La otra noche, daba vueltas en mi cama como un pollo a la brasa. Algo me fastidiaba y no eran las picaduras de las hormigas de fuego que me traje de la selva, ni los mosquitos que me atacaron en un matrimonio el sábado pasado. Acababa de ver a una de mis mejores amigas, una de esas mujeres fuertes e inteligentes que tanto admiro, en pleno en estado de shock emocional. ¿Por qué? La clásica, pues. Su novio –bueno, ahora ex novio- al parecer se había olvidado que hasta hace poco la había amado y adorado, y en un híper récord de tiempo ahora estaba amando y adorando a otra. Ella se deshacía de dolor como gelatina bajo el sol de febrero. Pero claro, eso solo lo sabíamos ella, yo y su gata Marcela. De la puerta para afuera, para él y el resto del mundo, ella estaba radiante y dispuesta a ocupar el lugar que él le diera en su vida; lo que sea, con tal de no perderlo.

¿A qué mujer fuerte e independiente esto le suena a historia conocida?
No es la primera vez que escuchando a mí amiga desesperándose, siempre con la esperanza de escuchar esas palabras sabias que nos llevan a la luz de un mañana mejor en el mundo de la soltería; esperaba que me dijera que tenía un plan, una solución, una estrategia para estar bien y pronto, pero no; sólo le daba vueltas a una ridícula idea: ¿qué clase de chica tengo que ser para que él vuelva?, y a lo que es aún peor: ¿Qué clase de chica hubiera tenido que ser para que él nunca me dejase?

Las que hemos pasado por eso, sabemos que esa ruedita de hámster es más peligrosa que una montaña rusa. La miré como si no la conociera y no pude evitar pensar: ¿dónde estamos nosotras? las mujeres que nos auto proclamamos independientes, las que dictamos las reglas de nuestras vidas, las que somos fuertes todo el tiempo y sensibles cuando nos da la gana, las que nos negamos a ser llamadas y/o tratadas como el “sexo débil”, las que nos convertimos en Hulk cuando de machismo se trata, las que compadecemos a las pobres débiles que aún no son parte de nuestra mancha y las que les sacamos la lengua a los hombres que se atreven a insinuar que tienen más poder solo porqué sí.

¿Dónde están?, ¿dónde estamos?, ¿realmente existimos o somos pura finta?

El panorama, mejor llamado: mi querida amiga, estandarte de las mujeres inteligentes, fuertes e independientes me devolvió a la realidad.

Ella estaba luchando con todo su arsenal (sí, ese que contiene todos los modelos de caras poker, jugar a hacernos las “amigas” y que no se note ni por un segundo, así nos duela, que nos morimos por ellos), para quedarse al lado de un chico que le había dicho claro y directo que no quería nada con ella.

Como para cambiar de tema hablamos de Laurita, una amiga en común. Ella, la fuerte, inteligentísima e independiente, me había dicho por chat la noche anterior que estaba vestida y arreglada para salir con un chico con el que había quedado a las ocho, ya eran pasadas las once y nada, el fulano aún no llegaba.

En vez de llamarlo para preguntarle “¿dónde demonios estás para sugerirte que te quedes ahí por el resto de la eternidad?” me preguntó qué hacer. Yo le dije que se quite el vestido, después el maquillaje y después la esperanza de que ese para hiciese una repentina aparición. Unos minutos más tarde leí en Twitter: @Laurita Pollo a la brasa a la vena #foreveralone #forevergordita #AhoraSiQueSeAcabeElMundo #GrasaEnVezDeAmor #PrefieroLasCaloriasQueVolverAVerte

Luego pensé, no puedo ser tan conchuda. Meses atrás, yo también había esperado acurrucada en mi ventana como perro esperando a su dueño la aparición de “Mr. Jamás voy a ir a verte después de la chamba, porque me olvidé de tu existencia en mi vida y prefiero irme de juerga al Dragón con mis patas
porque me no pago entrada y me regalan las chelas”.

Los casi dos años que pase sola, terapia, viajes interiores y exteriores, reflexión, yoga, todo a la basura por esperar a un mocoso malcriado al que yo le di importancia, y al yo le importé un rábano. Felizmente lo que uno aprende no es por la puras, y poco tiempo después me di cuenta de que un error lo comete cualquiera. Y que esos años que tanto valen para mí misma no fueron trabajo por las huevas. Sin embargo, en ese momento volví a sentirme insegura, ridícula (claro, cómo ¿no?) y nada fuerte ni independiente.

Seguimos con el radar. Mi amiga Gracia me llamó entre mocos y lágrimas para contarme que el maldito hijo de la chingada con el que salía (según ella) hacía dos semanas, al final de la tercera cita no le dio el beso que ella esperaba sino una declaración bastante sorpresiva: “no estamos saliendo, todo eso lo imaginaste en tu cabecita es mentira, yo solo quiero ser tu pata”.

Y bueno, entre mocos y lágrimas la fuerte e independiente Gracia, me dijo que en qué planeta se pudo haber equivocado tanto. Yo recordaba cuando me contó recontra entusiasmada que después de mucho tiempo había conocido a un chico que le gustaba y que estaba en proceso de conocerlo; que se lo tomó con calma, que midió su entusiasmo. Y bueno, terminó la conversación con una frase irrefutable: nadie que yo conozca agarra con sus amigos. Lo irónico es que durante 16 horas (24 horas menos 8 de sueño) se había sentido como la mujer más choteada del planeta, indigna de que cualquier hombre del mundo se fije en ella. Felizmente 16 horas pasan rápido.

