A los seres humanos nos gusta complicarnos. Algunos más que otros, en ese costal está mi amigo con beneficios. Y yo que no quería un problema más en mi vida, ahora que estoy concentrada en resolverlos. Pues bueno, “a lo hecho…”, ya saben.La cosa fue así. El sábado pasado, estaba más que dispuesta a pasar una linda y placentera noche con mi amiga con mi amigo el cable y nuestro mejor amigo pantalla plana HD. La felicidad no era total porque estoy a dieta y en lugar de la hamburguesa queso-tocino que me provocaba, comía un tazón repleto de melón. Pero bueno, la estaba pasando bien, pegada viendo tv basura, a la que parece me he hecho adicta en los últimos meses.

De pronto me llegó un correo electrónico. No una llamada, ni siquiera un mensaje de texto. Un e-mail que me reclamaba que después de la última noche que pasamos juntos, no había vuelto a saber de mi (eso quiere decir, no hay que ser adivinos, no te he vuelto a ver), había estado supuestamente cortante (eso quiere decir: no hay cariño de por medio en nuestras comunicaciones diarias) y exigía que le aclare lo más pronto posible esa situación para “no sentirse tan perdido”.

Bueno, pensé yo: ¿ahora tengo que recordarle lo que somos o mejor dicho, lo que hacemos?, ¿tengo que releerle nuestros los límites de la relación que establecimos de común acuerdo?
Estoy segura que hasta aquí ya hay varios que han pensado: ¿pero esta mujer no estaba buscando novio?, ¿por qué chotea a alguien que parece estar interesado en algo más con ella?, ¿se volvió loca?

Esta es mi respuesta:

1. No quiero tener una relación AHORA.
2. No quiero una relación con el chico en cuestión porque no me gusta lo suficiente como para olvidarme del punto 1 (aunque estoy segura que no me olvidaría del punto 1 tan suelta de huesos porque es una decisión consciente, real y honesta con mi estado emocional actual)
3. Jamás voy a conformarme con lo que se me cruce en el camino solo para satisfacer expectativas ajenas y propias (¿ustedes creen que es fácil liberarse de un sistema de creencias insertadas desde el biberón según las cuál mujer-necesita-hombre?
4. He sido siempre clara y sincera con este chico.

Sin embargo, llegó la pataleta. El reclamo. Y como no pudo voltearme la tortilla por los argumentos sólidos expuestos en el párrafo anterior, llegó más veloz que la alfombra de Aladino: la facturita. Si, el recibo por honorarios no sólo de “amigo con derecho”, sino de servicios de “casi-novio con derecho a todo”. Me saco en cara nuestras conversaciones, las veces que me había “escuchado”, todo lo que se preocupaba por mí, cuánto me quería y que cómo era posible que después de una noche como la última que pasamos tuviera el nervio de dejar de verlo por, oh por Dios, diez días.

Bueno, quizás este equivocada, pero jamás le he cobrado a ningún amigo las horas que lo he escuchado, que he pasado a su lado o que he compartido tristezas o alegrías. Es más, soy de la teoría de que a las personas les es más fácil compartir la pena de alguien que verla feliz. Uno quiere en serio cuando se alegra genuinamente con la felicidad ajena y la comparte. Jamás, pero jamás, uno saca en cara el momento difícil en el que estuve presente ni recurre a confidencias (porque claro uno, uno confía en sus amigos por eso les cuenta por lo que está pasando) para chantajear emocionalmente al otro.

Si, ahora me doy cuenta que me equivoqué cuando:

-Se lo presenté en dos salidas diferentes a buenos amigos míos. Quizás pensó que se trataba de alguna presentación en sociedad o algo así.

-Cuando un rato se convirtió en una noche, que se convirtió en una tarde viendo una película y comiendo comida grasosa. Eso, una de las actividades preferidas de los novios en un feriado. Cucharita/comida/tv/sexo (opcional).

-Cuando lo le conté que pasaba por una etapa nueva de mi vida, terreno jamás recorrido y que por momentos, me aterraba el proceso de enfrentarme literalmente a mí misma, tirando a la basura varias cargas de más que tenía y poder reconciliarme con mi interior. Pero claro, cuando estoy en confianza y me dan cuerda no paro de hablar y no me contengo, no me guardo nada. Quizás ese “conocerme” más y mejor, actuó en mi contra y no a mi favor. Ese chico no me escuchaba como un amigo, sino que asumo empezó a creer que al hacerse más cercano, era una parte cada vez más importante en mi vida.

Y lo era, pero dentro de las dimensiones que mis emociones y la realidad me permiten; dentro de las paredes de la amistad. Pero bueno, esa soy yo, no él.

Además, nunca tuve cómo saber si él sentía algo más o no, porque siempre aparentaba estar en “buena onda” con lo que compartíamos.

Y tengo que admitir que en estos días pasó “algo”. Una noche en la que fui al concierto de una banda en la que toca un amigo, estábamos en la Noche de Barranco celebrando cuando se me acercó un chico que me ha gustado de manera esporádica durante un par de años. Hablamos solo un ratito. Me miraba a los ojos. Yo pensé que la química se había terminado la última vez que nos vimos hace un año. Me despedí rápido y me volví a mi mesa.

De vuelta a mi casa sentí ese calorcito y sin darme cuenta, estaba sonriendo al recordar sus piropos. Ya la estaba olvidando, pero me recordó a la emoción que precede a la ilusión y fue bueno saber que aunque ahora soy radical y vivo literalmente cerrada al amor o cualquier parecido, podría volver a sentir y quién sabe, podría volver a querer. Quién sabe.

Pero esto no lo cuento por las puras. Lo digo porque si creo que como decía Bryce, hay dos tipos de personas (lo pongo en unisex, porque claramente él se refería a las mujeres): “las que uno ama y las Martas…”, refiriéndose a las amigas de las que nunca se va a enamorar como su amiga Marta en ese cuento.

Esto no lo he sentido nunca por mi ahora, ex amigo con beneficios. No soy una culebra de sangre fría que utiliza a la gente para sus propias necesidades físico-emocionales y punto. Soy una persona, sí, un poco más fría ahora, que ha decidido tomarse un tiempo fuera de las ligas del amor.

Eso comprueba que al amor es más complicado que lo que muchos creemos y si es más complicado, es porque existe. Quizás no en mi vida aquí y ahora, pero anda por ahí haciendo feliz a gente a la que quiero, como a mi amiga Anita que anda enloquecida de amor por ahí.

Volviendo a mi ex amigo con beneficios, estas semanas discutí el tema de amigos “con derecho” aquí y en televisión, y pensé que las cosas estaban claras y en el aire, pero no. Todo lo contrario, eso es lo que mi amiga Natalia llama “percepción distorsionada de la realidad” (uno cree lo que quiere creer y punto, no le importa nada más).

En conclusión, parece que a algunos hombres no les gusta ser utilizados para un ratito nomás: o quieren más o ellos quieren ser los que dicen “esta noche sí, mañana no”.

Para eso, mejor sola.

Personas que jamás me pasarán factura por su cariño tengo, muchas. Para ellos una canción que siempre me recuerda a mis buenos amigos.

Y para los que no pueden esperar al viernes como yo. Mi favorita. Dios, cómo me gustaba ese disco.