¿El que no busca encuentra? Pues sí. Estoy saliendo con alguien hace un par de meses. Y estoy contenta. ¿Quieren saber cómo sucedió todo esto? En mí no hallarán respuesta. Mis labios están sellados y mis manos amarradas con gutapercha. Y les voy a decir por qué. ALTA FIDELIDAD (¿mucho pedir o lo que deberíamos esperar?)

Él (tiempo presente) no va a ser parte de Busco Novio mientras sea o deje de ser parte de mi vida. No les niego que mis dedos se mueren de ganas de escribir sobre él, sobre nosotros, sobre lo poquito o mucho que podría contar. Sin embargo, no lo voy a hacer. Voy a guardar esa historia para vivirla en privado, escribirla en mi diario personal y mis frecuentes escapadas a la ficción, pero no aquí. Como diría Sabina, me sobran los motivos.

Al releer después de un buen tiempo todo lo que escribí sobre la última “relación” que colgué en el blog, me emocioné como si fuera la historia de dos personas ajenas, de esas tan bonitas que no parecen reales. Sin embargo, yo lo había escrito sobre algo que estaba pasando en mí vida. Y aunque me reconocí honesta en mis palabras, estaban magnificadas por la emoción del momento. Claro, sin el velo de la ilusión sobre los ojos, las cosas se ven como fueron y como son.

Mi mayor sorpresa fue darme cuenta que nunca estuve enamorada. Ilusionada sí, excitada con algo que parecía “ser verdad”, también. Con ganas de que todo continuara, sí, y no niego que estaba algo –si no es muy– predispuesta a amar. Dolió el golpe, la sorpresa, la mentira, la decepción de una persona que imaginaba mejor. Me entristeció el rechazo sin previo aviso, la repentina ausencia, y el haber sido tan tonta como para haberme aventado a escribir sobre algo que yo pensaba “que iba hacia algún lugar” públicamente. Ahora que todos sabemos que ese lugar fue el tacho de basura de alguien, me animo a decir por qué no cometería el mismo error.

Ese chico tiene un blog por más que lo niegue. Lo niega porque le hizo lo mismo que a mí a otras personas que aún son parte de su vida. En un momento fue, digamos, “romántico” escribir lo que nos iba ocurriendo. Leernos fue una especie de intercambio de melcocha, pero esto tiene poco que ver con lo que en realidad necesita una relación: honestidad, lealtad, respeto. Lo que no pude prever fue que este blog escrito por él tras un seudónimo fuese a ser en el futuro próximo un arma dañina para mí.

Ya sé que yo también lo hice. Escribí sobre él desde el comienzo hasta el final de aquella relación desde mi punto de vista y lo firmé con mi nombre y mi apellido. Él estaba más que de acuerdo. Debo decir que nunca lo insulté. Si algunos lectores lo hicieron fue hacia alguien que no conocían, a un personaje anónimo sin nombre ni apellido. Y además, cuando los lectores que siguieron la “historia”, comentaban lo de puta madre que les parecía este chico, todos, y él más que nadie, estaban felices. ¿Después de todo a quién no le gusta que hablen maravillas de uno? Mientras yo escribía con crayolas de colores nuestra historia, había un riesgo no calculado: el desquite, la revancha.

Él tuvo su vendetta desde la comodidad de su ser anónimo, escribió sobre mí (claro, la víctima que me había dejado) y desde ahí recibí insultos tele dirigidos. Terrible ser un traidor y, además, uno vengativo. Mientras yo me recuperaba del susto más que de una pena, ciertas anónimas –no muy difíciles de reconocer– sus ex, dizque ahora “mejores amigas”, amigas y demás me torturaron diariamente con insultos personalizados y comentarios horrorosos llenos de detalles de mi vida personal en este blog que claro, jamás publiqué por respeto a los demás pero que evidenciaban lo mucho que él había hablado (y mal) de mí. Eso duele. Golpe bajo.

Lo que ellas no saben y quizás nunca sepan son las cosas que su “pobre, bueno, inmaculado e indefenso” amiguito ha escrito de ellas (y otras) en su blog, y no de una manera muy “romántica”. Averígüenlo y verán (así que si leen esto, ahórrense los insultos, porque ahora me valen madre). Agradezco la discreción de los pocos lectores que lo buscaron hasta que lo encontraron por sana curiosidad, supongo.

Otro gran error fue declarar a una persona con la que había salido un par de meses después de conocerlo como “novio”. Por dos motivos. Uno, fue muy poco tiempo y dos, ya me di cuenta que un novio se convierte en un ex novio después. Y si la relación terminó mal, ¿quién quiere tener a alguien que no quiere ver ni en pelea de perros como “ex novio”? Y aunque yo diga: ese chico jamás fue mi novio, a él le va a importar un comino y va a seguir presentándose frente a los pocos conocidos (míos) como el “ex”. Me di cuenta cuando mi hermana me contó que en una fiesta el pata se le acercó, la saludó con la mega sonrisa y como ella no lo reconoció porque no tenía ni la menor idea de quién era, se atrevió a presentarse como: “Hola, soy el ex novio de Ali”. Mi hermana después me preguntó quién era. Es decir, yo le hago una cagada a alguien y por lo menos tendría la decencia de pasar de largo o por lo menos hacerme la loca. Qué mal gusto. Si uno ha decidio largarse la vida de alguien, pues que lo haga.

De peor gusto, querer “hablar” conmigo a mi regreso del viaje a Guatemala que canceló antes de anunciarme que lo nuestro había terminado. Es decir, una operadora de COPA AIRLINES supo antes que yo que ya no tenía “novio”. Fue obvio para mí que “hablar para ser amigos” era algo que no iba a pasar. “Amigos”. Ajá. Sí. Seguro. Discúlpenme pero yo no soy ni seré el curita que sane conciencias sucias. Ahora sé, más que nunca, por qué mis amigos son mis amigos; porque ellos jamás me harían daño.

¿Qué espera uno de sus mejores amigos? Lealtad, honestidad, incondicionalidad, respeto, amor. Eso, más un poco de lujuria y esos besos en la boca que tanto me gustan, es lo que yo espero de una relación. Que así sea (espero).

Ahora con su permiso, después de darles mis explicaciones de por qué no voy a hablar de esto que estoy dejando que llegue a mí como el comienzo del largo invierno que acá llamamos otoño; me voy a darle un beso a ese chico que me mira escribir desde el sofá y me sonríe.

Comparto un poco de mi viaje con ustedes. ¿Se nota que fue lo máximo?

Esta es una declaración de amor que vale la pena esperar, y mi escena favorita de Alta Fidelidad, tiene mucho de verdad (no la encontré con subtítulos).

Para ti. Luciérnagas y mariposas. “Si me hablas con el corazón, me pones contra la pared”.