Estamos ante una real encrucijada. Lo logramos. Sobrevivimos lo peor. Llegamos al primer campamento del Monte Everest de la independencia emocional. Sin embargo, aún somos pacientes de alto riesgo. Estamos solos, somos libres (seámoslo siempre), pero no tenemos la más remota idea de cuál es el paso siguiente. ¿Cómo se hace para encajar este nuevo, digamos, estatus de vida: la soltería pura y dura? Bueno, tenemos dos opciones: el desierto de Sechura o el camino de las manzanas acarameladas. Marcar con un aspa mental el siguiente cuestionario, si hay más aspas que vacios y dudas, seguir leyendo. Sino, seguir leyendo igual.

1. Ya confrontaste a T-Rex, es decir, al miedo a estar sola.
2. Decidiste que es mejor estar solo que mal acompañado.
3. Estás decidida/o a continuar con tu vida (no con la vida que esperan tus padres, tus amigas o tus prejuicios para ti).
4. Tú necesidad de amar por elección es más grande que la de amar por necesidad.
5. Sabes que no necesitas de alguien más para funcionar como una persona.
6. Has dejado de lado las excusas como:

a) No estoy enamorada, pero le tengo cariño.
b) A veces es un patán, pero lo quiero.
c) No soy feliz, pero tengo con quién ir a los matrimonios de mis amigos y con quién pasar Año Nuevo.
d) Si lo quiero aun más, va a cambiar.
e) Me saca la vuelta pero su mujer soy yo.
f) Es casado, pero va a dejar a su mujer por mí.
g) Me hace sentir mal, pero no toda relación es perfecta ¿no?
h) Todas o algunas de las anteriores.

Listo el pollo. Año nuevo, vida nueva. Ahora estamos frente a una realidad tan ancha, ajena e inexplorada (para los que no lo hemos atravesado a pie) como el desierto de Sechura. Estar y permanecer sola el tiempo necesario no es fácil por tres simples razones: porque es una situación desconocida, porque no estamos socialmente acostumbradas (nadie te dice: “si estás sola, serás feliz y podrás elegir mejor a la persona que esté a tu lado”, sino un poco más y te cuelgan en el cuello un letrerito que dice “leprosa social” o “¡cuidado!, nadie la quiere”) y porque les gusta a las que aún no han disfrutado ese estado. Sudando y dudando frente al desierto, porque si algo sabemos es que no va a ser sencillo, algo llama nuestra atención.

Un oasis que los llama. Un cartelito que dice: “ven, por acá es más fácil”. Suena tentador. ¿Qué es? No solo es una manzana de la tentación, sino un camino entero y lleno de manzanas jugosas por dentro y acarameladas por fuera, más conocidas como: “el camino fácil”. Este camino muy distinto al desierto. Es un camino conocido, sabemos cómo actuar en las situaciones que se nos presentan y, desde luego, nos decimos en un susurro para que nadie más escuche: cualquier cosa es mejor que estar sola.

¿Cuáles son estas manzanas acarameladas?

a) De arranque, volver con el ex con el que habíamos terminado.
b) Peor aún, rogarle al ex que nos ha dejado que nos dé una oportunidad.
c) Buscarle un reemplazo temporal o permanente al ex.
d) Buscar o dejarse florear por Atilios o Atilias.
e) Quedarnos en nuestras camas llorando sin hacer nada.
f) Todas o algunas de las anteriores.

Es igual que comenzar una dieta. Cuando cumples los días de jugo de piña, queso fresco light y media lata de atún, de pronto piensas que ya te esforzaste demasiado, que te duelen las piernas de tanto spinning y necesitas una recompensa que puede ser: una medalla a la dedicación o un premio al temple, y decides mimarte con un tacu-tacu a lo pobre con sábana de lomo apanado, doble cebollita y una jarra de chicha, y claro, un buen suspiro a la limeña para terminar, y como ya rompí la dieta, ¿qué tal un tamalito de Chincha y un pan francés para ver echadita en mi cama la nueva temporada de American Next Top Model?

Como todos los placeres que podemos darnos en esta vida, especialmente, los que involucran un buen cargamento de culpa, las manzanas acarameladas tienen exactamente la misma duración que los fuegos artificiales. Después viene el remordimiento, el arrepentimiento y el supertranca “volver a comenzar”.

Está bien, los nuevos comienzos son lo máximo, pero lo son más las pequeñas y significativas satisfacciones que somos capaces de darnos. La diferencia entre placer y satisfacción en este panorama es que el placer es satisfacer un deseo y punto, mientras la satisfacción es lo que llega después de haber cumplido una meta, por más chiquita que sea. Y vaya que esto nos produce un placer duradero, resultados a la vista.

Entonces, ¿seguimos el camino de las manzanas acarameladas o exploramos el desierto?, ¿qué dicen?

