Una chica de 21 años es asesinada y resulta que, para muchos, el culpable no es su confeso homicida, sino ella en primer lugar, por su “conducta”, y en segundo lugar su familia, por no haberle inculcado los “valores” de una “chica de su casa”. ¿Qué pasa cuando la víctima no es la víctima?¿QUIÉN TIENE LA CULPA?
Regresé al Perú después de unas cortas vacaciones en las que fui una espectadora más de la cobertura mediática internacional del asesinato de Stephany Flores. Lo seguí con el mismo interés al llegar aquí, pero como siempre, salió a relucir el rey de los tontos: el machismo.

Me permití hacer un pequeño rapi-test para probar qué tan “liberal” y “libertina” — por no repetir otros adjetivos calificativos y demás pachotadas que he leído y oído en los medios, en el trabajo, dentro de mi familia y de alguno que otro amigo– fue la conducta de Stephany Flores previa a su asesinato.

1. ¿Ud., a los 21 años, salía y/o salió a divertirse alguna vez hasta las cinco de la madrugada?
2. ¿Ud. ha conocido a alguna persona en algún espacio público de diversión llámese casino, discoteca, bar, karaoke, etcétera?
3. ¿Ud. alguna vez no se ha separado de su grupo para mudarse, con un desconocido, del lugar en el que está a otro (léase discoteca, bar, casino, hotel, casa, fiesta, malecón, sanguchón, etcétera)?

No les pido sus respuestas, pero sí sería bueno pensarlo. No es tan inusual, solo piensen en la cantidad de chicas menores y mayores de 21 años que salen a divertirse –y esto, por lo general, incluye tomar alcohol y conocer a personas del sexo opuesto–, hasta las seis o siete de la mañana en conocidas discotecas miraflorinas.

Mis respuestas son: sí a las tres preguntas. Que me pude haber cruzado con un asesino en serie, pues sí, como uno se puede encontrar con sujetos del mismo calibre en cualquier otro lugar, como en nuestro hogar dulce hogar. ¿Cifras? Pues el 70% de las mujeres asesinadas en el Perú mueren en manos de sus parejas.

¿Qué pasaría si este caso fuese al revés?, ¿qué hubiesen dicho sobre la víctima? Más que seguro hubiera sido un “pobre” muchacho pepeado por una mujer perversa, y jamás se hubiese puesto en la corte suprema de la moralina la “conducta” de la víctima. ¿Por qué? Fácil. Es hombre, y un hombre sí puede quedarse hasta las mil de la madrugada en la calle, sí le es permitido y, además, alentado a conocer personas del sexo opuesto y si se las llevan a un hotel son unos tigres ganadores. Punto.

¿Dónde está la culpa, entonces?, ¿quién es la víctima?

Si hablan de valores y la falta de ellos, por qué no empezamos a hablar del negativo y probable causante de terroríficas situaciones como ésta: machismo. ¿Creen que este protegerá a sus mujeres, esposas, novias, hermanas, sobrinas o amigas? Pues no. Lo único que producirá es, por un lado, padres que prefieren creer que sus hijas están pasando la noche en la casa de sus amiguitas a saber que están bailando, tomando y conociendo desconocidos en alguna reunión, fiesta o discoteca; y por otro, hijas que no sentirán la libertad de hablar con sus padres al respecto, porque si hablaran con ellos, los padres tendrían la oportunidad de hablarles sobre los riesgos que existen en la realidad.

Desde luego, esto poco o nada tiene que ver con el discurso de ciertos políticos, periodistas y público en general, que han encontrado en este triste caso un motivo para abrir el caño de la cucufatería y hacer relucir nuestro machismo, salvo alguna interesante y acertada opinión como la de Fernando Vivas.

Si una mujer usa minifalda y un infeliz le mete mano, es culpa de ella por provocarlo. Me ha pasado. Si una mujer anda con un escote en la espalda, “hace” que un taxista se sienta con la libertad de gritarle a su acompañante: “¡llévala a un telo!” y que media cuadra voltee para burlarse y murmurar frases sucias. Me pasó hace un mes. Si la solución es prohibir las minifaldas y los escotes, es casi como decir que Stephany Flores fue culpable de su propia muerte. Y no es así.

It´s too late, tonight, to drag the past into the light.