La sacerdotisa de Ladymundo sentenció: en este momento desapareces de nuestro mundo perfecto, tú no eres ni serás jamás una lady. Yo le respondí antes de volver a mi vida: Por favor, ¿me lo prometen?Pero bueno, las cosas como fueron. La “declaración de amor” no fue un amago de “quiero agarrar contigo hoy y mañana fuiste”. Fue un directo, expreso y la verdad sí, honesto “estoy enamorado de ti”. Era verdad, él estaba templado. Yo sólo lo miraba con ojos de dibujo animado manga mientras decía y repetía todo lo que había sentido por mí durante ese último año. Toda esa noche se la pasó repitiendo cuánto me amaba. Deben haber sido unos trescientos veinte “te amos” aproximadamente.

Y a ver, díganme a quién, por lo menos, ¿no les parece halagador tanto bla-bla- bla-romántico?. Si eso hubiese pasado hoy, 23 de setiembre de 2011, le hubiera dicho: ¿te has caído al suelo, golpeado la cabeza contra la pared y no te has dado cuenta? Decir “te quiero” es fácil, demostrarlo ya es otra cosa. Palabra de mujer que ya no cree en el floro fácil de patas que aparentan ser los buena onda del mundo, incapaces de agarrar un matamoscas, darle muerte a ese animalito que vive en promedio 8 horas y que después se convierten en la reencarnación aumentada de una mezcla de La Mole y cara de esponja vieja, Freddy Krueger. No. Ya no confío así.

Pero a los 21 años, me levanté al día siguiente pensando en toda la sarta de melcocha que me había soltado este pata y sentí el clásico calorcito que te da la atención, la que te hace sentir especial. Llámenlo vanidad, empujoncito para la autoestima, como quieran. Pero con el desayuno y un par de horas más todo eso se desvaneció. Cómo extraño ser una adolescente.

Las que no se desvanecieron fueron las ganas de mi amigo de convertirse en mi objeto de amor para toda la vida.

Tocaron el timbre de la casa de mis padres y me fije por la ventana quien era. Esperaba que fuese mi ex novio que, aún separados, seguía haciendo apariciones continuas para conversar o ver MTV Latino. Los dos éramos fans de la música y los videos. Quizás era una excusa para verme o quién sabe, un manotazo de ahogado. Yo lo quería como no tienen idea y me gustaba, como siempre me había gustado, estar con él. Pero esa tarde nho era él, era mi amigo-en-común. Le dije que nos vayamos de la puerta de mi casa y él manejo dando vueltas sin ningún sentido; casi iguales a las vueltas que daba mi cabeza en la que de pronto apareció la cara de Lady4.

-Quería verte -dijo de pronto.
-Oye y ¿Lady4? -respondí sin prestarle atención.
-¿Qué tiene?
-No sé pues, le gustas todavía, supongo.
-Ya le dije hace tiempo que me gustaba otra persona.

Creo que mi corazón se paralizó.

- ¿Le dijiste qué?
- Que me gustaba otra persona.
- ¿Por qué?
- Porque siempre ha sido cierto.
-¿Desde cuándo te gusto?
–dije mirándome los zapatos.
- Hace como un año. Desde esa vez que fuimos a la playa y nos quedamos conversando.
-¿La vez que tenía un moco colgándome de la nariz?
-Sí, bueno, esa vez me di cuenta que te quería, ¿por qué crees que siempre estaba contigo?

Eso esa verdad.

-¿Y no pensabas decirme nada?
-Eras la novia de Heavy Metal y él es de puta madre.
-¿Y si nunca terminaba con él y me casaba con él a los 30?
-Nunca hubiera dicho nada.

Ahora pienso en esa escena de Love Actually, en la que un para filmaba a la novia de su amigo como único recurso para quererla y contemplarla en secreto.

Pero esta es la vida, no una película. Y la bomba no tardó en explotar.

Joaquín siempre ha sido mi mejor amigo, en las buenas y en las malas. Y en este tiempo ambiguo para mi, también estaba ahí; sin embargo, también estaba ahí para Heavy Metal iba teniendo claro como el reflejo de un espejo que lo nuestro no tenía solución (yo le había dicho una vez más que no iba a volver; que no necesitaba un tiempo para “pensar”, sino que ya no sentía lo mismo por él) porque el amor, por lo menos el mío, se había terminado.

Entonces, a Heavy Metal no lo quedó otra que preguntar si “había alguien más”. Pero no me lo pregunto a mí, se lo preguntó a Joaquín.

(Sí, parece un capítulo de la fenecida serie Melrose Place)

Joaquín, pensando que le haría bien a Heavy Metal saber que había alguien más enamorado de su ex novia para pasar la página y seguir con su vida, le dijo que sí, que nuestro amigo-en-común estaba templado de mi. El bueno de Joaquín se quedó con la palabra en la boca porque Heavy Metal salió a 300 kilómetros por hora chochando más sardineles que lo normal, en busca del traidor.

Lo encontró, lo subió a su carro y lo llevó al bar al que todos íbamos siempre.

¿Ustedes creen que me sentí como un premio de lotería cuando me enteré de que mientras Heavy Metal le decía a amigo-en-común que jamás tendría conmigo lo que él y yo compartimos (es verdad), y que chico-en-común le pedía disculpas por milésima vez y le repetía cuánto me quería? No, me sentí una silla que es subastada, un objeto por el que dos tarados estaban discutiendo sin yo saberlo y sin tener la más mínima opinión ni certeza sobre mi propio futuro sentimental.

