No sé si es una moda reciente, o siempre ha sido una costumbre de muchos hombres gilear, coquetear y afanar a una chica soltera estando con enamorada, novia o en peores casos, esposa. ¿Soy solo yo o en la tierra ha habido una invasión de conchudos? Sin exagerar, esto es lo que me ha pasado en los últimos meses del año pasado y al parecer sigue la (mala) racha de patas que aparecen de la nada, irrumpen en mi vida virtual y arrancan con la gileada u otras formas de acoso con el fin de lograr salir conmigo. No estoy hablando de ciber-coquetear por pura diversión. Todos ellos tienen en común el haber hecho explicito el deseo de salir en vivo y en directo, ¿para qué? Aquí puedo decir con franqueza que no lo sé, no tengo ni idea, porque TODOS, sí, TODOS estaban con otra.

Aclaración uno: esta no es una cuestión de vanidad. A mí no me enorgullece para nada, ni me hace sentir más bonita, ni inteligente, ni divertida, que estos patas hayan pensado en mi como blanco para su metralleta del afán. Me interesa mucho menos si les gusto o no. Lo uno que me genera son esporádicos ataques de risa por la ridiculez y concha demostrada, pero también rabia porque en serio no hay cosa que me saque tanto de quicio como que alguien me mienta a la cara. Muy a lo Corleone y en resumen a veces quisiera gritar: no insultes mi inteligencia, deja el arma y no te olvides de los Cannolli.

Aclaración dos: ninguno de estos patas me gustó ni para ir a comer una raspadilla a la esquina. Jamás hubo ni física, ni química. Sin embargo, su insistencia además de asombrarme, me puso y sigue poniendo de mal humor. Ya no soy esa chica que caía en las garras de un chico, solo porque a él le gustaba yo. Así que no me jodan. ¿Es tan difícil reconocer un NO?, ¿son tan desubicados en la vida como para saber que están siendo rechazados? Todos los que hemos sido choteados sabemos, si es que lo aprendimos, a dar ese necesario paso atrás y desaparecer. ¿Acaso hace falta regalarles una copia de She´s not that into you para que se den cuenta de algo que está más claro que el agua? No es la voz convertirse en stalker. Eso guárdenlo para cuando sean groupies de una buena banda.

Aclaración tres: caí una vez. Sí, me la hicieron, qué vergüenza. Meto la cara debajo de la mesa en la que escribo. Me la creí con todas las letras del chat. Pero bueno, pequeño error que no causo muertos ni heridos.

Aclarado todo, empecemos.

CASO 1: LOS AMIGOS INVISIBLES

Seguro les ha pasado lo siguiente. Están sentados en su computadora y ping! mensaje nuevo de un/a fulano/fulana que jamás les había hablado antes en su vida.

En este caso se trataba del amigo de una amigo, con el que había coincidido en mil sitios y con el que nunca había hablado. Además me hizo la típica pregunta: Hola Ali, ¿ya tienes novio? Leer que pongo “no” a estos losers les debe sonar como el ding-ding-ding de una maquina de casino. Así como comenzó con la clásica conversación gilera de “quiero saber quién eres, cómo estas y lo más importante, si quieres ir a una fiesta conmigo”.

Recordé un detalle fundamental: ¿este chico no tenía algo así como una novia eterna? Se lo pregunté de frente y a la primera. Me dijo que “acababan de terminar”. Entonces, como cojuda no soy y curada de espanto estaba por el caso anterior, le pregunte si su repentino interés no era producto del efecto rebote o de esa necesidad de muchos hombres que no soportan estar solos. Me juro por la vida de su familia y su perro que no. La verdad no me importo mucho si esto fuese cierto o no, porque el pata me gustaba tanto como que me quemen con acero hirviendo. Tres insistentes días después le dije que sí; porque lo conocía desde hace años, porque es amigo de una amigo, y porque yo tenía claro que 1) no era el asesino de la sierra eléctrica y 2) que salíamos como patas.

Esa noche la pase chévere. Fue en verdad refrescante el solo hecho de salir. También de salir con alguien nuevo, a un concierto de grupos que jamás había oído, a ver gente después de tanto auto encierro.
Todo iba bien, hasta que un par de horas después empezó el carnaval de piropos y el querer agárrame la mano y/o chaparme. Cuando dije que no y mi razón fue: porque no me da la gana, apareció de pronto el hermano malo de Meteoro. Se volvió otro. Algo así como el extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

Primero me preguntó si estaba loca, después me dijo que le estaba “karmeando” la existencia” y por último, me exigió que le dijera en ese momento hacia dónde íbamos (emocionalmente).