No nos olvidemos de la confesión de Ana. Mientras veía La chica del Dragón Tatuado, chica fuerte y bastante independiente como sabemos los que vimos la peli, pero que también tiene su corazoncito porque le compra una casaca de cuero al pata que la deja por otra (para variar), recibí un Whatsapp de Ana que decía: Ali, ¡quiero un novio! Deslicé mi dedo por la pantalla para ver el resto del mensaje, vi que no era por un rayo que le cayó sobre la cabeza que mi amiga quería una relación, sino que humillada por una mesa en su terraza puesta para dos en la que solo estaba sentada ella, más plantada que un arbusto de rosas.

Querer tener una relación no es deseo que nos haga menos fuertes ni menos independientes pensaba yo, mientras ella me escribía que el chico al que quería de novio lo antes posible la choteo el fin de semana y quedó con ella en almorzar el domingo, como no apareció jamás, lo llamó, este se hizo el loco y le dijo para trasladar la supuesta cita para la noche, por supuesto, en el departamento de ella.

Ante un horrorizado ¿qué hago?, dije con toda la lucidez de quienes lo vemos todo desde fuera: “si quieres solo sexo, puedes tenerlo feliz de la vida puedes tenerlo más tarde, pero no parece que tu quieres novio y el quiero solo sexo, así que la decisión es tuya”.

Demás está decirles que Ana y el que no será su novio jamás, tuvieron sexo, él se fue a dormir a su casa y ella fue con cara de cubo mágico a trabajar al día siguiente.

Para cerrar con broche de oro, mi amiga Valeria que vive en Canadá (creo que no tengo que repetir que también se trata de una mujer fuerte e independiente), me llama por Skype para contarme que se siente como un trapeador porque después de haber tenido una relación únicamente sexual con un escocés, él la había arrinconado en una fiesta para darle un ultimátum. Valeria, es una persona a quien yo siempre he admirado por ser tan abierta y honesta cuando de sexo se trata, siempre directa y despojada de prejuicios idiotas. Esa misma, ahora lloraba a través del parlante de mi laptop porque el escocés le había dicho que el sexo se había terminado oficialmente con ella, porque lo había pensado y creía que ya era hora de tener una relación estable para la que ella no era candidata ni de vainas. Auch. La entiendo y a la vez, no. Si ella estaba en las mismas, ¿debería haberse sentido ofendida?, y lo que es aún peor: ¿debía sentirse tan herida como para desmoronarse de esa manera y olvidarse de quien era?

Preguntas hechas a la estratosfera. De esas que no tienen respuesta. Solo me quedo, como a todos, ser su amiga, escuchar y si se puede, tratar de razonar con la única finalidad de hacer sentir bien a quienes queremos.

Podría seguir y eso que todos estos eventos, digamos, “trágicos”, en la vida de tantas mujeres fuertes e independientes, y cercanas a mí, solo han transcurrido en un par de semanas.

¿Cómo es que nosotras y muchas más nos hundimos de esa manera cuando de amor/ilusión/emoción se trata?, ¿dónde quedan los sabios consejos que les damos a nuestras amigas y amigos?, ¿a dónde mandamos a esas mujeres lucidas, inteligentes, seguras, auto suficientes y modernas que supuesta mente somos?

Yo la verdad sí creo con firmeza que somos mujeres fuertes, independientes, sensibles, valientes y todo lo demás. Y también creo que como todos los seres humanos, tenemos un corazón que nos puede poner en el riesgo de enamorarnos. ¿Por qué digo “riesgo”? Porque cuando apostamos a una tener una relación con alguien, como pasa con el resto de habitantes del planeta, existe la posibilidad de sufrir.

Una mujer que llama “amor” a la incapacidad de estar sola, que está en una relación solo por seguir ciertas convenciones sociales o que se enamora del primero que pasa por la puerta, no es una mujer fuerte e independiente. Yo que he sido en el pasado una lisiada emocional, lo confirmo.

Estoy segura que todas mis fuertes e independientes amigas van a sobrepasar lo que pasarán a ser anécdotas de las que reiremos después, de eso se trata. Sabemos que el fin de nuestra vida no es sentarnos a esperar una llamada de teléfono, ni que una relación convierte hace que nuestra vida se “complete”, ni creemos en los mundos mágicos donde habitan príncipes, sapos, ni medias naranjas, ni finales felices. Tenemos otras cosas mucho más importantes y reales que hacer.

La vida puede ser de todo, pero no es un cuento. Bueno, solo para las creen en finales de comedia romántica.

Yo creo en las mujeres, y en las personas, que viven en la realidad. Vivir el amor, la ilusión, el sexo, cada una de nuestras emociones con valentía, inteligencia, intensidad es lo máximo y es lo que nos hace quienes somos o quienes luchamos por ser.

Al menos, yo ando en eso, yo quiero eso.

Y eso mismo les deseo a todos y todas en estas fechas de peces que beben y beben en el río sin parar, panetones, pavos y regalos. Les mando un abrazo fuerte desde aquí. ¡Feliz navidad!