Por mucho tiempo no supe cómo se enteró Ladymundo de todo lo que estaba pasando, o qué versión les llegó. No sé si fue mi ex, algún amigo o su perspicacia lo que las hizo darse cuenta, inclusive antes de que yo supiera que iba a tener algo con él.

En resumen, entre el chico interesado en mí y yo no nos habíamos dado ni un beso en la frente.

Supuestamente, no tenía nada que temer. Estaba bastante equivocada.

Un día cualquiera de ese verano, una amiga y yo caímos en el Ladyfortín. Cuando Lady5 nos recibió en su casa, ambas nos sentimos como si estuviéramos en la presencia de un ser superior. No me dirigió la palabra y cuando le pregunté por Lady4, miró a nuestra amiga en común y habló de clima o de alguna otra cosa que no recuerdo.

Las tres habíamos sido amigas tantos años que no comprendía por qué si algo estaba pasando nadie abriera la boca. Era tanto el rechazo y el silencio que salimos corriendo de ahí. La verdad, nos dio un poco de miedo.

Esperé unos días antes de llamar a Lady5, mi amiga. Me contestó Lady4, que con una insólita hipocresía, me saludó amable pero cortante y me la pasó. Ojalá nunca hubiera hecho esa llamada. Me quedé con la boca abierta tratando de poder articular palabra. Recuerdo en pedazos la corta conversación que tuvimos porque cada palabra fue como un balazo directo hacia mí. Traidora, hipócrita, mala amiga, mentirosa y la cereza que adorna el helado fue: te has portado como una ruca.

No sé de qué parte de mí salió: ojalá nunca nadie te juzgue como tú me estás juzgando a mí y colgué.

Cuando solté el teléfono estaba temblando. Tristeza, dolor, rabia, vergüenza. Todo mezclado. Quizás ella tenía razón. El hecho de que el amigo-en-común me quisiera como loco me hacía sentir como la peor de las mujeres de un mundo que se terminaba.

Y así fue. Ese planeta en el que convivíamos se empezó a despedazar. Poco después me enteré que Heavy Metal había ido con el chisme a Ladymundo, donde había sido compadecido y consolado. Mientras amigo-en-común y yo fuimos echados fuera de todos los mundos perfectos y de estricta moral.

El tribunal era mucho más grande de lo que yo pensé.

Algunos amigos en común con Heavy Metal no me volvieron a hablar, a todos les dijo que yo era, una vez más, una ruca. A mi madre y hermanos, la Ladyfamilia les quitó el habla. Lo que más me dolió de todo fue que durante todo un año Heavy Metal no me hablase.

Entonces me dejé de estupideces y pensé, si para todo el mini mundo en el que yo vivía era una escoria, lo sería sin ningun pudor. Empecé a salir con amigo-en-común y tres meses después, ya éramos novios. Nuestra relación duró dos años. Cuando lo dejé, no por otro, sino porque lo dejé de querer, me dejó de hablar. Ja. Ahora me da un poco de risa.

Pero la vida, sabia, se dio así para todos los participantes de esta historia:

-Lady4 se casó. Y ¿con quién? Pues con el novio de su mejor amiga, con el cual había comenzado a flirtear mientras que ella vivía en Canadá. Lección: no mirar la paja en el ojo ajeno.

-Lady5 es la única que sigue soltera.

-Heavy Metal y yo volvimos a salir juntos, por segunda vez no funcionó y nos convertimos en mejores amigos. Ahora es un señor casado y feliz.

-Los amigos de HM que me dejaron de hablar, se arrepintieron cuando él y yo volvimos a parar juntos.

-Amigo-en-común es un señor casado. Feliz, ni idea.

Y yo, bueno. Todo esto pasó cuando acababa de cumplir 21 años. Y como siempre cito la letra de la canción de Alaska y Dinarama: no me arrepiento, volvería a hacerlo. No sé si volvería a tener una relación con ese chico con el que fui muy feliz un año de los dos que estuvimos juntos. Sin embargo, no me arrepiento de haber perdido a esa amiga porque no era mi amiga, no me arrepiento de haber sido expectorada de ese mundo porque nunca iba a caber ahí.

Si no me gusta que me impongan reglas absurdas en la vida real, en algún momento me iba a rebelar también contra las leyes, para mí, bastante retrógradas e irrealistas de esa casita de cristal, en la que estoy segura que los años rompieron muchas ventanas, se corrieron cortinas y se levantó el polvo debajo de muchas alfombras.

Lo que nunca supieron estas damas, señoras y señoritas “de su casa” es el gran favor que me hicieron. Me quitaron un globo aerostático a tensión de encima.

Ya no tenía la frustración diaria de verme como la lady (es decir, tratar de vestirme como ellas), ni ser aceptadas en el susodicho clan y empezar a moldear mi propia personalidad. A empezar a equivocarme sin que un dedo gigante me amenace de muerte, a acostumbrarme a decir lo que pienso sin pánico a lo que piensen los demás y a pensar por primera vez que ya estaba lo suficientemente grandecita como para jugando al rebaño de las ovejitas, en los que para ser aceptados hay que ser igual que los demás.

Y bueno, con muertos y heridos, amigos, gente nueva y gente que uno olvida para siempre, los días siguen, las noches pasan y estas historias en su momento llenas de tanto drama se vuelven anécdotas que me hacen reír y pensar que tipo de mujer jamás sería.

El soundtrack de esas noches de verano en las que este mini ladydrama ocurrió.

Esta canción es recomendación de un amigo al que también le gusta la “música para suicidas” como se rie mi hermana de las canciones que me gustan.