¿Ah sí? Pues eso dicen los y las que ponen los cachos, sacan la vuelta, en fin, la mancha de infieles cuando se ven contra la espada y la pared de la verdad. ¿Les creemos? Yo voto por un gran no. No lo pude evitar. Fue más fuerte que yo. Fue más fuerte que “nosotros”. Me dejé llevar por el momento. Me olvidé de todo. No estaba pensando. La pasión me venció. No pude hacer nada. Estaba indefenso. Tú no estabas. No sabes lo que es sentirse así. Fue un segundo de debilidad. No estaba en mis cabales. A todos nos pasa alguna vez.

Ya. Esas son una pila de mentiras, y de las gordas.

¿A quién creen que engañan? Por supuesto, a los que se encuentran frente ellos, más conocidos como los cretino/as que acaban de confesar –a la fuerza, o porque no les queda otra ante un evidente ampay- de que ha puesto los pies, las manos, los dedos, los labios, la mente y el corazón en otro plato.

Los que vemos una situación así desde fuera, la tenemos clarísima: muerte al traidor.

Las y los que hemos estado mirando a los ojos a esa moneda de dos caras -sí ese mismo que nos cambió por otra persona-, sabemos que no se puede que el temple de acero y el orgullo en lo más alto son sólo clichés de libros de autoestima o el título de alguna película.

Nos acaban de pisotear la confianza, el amor, la autoestima, ¿qué esperan?

Yo sé lo que se siente. Primero, miras a la realidad pasar frente a tus ojos y los cierras fuerte con la esperanza de que “esa” no sea tu vida, sino la del vecino. Después, tienes ganas de correr a algún lugar donde extirpen todo tipo de sensibilidad y te arranquen con una llave de tuercas ese dolor que llega de golpe, que te atraviesa como una descarga de la silla eléctrica; no importa que ese lugar quede en Groenlandia. Luego, vienen en mancha la confusión, la rabia, el desconcierto, el llanto, el frío. Mucho frío.

Y ahí estamos. Mirando como si fuera la primera vez a la persona que nos fue infiel. De pronto es un extraño al que queremos estrangular si lo quisiéramos un poquito menos.

Entonces pensamos que estamos protagonizando la telenovela de las tres de la tarde, sentimos que estamos en todo nuestro derecho de acusar y recibir una explicación, algo, lo que sea que calme un poco todo esa mescolanza de emociones, y entonces el rey del Bla-bla-bla hace su aparición.

En pleno estado catatónico escucharemos que ellos no tuvieron la culpa de nada y lo que es peor, que nosotros tuvimos no poco sino mucho que ver. Y empieza la matraca:

- Todos cometemos errores (si, pero yo no me fui a forrar al vecino)
- Tú y yo nos hemos alejado (quizás, pero yo no me he ido)
- Me sentía solo (noticias: yo también)
-Todo lo que he hecho ha sido trabajar para ti ¿tú que has hecho por mí? (exactamente lo que estás ignorando en este momento para salirte con la tuya)
- ¿Crees que no sé que a ti te gusta Pepito? (me pueden gustar Pepito o Mark Ruffalo, eso no signifique haya tenido sexo con ellos)
- Ya ni si quiera quería tener sexo conmigo (creo que estabas ocupado teniendo sexo con otra persona)
- Hemos pasado por una mala época (como todas las parejas)
- Desde que nació el bebe, ya no me prestas atención (eres uno de los padres del bebe, también necesita de tu atención)
- Solo fue una vez (ja!)
- Bueno, un par de veces (ja-ja-ja!)
-Tú me la presentaste (esto ya es de terror).
- Es tu mejor amiga, debiste saber que es una zorra (mi vida de pronto se convirtió en Actividad Paranormal, el remake).

Ya pues, esto no es una ranchera. Esas palabras exculpatorias y manipuladoras lo único que hacen es aminorar la responsabilidad de los cuernos puestos y trasladar la culpa a cualquier cosa menos a ellos mismos.

Lo siento pero no existe ninguna fuerza sobrehumana ni poder sobrenatural que nos haga adúlteros. La infidelidad no funciona como una alcantarilla en la vereda en la que uno cae sin darse cuenta, ni como un tsunami que te arranca de los brazos de uno para caer cómodamente en los brazos de otro. La pasión no es un imán gigante que te jala sin que lo puedas evitar a hacia una tercera, cuarta o quinta persona.

