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No sabía que mi último post iba a ser profético. Empecé lo que ahora está registrado en mi memoria como “El mejor año nuevo de mi vida”, rodeada de mis personas favoritas: mis mejores amigos, que vinieron de lejos con el único motivo de pasarla juntos, y mi familia. A pesar de no afectar el grado de alegría de la llegada del 2015, había un globo de helio desinflándose dentro de mi interior.

Y aunque la historia de ese, ahora inexistente, globo había comenzado un mes atrás, la verdad es que ya llevaba un par de años.

Y dice así. Este es el típico cuento de chico conoce a chica, chica y chico se besan esa misma noche, chico y chica salen un par de veces, chica quiere más, chico se niega. Entonces, chica cierra el capítulo.

Chico y chica –sin ninguna razón aparente- hacen apariciones esporádicas en la vida del otro. Este año chico empieza a invitar a salir a chica. Chica lo chotea varias veces porque no le interesaba salir con chico. Chico no deja de invitar a salir a chica. Chica acepta salir con chico. La pasa bien pero ahí nomás, y se pregunta por qué chico la sigue invitando a salir. En la mente de chica, chico y ella son solo amigos. Citas y conversaciones después, chico toma valor y besa a chica. Chica lo mira y dice:

- Pensé que no te gustaba.
- Siempre me has gustado –responde chico.

Chico y chica se vuelven a ver, otra vez y otra vez. Chica está contenta con chico. Chico parece demuestra lo mismo.

Entonces llega la navidad y chica nunca más vuelve a ver a chico.

De manera completamente extraña para chica, chico se sigue comunicando esporádicamente por Whatsapp. Un mes después de verlo de manera orgánica, chica le dice que esos telegramas virtuales cada vez más lejanos y fríos no le gustan (¿a quién si?). Doble check azul después, chico se borra del mapa para siempre.

Como insistir en salir con alguien que no quiere salir contigo está fuera de sus opciones de vida, días después, chica piensa que tiene dos opciones: quedarse con la duda o enfrentar la situación a lo Beatrix Kiddo en Kill Bill. Chica elige la segunda opción y se atreve a hacer algo que ya no es de nuestros tiempos, ese acto aterrador que las redes sociales han logrado eliminar del panorama de las relaciones: llamarlo por teléfono. Chico no le contesta. Chica le manda un mensaje vía doble check azul. Chico le contesta: Are you talking to me? (¿Me estás hablando a mí?).

¿Cómo se llama la historia?: Si quieres algo, déjalo libre. Lo más probable es no lo vuelvas a ver.

Lo más irónico de todo fue que me esforcé en ser mejor. Tuve paciencia, fui razonable, confiada, honesta, asombrosamente (para mi) tierna, cariñosa, abierta, vulnerable. Me propuse ser mi mejor versión. Aun así, él no quiso seguir conociéndome.

Tengo que decir algo antes de seguir. Chico no me parece hasta hoy –que vuelvo a pensar en él al escribir este post- una mala persona. Quizás solo quería un revolcón y nada más, o quiere revolcarse pero no conmigo. Sin embargo, nunca pensé que quisiera hacerme daño, aunque lo hizo y sí, lo digo con toda la tranquilidad del mundo. Es de adultos admitir, aceptar y seguir adelante.

Así que decidí dos cosas, esta vez.

Primero, ¿iba a romperme la cabeza y torturar a mis amigos con la cantaleta de “¿qué le pasa?” una y otra vez? No. Lo que está en la cabeza y el corazón del otro, o como para él haya sido lo que pasó, es su rollo. Para rollos todos tenemos suficiente con los propios. Y aún peor, me iba destrozar a latigazos preguntándome qué hice mal o que parte de mi no funciona bien para no gustarle a un pata que no fue capaz de ni de mandar un mensaje de texto que dijese “siempre no, muchas gracias”. No iba a someterme a someterme a una metralleta de juicios y culpas, simplemente porque ya me respeto lo suficiente como para destrozar lo que cuesta tanto construir: el autoestima.

Y segundo, ¿cuál demonios es la mejor versión de mí misma? La otra vez una buena amiga me recordó –porque a veces se nos olvida- que la mejor versión de mi misma estaba sentada frente a ella y si existía alguien al que no le gustaba, NEXT. Acá si tengo que reconocer un error en el que cualquiera puede caer, el entusiasmo o la ilusión nos alejan de la realidad y nos hacen querer ser perfectos para alguien que nos gusta. La realidad es esta: somos gente imperfecta que se enamora de gente imperfecta. No hay vuelta que darle.

Así que ya saben, el rechazo de alguien no mide nuestro valor. El amor por el contrario, sí.

A pesar de este ligero tropezón, sigo con mi filosofía retener en mi vida y mi presente a las personas a las que quiero, valoro y admiro, y tratar de permanecer en sus vidas como yo, Ali, la versión real.

La única versión de mi misma espera que hayan pasado el mejor año de sus vidas (me disculpo porque este deseo llegue con el año nuevo chino), no olviden que su mejor versión son ustedes mismos y si alguien les dice que no puede volver a verlos porque es navidad, año nuevo, bajada de reyes, es puro floro.

Ya estamos en mi época favorita del año, las premiaciones. Aquí va la mejor película que he visto en lo que va del 2015.

Y para que vean que hay personas que si tienen el valor de pedir disculpas, decir que fue paja conocerte y que te tendrán cariño para siempre, gracias P. por todo eso y por regalarme esta canción.