Cumplí cuarenta en junio. ¿Suena fuerte?, ¿suena a C-U-A-R-E-N-T-A?, o peor aún a algo como: “¿qué has hecho con tu vida mamita que tienes cuarenta y estas sola como un perro?” Abrí los ojos como todos los días. Eso si, un poco resaqueada por la espontanea fiesta que a mi amiga Carla se le dio por organizar. Sin embargo, todo parecía estar igual. No solo parecía, estaba igual. A lo Monterroso: cuando me desperté, yo misma seguía ahí. Seguir leyendo...