Y no estoy hablando solo de los pendejos profesionales, de los pendejos con experiencia, pendejos dizque-reformados sino de hombres que de pronto tienen un affaire con Lucianita la de la oficina, aunque sigan enamorados y no tengan planes de dejar a Marianita, su novia desde hace cuatro años.

No.

La infidelidad toma tiempo. Ese tiempo puede ser una hora o un año pero es un proceso en el que dos voluntades coinciden y ya sea como se acerquen (en persona, por teléfono, por chat, Skype, Twitter, Facebook o toda esa vaina junta), terminan chapando, enrollándose, encamándose o convirtiéndose en toda una relación parelela.

¿Por qué creen que es tan difícil perdonar, para los que perdonan una puesta de cuernos? Porque sabemos, aunque nos digan lo contrario, que todo no paso de un segundo a otro, porque ambos (ellos) compartieron algo (o mucha) intimidad. Esta intimidad es todo lo que hay dentro de una relación: miradas, palabras, confesiones, sentimientos, emociones, acuerdos, decisiones, chapes, lenguazos, todo.

Todo tenemos un momento para decidir lo que están haciendo o lo que están a punto de hacer. A no ser que la persona en cuestión sea un sicópata, tuvo que pensarlo para hacerlo.

Que yo me haya enterado, me sacaron la vuelta dos veces. La segunda vez, lo perdoné; porque no estaba segura, porque era más cobarde que ahora y era más fácil creerle al chico que quería que olvidarlo, porque yo no me quería lo suficiente, porque pensaba que la vida era como la tierra de los navegantes antes de saber que la tierra era redonda, creía que se iba a terminar, que no me iba a volver a enamorar, que mi realidad presente de posible cachuda era mejor que arriesgarme a un futuro desconocido.

Para muchos es más fácil creer una mentira que afrontar una realidad dolorosa. Y peor aún, tener que tomar la decisión –si no nos abandonan por la otra/el otro, antes- de quedarse o irse de esa relación.

Cuando yo me enteré de lo obvio, lo dejé. Poco después, me di cuenta que desde hacía tiempo, ya no lo quería. Me había atado yo solita al típico inmaduro emocional crónico. Bastante sadomasoquista de mi parte.

Han pasado diez años.

Con muertos y heridos en mi corazón, todo pasó. Y como predije, ese chico les sigue sacando la vuelta a todas las mujeres con las que está.

Después de haberlo odiado como a Satanás por bastante tiempo, ahora soy su amiga. Una amiga superficial, pero amiga a fin de cuentas. Las pocas veces que lo he visto he comprobado que es el mismo cretino que me mentía ahora le miente a otra. Me da un poco de pena y de risa a la vez, porque ahora lo veo con los ojos de la realidad y estos solo apuntan a un cuarentón triste en un bar al que le sigue importando una pepino haber encontrado amor otra vez. Si no lo valoras, no lo mereces, papito. Y lo perderás, otra vez.

Finalmente, no hay respuestas ni decisiones correctas. Lo que es importante es saber porqué las tomamos; porque decidimos irnos o quedarnos y saber que cada determinación tendrá consecuencias.

Hay personas que perdonan y son felices, otras perdonan pero para hacerle la vida a pone-cuernos como un infierno y terminan más amargadas de limón podrido, otras no lo hacen y se quedan igual de resentidas y no sólo con él sino con el mundo entero. Otras, patalean, lloran, se quejan, putean y después de un tiempo comienzan de nuevo, solas.

Posdata. He tratado de escribir en unisex porque muy por el contrario de lo que muchos machitos piensan, las mujeres somos igualmente capaces y tentadas de ser infieles. Algunas andan por la vida más reprimidas por esto de que la moral femenina que sigue siendo juzgada por la sociedad, cuando la moral masculina va por los aires feliz como una cometa sin recibir reproches. Bueno, la moral no tiene sexo, así como la infidelidad.

Nunca había escuchado a Taylor Swift. Me llamó la atención esta canción bonita en los Grammys. Cuando me enteré que la había escrito por y para un patán que la trató peor que al trapeador de Cenicienta, me dio más curiosidad. Para todas las que tenemos tenido un tipo realmente malo en nuestra vida. Para ti, “douchebag”: “All you are is mean, all you are is mean and a liar and pathetic and alone in life, and mean”.