San Valentín y tienen con quién celebrarlo, que pasen un lindo día, yo me voy a pasar el fin de semana con el amor de mi vida: mi familia. Les dejo un beso. Y el mejor numero diez tendrá premio (después pienso qué puede ser).

Una de mis escenas de amor favoritas. Para todos los que están enamorados, se sienten solos y para ti, Johnny.

Para los románticos vintage, una canción bien melcocha que le gusta a mi mamá (y a mí también).