Yo me reí en su cara por lo absurdo de las tres tonterías que me soltó, cosa que lo enfureció más y me dijo que él no podía estar en una relación conmigo porque acababa de terminar con su ex, pero que la seguía viendo y no podía hacerle eso.

Petrificada y burlona le dije:

-“¿Y quién te ha dicho que quiero una relación contigo?

Iba a explotar de la furia, cuando lo paré.

-“Tranquilo broder, han pasado cinco horas desde que me fuiste a buscar y a mí no me interesas tú, así no tuvieras ex”.

Entonces me amenazó con eliminarme de Facebook. Oh! Gran amenaza!

Cuando llegué a mi casa no lo eliminé, sino lo bloqueé. Me acosté pensando: prefiero una cita con Hannibal Lecter y que me coma entera con un vino, que volver a ver a este locón.

Una variante de este mismo espécimen es el pata que cada vez que me ve de casualidad en la calle me pregunta si puede ir a “visitarme”. ¿Visitarme?, ¿mi casa es Disneylandia? Y yo sé, porque lo sé, que tiene pareja y un hijo recién nacido. Y como el loco anterior, cada vez que le digo que no, responde como un idiota agresivo. Insisto con lo de Lecter.

CASO 2: DESDE ROMA, SIN AMOR

El siguiente es un pata escritor que me presentaron en la fiesta de fin de año de una editorial. Yo, no me acordaba de quien era cuando me empezó a hablar por Twitter. Cuando alguien por ahí me pasó el dato de quien era, una vez más me dio lo mismo. Pero tuvimos algunas conversaciones los viernes por la noche desde Roma, donde estudia un doctorado en filología italiana, que fueron más que divertidas. Un viernes en el que yo no estaba conectada a nada más que a mi televisor viendo una película, me mandó un tuit que leí al día siguiente. Tiempo suficiente para que un amigo me alertase sobre la situación civil del hombre en cuestión: TIENE UNA RELACION CON SU NOVIA.

La vida siguió sin novedad pero con algunas mentiras nada blancas. Me aviso que venía a Lima dos veces, ambas me preguntó si podíamos vernos en personas, yo le dije el popular “ya hablamos” pero cuando estuvo acá pasó lo inesperado, bueno, quizás lo recontra esperado.

La primera me dijo, ¿no te llegó mi correo en el que te decía para vernos? No había ningún correo suyo. La segunda vez, hace poco, me llamó desde aquí. Me invitó a salir. El día pactado desapareció. Cuando volvió a hablarme, por chat obviamente, me dijo que me “había llamado y yo no había contestado”.

En esta parte tengo que parar y reírme: a estas alturas de la tecnología sirve aun la mentira: te llame y no contestaste. No pues, no hay llamadas perdidas en mi Iphone, tarado. Poco después, como siempre uno se entera de todo, había venido acompañado de su novia. Debo decir que jamás se ha vuelto a poner en contacto conmigo. A mi también me daría vergüenza ser tan conchán.

CASO 3: DESDE LIMA, SIN NADITA DE AMOR.

Igual al caso anterior, solo que en vez de invitarme a salir cuando estuviera en Lima, desde acá me invitaba a tomar vino OJO en su casa o en mi casa (sí, auto invitación). Al preguntarle a un buen amigo, de esos que quedan pocos, me contó que el pata, por supuesto, tiene novia.
Bloqueado del chat.

CASO 4: EL QUE TE QUIERE PINTAR EL CIELO DE COLORES CON UN LAPIZ MONGOL SIN PUNTA

Tú me gustas hace cinco años, desde que te conocí. Con esas mismas palabras cretino #1 se mando al ring del gileo. Supuestamente me conoció en un seminario del Instituto en que estudiaba. Yo ni me acordaba de su cara y/o su existencia. Para mala suerte mía, me lo encontré en una reunión y con unos tragos encima se acercó a hablarme. Yo no sabía cómo sacarme al pesado cara de lorna que no se me despegaba. Bueno, no se me despegó hasta que logró su objetivo: salir conmigo. Pero no hablo de salir-salir, sino de encontrarnos en una fiesta de amigos en común.