Como regalito de Navidad, he elaborado una guía para todos los que estén a punto de lanzarse al desierto. Se la estoy ofreciendo a Lonely Planet a ver si me compran la idea. (No me había dado cuenta de que mis guías de viaje favoritas se llaman “Lonely” (solitario en inglés, ja.)

1. No se olvide de llevar calzado adecuado, es decir, las zapatillas o sandalias (mejor por el calor y ahora que vienen en colores tan alegres, muy buenas para el ánimo) para salir corriendo apenas se cruce en su camino el X, sus amigos, su familia o su fantasma. Como los X aparecen cuando se les da la regalada gana, hay que estar preparados. Para mi, las havaianas son las Converse del verano. Un amigo me dijo que lo acompañe a una fiesta en la que iba a estar su X, la misma que lo había dejado meses antes. Realmente no iba de “amiga” sino de escudo protector. Le contesté ¿para qué vas a ir a un lugar donde saber que la vas a pasar mal? Me dijo que tenía razón y nos fuimos a bailar a una discoteca donde no conocíamos a nadie.

2. Lleve abundante agua helada. ¿Para qué? para esos momentos en los que solo recuerdas qué bueno era el sexo con Pepito y cómo sus besos te llenaban la mente de las más perversas travesuras. Bueno, ahí mismo te tiras todo el bidón sobre la cabeza. Uno no puede avanzar pensando que Pepe es el único con el que vas a disfrutar en esta vida. Esos pensamientos no son aceptados en el desierto, menos a 38 grados centígrados.

3. Sea amable. Así uno quiera estar solo/a, eso no quita la posibilidad de querer volver a ver a ese otro guapo y divertido caminante luego de terminado el desierto. Decidir estar solo no es cortar palitos con el mundo, solo encontrar “otra” manera de convivir en él.

4. Si se acerca algún Atilio o Atilia, simplemente corra. Run, Forrest, run!

5. Si tiene ganas de cariño, consuelo, compañía, sexo, mimos y caricias, nadie le dice que estará sola/o el resto de su vida. Un poco de abstinencia no ha matado a nadie, además ¿no nos podemos querer nosotros mismos o buscar alguien en cuyos brazos no peligramos para buscar cariño?

6. Esta es una fuerte y frecuente. Si la depresión post X la hizo bajar de peso, se siente estupenda, se pone ese vestido que no le entraba desde 2001, se plancha, pinta y peina y finalmente sale nuevamente a la “noche” con la expectativa secreta de ser irresistible para el sexo opuesto (o el sexo que usted prefiera) y nadie, pero absolutamente nadie, le da bola, por favor no se desanime. No dé marcha atrás y vuelva a intentarlo cuando tenga ganas. Que nadie se fije en ti (o que uno o más de uno se haya fijado en ti sin que te des cuenta) una noche no significa nada. Sé exactamente lo que se siente. Solo por esa noche usted tiene permiso de autocompadecerse por exactamente 10 microsegundos y luego resucitar su autoestima con un pastel de choclo (o el plato de su elección).

7. Lleve material de distracción. Esto puede ser desde un iPod hasta una salida con su grupo de amigos. Nadie le dice que caminar por el desierto tenga que ser una tortura. Cuando uno aprende a estar solo, aprende las mil formas de disfrutarlo. Por ejemplo, anoche me tiré en la cama a ver “Actividad Paranormal” con sandía en trocitos y mi taza especial de “Alicia en el país de las Maravillas”, mientras chateaba por teléfono con el que ando cibercoqueteando. Fue una noche perfecta.

8. Poner en práctica los dos consejos de la abuela: pensar antes de hablar y pensar antes de hacer.

9. No dejar que nadie lo/a desanime. Es frecuente que la gente que nos quiera nos aliente a zambullirnos en una relación porque aún son muchos los que piensan que la felicidad solo se puede conseguir de a dos. Por eso, en lugar de lamentarse por no tener una pareja elija una (o varias). Catalina es mi pareja de juegos, mi amigo H es mi pareja de baile, M es mi pareja de divertidas llamadas de madrugada y mi F-amilia es mi pareja de vida (y de por vida).

10. Por último, si se equivoca, usted puede volver a comenzar las veces que sea necesario. ¿De eso se trata, no?

Ahora sí, con la última parte de la trilogía sobre “Cómo olvidar en 3 posts” (les debo el del regreso de Atilio), les deseo con todo mi corazón una muy feliz Navidad. Lo que más detesto de la Navidad son las canciones de Los Toribianitos, lo que más me gusta es tener permiso de ser doblemente cursi y decirles que: ¡los quiero mucho!

El regalo navideño que más espero es la cara de Catalina cuando vea el dinosaurio que compré. Si no le da bola, T-Rex se irá a vivir conmigo.

Mi saludo por Año Nuevo viene antes de la llegada del 2011.

Esta Navidad soy partidaria de no esperar abrazos, llamadas, saludos, correos ni regalos, sino de darlos. Como aplicada cinéfila con debilidad por los “chick flicks” (comedias románticas para “chicas”), acá mi final navideño favorito con una canción que es lo máximo.