Cada vez que me entrevistan, el tema de la edad es una pregunta obligatoria. Me imagino que los conceptos “edad” y “busco novio” para una sociedad llena de creyentes en los 30 años como edad límite para recibir el santo sacramento o el certificado de la municipalidad, no pegan ni con goma. Para muchos de ellos, yo en vez de ir a una fiesta el sábado en la noche, debería estar tejiendo y escuchando radionovelas con mis gatos.Primero, no me gustan los gatos. Sufro de múltiples alergias y no podría vivir con un animal que se me pase la cola por la cara sin estornudar al menos unas treinta veces por hora. Quiero a los animales, pero si voy a soplarme literalmente la alergia, prefiero un perro. Debe ser por eso que se le asocia al hombre: su “mejor amigo” y no a la figura de una “solterona”. Qué culpa tendrán los gatos, no lo sé.

Tejer me parece más una tortura en vez de un entretenimiento. Aprovecho para confesarles a mis profesoras del colegio que todos los manteles, mantitas y demás cosas que me mandaron coser, bordar y tejer lo hicieron mi madre y mi abuela mientras yo tirada sobre la alfombra no hacía NADA. En mi defensa, siempre tuve severos problemas de coordinación, así que el punto cruz o el punto arroz quedaron automáticamente fuera de mis posibilidades motoras.

Y bueno, qué voy a decir de las radionovelas: ya no existen. Cuando yo nací ya existía la televisión, había que calentarla y solo se veían tres canales pero existía. Mis recuerdos más queridos de esa televisión gigante era ver a los trágicos Marco y Heidy, buscando a su mamá y a su abuelito, respectivamente y algún video de Michael Jackson.

Pero todo tiene una contraparte, a todas las solteras no nos tachan de viejitas Polistel, también es muy popular la mujer-lobo. Es decir, la soltera que sale vestidita (esto quiere decir: cuando una chica usa vestidito, blusita, faldita, topcito, shortcito, todo lo que sea bien chiquito menos los tacazos) para salir de cacería en busca de trago gratis y hombres, porque ¿qué más puede hacer en la vida una mujer soltera que buscarse un pata que le pague los tragos y después la vida? Nada pues. Entonces, en la discoteca vestidas para cazar, para qué llevar el cerebro, el buen humor, la inteligencia, la personalidad y todas esas cosas tan bonitas que tenemos en la carterita si no las vamos a necesitar para echarnos a un hombre encima (además no entraría el celular y el lipgloss, qué SI SON necesarios).

Así que entre estos dos prejuicios andamos las solteras que pasamos de los treinta (o de veinte, en casos más agudos). A la gente que piensa así, hombre o mujer yo lo descartaría EN UNA de mi vida, o al menos de la conversación. Qué aburrido. Es lamentable, pero así somos ante los ojos y de muchos. Y no voy a negar que la presión es fuerte y tiene el efecto de de bomba nuclear, nadie está a salvo.

Pero eso no es lo peor, la presión se siente y a veces entra por ese huequito que a veces dejamos descubierto porque ese día todo nos salió mal, porque nos damos cuenta que ese imbécil está con otra, porque nos decepcionamos de quienes más queremos, porque nos traicionan los que más queremos, porque nuestras hormonas nos juegan una mala pasada (sí, esos días no son los mejores para enfrentar al mundo, lo sabemos las mujeres).

Lo peor de todo y me avergüenza un poco admitirlo, es que algunas veces esa presión viene con más fuerte de nosotros mismos.

Y de pronto sentimos que le debemos algo no a una persona, sino al planeta entero; y dan ganas de suplicar disculpas por no tener enamorado, novio, marido o algún pretendiente que nos alegre el verano (no digo amante porque eso públicamente es “mal visto”, casi tanto como estar sola porque está implícito el tema s-e-x-u-a-l pero shhhh! no se lo digamos a nadie).

Sin previo aviso, parecemos locas con camisa de fuerza pero bien lacias y con pestañas falsas arriba y abajo a lo Kardashian o como Zooey Deschanel en los Globos de Oro, viendo con ojos de corazoncito al señor del cable que ha tenido la amabilidad de venir hasta acá a Barranco (ese gesto no puedo dejarlo pasar) para que yo pueda ver Grey´s Anatomy o escuchar las serenatas que todas las noches me dedica el nieto de mi casera que de hecho se muere por mí, ¿cómo se enterado que me gusta tanto Soda Stereo?, ojalá tenga más de veinte.

Si, así pensamos muchas en buscando en Facebook algún soltero para empezar a stalkearlo, o las que rebuscamos entre nuestros ex´s alguno semi-casi-decente y soltero para ver si atraca de nuevo. O ya en casos de gran desesperación y cero esperanzas en que los que piensas cómo será tu vida cuando pases los cuarenta (a mi me faltan 5 meses para llegar a la susodicha base cuatro pero digo que tengo cuarenta hace tiempo, para redondear supongo), seas considerada socialmente más vieja que la momia Juanita, que jamás podrás llevarle ventaja a una chibola así el pata en cuestión sea mayor, de tu edad o menor que tú, que te digan chibolera si sales con alguien menor, o que le digan “tu peor es nada” al chico de tu edad con el que andas en algo.

Bueno, queridas parias de todos los rincones del mundo, todo esto solo son reflejos retorcidos de los espejos en los que tenemos todo el derecho de mirarnos. Tenemos todo el derecho de sentir miedo. Todo. ¿Creen que no lo tengo cuando en mi familia le revientan cohetes solo a los que se emparejan y reproducen?, ¿cuando veo la recata fila de fotos de hijos de mis amigos en Facebook? o ¿como cuando soy la única soltera de la reunión?

Claro que podría pensar como pensaban los marineros antes de Colón cuando veían el horizonte plano, que está a punto de acabarse el “mundo de toda mujer normal”, es decir tener la familia que siempre he querido, y de pronto me encontrarme pensando en congelar mis óvulos, ponerme a buscar novio en alguna página de Internet o salir con ese insistente economista que no me gusta para nada y que está detrás de mí como perrito con sed.

Sí, tengo el derecho de pensarlo, después tengo todo el derecho de descartarlo y un rato después tengo todo el derecho de reírme de mi misma. Y no porque sean opciones ridículas para todos, pero lo son para mí ahora.

La otra vez me encontré con alguien a quien quiero en la sección de frutas del supermercado. Cuando nos abrazamos sentí exactamente lo mismo que cuando salía con él. Me sentí protegida. Él siempre fue un buen espejo en el que me vi sin rajaduras ni distorsiones. En sus ojos, en sus palabras me encontré como suelo mirarme, como debo mirarme, como me miro. Y me di cuenta de la razón, que es bastante simple la verdad, él me quiere. Ahí está la clave de todo. Al miedo lo mande a pasear. Porque aunque está bien sentirlo, es mejor aún dejarlo ir.

Yo se la edad que tengo, sé lo quiero y se quién soy. Nadie necesita recordármelo. Esa es mi chamba.

La soltería, la soledad, la edad no son errores que uno comete, por lo tanto, no tendrían que ser juzgados. Son estados y punto. Y de paso me encanta que este sea mi primer post del año.

Voy a cumplir cuarenta en junio de este año y no tengo miedo. Cuando la presión estalle, estaré yo para protegerme, y obligarme a no dejar de quererme.

A ver qué traes, 2013.

Al fin me animé a abrir un fan page en Facebook, son bienvenidos:http://www.facebook.com/alicia.bisso.9

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Dos canciones del soundtrack de la serie Girls que ando oyendo todo el día.

Esta es perfecta para la ducha.