En mi defensa tengo que decir que había estado más de un año sola, por decisión y voluntad propias. Por eso creo que toda la atención y carga montón de coquetería de cara de lorna, hicieron efecto. Mientras el dibujaba mi nombre en el cielo y me profesaba su amor a los cuatro vientos, yo me entregué a su supuesto cariño como niña suelta en una tienda de dulces a relamer cariñitos y todo ese resto de estupideces que nos hacen felices: ir al cine a darte de beso toda la película, caminar de la manito por parques y plazas, tener un pase ilimitado para arrumacos y apoditos MAS idiotas que todos hemos utilizado alguna vez. Hasta tuve la osadía de incluir mi favorito de todos los tiempos, y ahora hablo sin ironía pero sí con un poco de ira hacia mí misma, “mi amor”.

¿Cómo le pude decir “mi amor” a alguien al que nunca siquiera llegué a querer? Mi única explicación es que estaba sedienta de cariño, amor y atención. Y bueno, cara de lorna, pensando que la “había hecho”, andaba feliz de la vida. Y siguió feliz hasta que me contó que hacía poco había estado con alguien, con la que dicho sea de paso jamás terminó. Si alguien vio el famoso capítulo de “Friends” cuando Rachel y Ross terminan, porque ella le pidió a él un tiempo, él en menos de 24 horas el ya estaba dándole vuelta otra, Rachel lo ampaya, termina con él y la justificación de Ross fue: estábamos en un “break”. Bueno, esto es igualito: ellos también estaban en un “break”, el cual duró hasta que cara de lorna se encontró entre la espada y la pared, es decir, su novia y yo.

Como buen pendejo, no terminó al toque, sino que se tomó su tiempo para alargar nuestra supuesta relación. Nunca fuimos novios, ni enamorados ni nada, porque yo no quise. Pero él se comportaba con tal y yo le seguí la cuerda. Pero era bastante obvio para mí que jamás iba a tener una relación con un tremendo inmaduro, egoísta como él solo, juerguerito de cuarta, sin ninguna ambición en la vida, con poco o cero inteligencia, chistosito de cantina y ningún tema en común. Si hubiéramos vivido las semanas que salimos en adentro de un cine no hubiera habido problema. Yo hubiera visto películas y no me hubiese aburrido como si me hubiera pasado en la realidad.

Pero me puse cabe y cedí a la tentación de tener fácil todo eso que había extrañado de alguna manera o de llenar algún vacio. Pero como lo fácil llega, de la misma forma se olvida. Al mes siguiente que juerguerito-cara de lorna desapareció con el cuento de “quiero estar solo”, ya me había olvidado de su intrascendente paso por mi vida. Y no volví a saber de él hasta la noche de navidad.

Gracias a mi familia disfuncional pasé las doce en mi casa con un whisky en la mano como única compañía. Entonces ¿quién hizo su aparición? Aja. Gilerito-juerguerito- cara de lorna, claro que sí, a decirme que quería volver a verme, que me había extrañado cuando nos dejamos de ver, que me seguía extrañando. Yo claro, no le creí pero tampoco lo mandé al cuerno porque no sentía nada por él, además después de meses y meses de no saber nada de él, lo vi con los acertados ojos de la realidad y me pregunté: ¿cómo así terminé alguna vez de la manito con gilerito-juerguerito- mentirosito de poca monta-cara de lorna?

Pero mi espíritu navideño acepto las disculpas del caso hasta que pocos días después recibí un correo electrónico en el que me decía que por favor no lo llamara nunca más porque estaba con otra persona y eso no era justo para ella. Esa otra persona no era otra que la ex que nunca fue ex. Plop. Borrado y bloqueado.

Anoche hablaba con una amiga y le dije que quizás sufría de algo que denominé “mal jale”. Ella me dijo que no, que quizás el que esté soltera y sin compromiso me haga un blanco fácil para esta manga de desubicados.

También creo que el andar sola ese tiempo en el que lo necesité, también me hizo ser demasiado educada y paciente con el que se merecía un cachetadón virtual.

No hay mejor medicina que la experiencia, así que yo empiezo este año apuntando a un hombre imperfecto, como yo; pero también soltero y sin compromiso, como yo.

¿Oyeron bien?

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Como ya empezó mi maratón personal hacia los Oscars, ya vi estas dos películas. Les recomiendo la primera, a la que amé. La segunda es una historia de amor, muy distinta a la primera.