Lo confieso: me enamoré de Aruba.

Me enamoré desde que el mar turquesa se asomó por la ventana del avión minutos antes de aterrizar. Volví a hacerlo cuando una sonrisa me dio la bienvenida en el aeropuerto. Viví un romance en cuanto pisé la arena blanca y me sumergí en las tibias aguas del Caribe. Y conocí la felicidad cuando me abrazó el calor de sus días y también el de su gente, que habita en esta maravillosa porción de cielo en la tierra.

Eagle Beach. Foto: Autoridad de Turismo de Aruba / Wings Global Media.

Eagle Beach. Foto: Autoridad de Turismo de Aruba / Wings Global Media.

Así es el paraíso

Aruba es de esos lugares que parecen lejanos e inalcanzables pero en realidad está muy cerca, a solo 25 kilómetros de la costa sudamericana. Un vuelo a Bogotá (3 horas), seguido de 90 minutos en otro avión y ¡Bonbini na Aruba!, te dan la bienvenida a esta pequeña isla holandesa en su lengua local, el papiamento.

Una frase en un idioma dulce con la que abren las puertas del paraíso: once kilómetros de playa, un sol que ilumina todo el año y casi 30°C que no sofocan, gracias al viento que mueve palmeras y al suelo arcilloso que absorbe la humedad y evita la piel pegajosa.

Foto: Avianca.

Foto: Avianca.

Todo lo que necesito para ser feliz

Imaginar una ciudad sin tráfico, con índices de inseguridad muy bajos y apartada del caos era casi imposible para mí, una peruana acostumbrada a lidiar con todo eso y más. Pero al conocer Aruba me di cuenta que esa realidad existe.

La isla feliz, como le llaman los locales, lucía casas coloridas de arquitectura holandesa, playas impecables, sin multitudes ni ambulantes. Nada me distrajo del ‘relajo mode on’ en el único sitio de la tierra que no conoce el significado del estrés. Prueba de ello es que en papiamento, su lengua local, no existe traducción para esa palabra.

“Imposible no ser feliz con 360 días de buen clima”, pensaba. Estando fuera del cinturón de huracanes ni siquiera hay que preocuparse por el pronóstico del tiempo. ¡Fue amor a primera vista!

Playas para recordar

Eagle es la tercera playa más hermosa del mundo según TripAdvisor. Así que desde que llegué estuve ansiosa por verla y caminar sobre la que leí, era la arena más suave de Aruba. Fui por la tarde, cuando el sol se unió con el mar y pintó el cielo de múltiples colores. Sin duda fue la postal del viaje.

Foto: Autoridad de Turismo de Aruba / Juan Torres.

Foto: Autoridad de Turismo de Aruba / Juan Torres.

Rendirse a los encantos de Mangel Halto también fue simple. Rodeada de manglares y perfecta para practicar snorkel por la claridad de sus aguas. El plan incluyó un paseo en kayac y un almuerzo de cara al mar, semejante al que organizan las parejas para declarar su amor o celebrar en familia.

Foto: Autoridad de Turismo de Aruba / Juan Torres.

Foto: Autoridad de Turismo de Aruba / Juan Torres.

Algo más coqueta y bulliciosa estuvo Palm Beach, la playa de los hoteles donde veranean locales y foráneos. Y cómo olvidar Andicuri, la playa de espíritu salvaje donde se realizan campeonatos de bodyboard. ¿Lo mejor? Todas son públicas.

Sí, acepto

Además de veranos eternos, las hermosas playas de Aruba son escenario de pedidas de mano y bodas al más puro estilo de Pinterest: con caminitos de corazones en la arena, mesas repletas de detalles románticos y altares vestidos de flores.

Como la que recreó Glendeline Maduro, directora de The Proposal Planner, con una pareja que vive un amor de novela: “Nos conocimos hace 10 años. Vi su foto en una aplicación, me pareció muy atractivo y lo agregué. Él me mandó un mensaje. Después de unas semanas nos vimos y no nos separamos desde ese día”, comenta la novia, Dahariana Evertsz.

La historia de amor de Dahariana y César es una de las tantas que se escriben sobre la arena blanca de esta isla feliz. Apenas llegué, pasé la tarde en Palm Beach y vi una boda. Dos días después, vi otra en Eagle Beach.

Celebrar el amor por estos lares es tan común que existe un buen número de planeadores de bodas como Fernando Mansur, director de House of Mosaic, que organiza ceremonias suntuosas de más de mil invitados y otras más íntimas pero igual de especiales.

A la cama

Bien dicen que no hay mayor placer que comer. Y eso lo sabemos los peruanos. Por ello, me encantó enterarme que Aruba cuenta con más de 200 restaurantes en los que puedes enamorarte por el estómago o cenar bajo la luz de la luna, en una cita solo para dos.

Y como a mí me gusta sorprender, encontré uno de los lugares más curiosos de la isla: el Screaming Eagle, una propuesta importada de Holanda en la que puedes cenar o tomar unos tragos en la cama. Así como lo lees. Ahora solo queda pensar a quién llevarías.

Directo al corazón del Caribe

Recuerda que los peruanos solo necesitamos el pasaporte vigente y una certificación internacional de la vacuna contra la fiebre amarilla para ingresar a Aruba. Mira dónde, cuánto cuesta y cómo aplicarla en mi POST ANTERIOR.

También será fácil comunicarte. Los habitantes de la isla feliz hablan en papiamento, una lengua local, y también holandés. Además, en la escuela aprenden castellano e inglés.

Si todavía no te convence lo que te digo, MIRA EL VIDEO donde los propios arubianos explican por qué viajar a la bien llamada isla feliz:

Vive una aventura y arriesgarte al amor con las ofertas del portal oficial de Aruba. Y  sígueme en las redes para más datos viajeros:

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