Por fin pude visitar el famoso Q’eswachaka, el último puente inca que está en Cusco. Una obra colosal hecha de una fibra natural llamada qoya, que mide 28 metros de largo y que está suspendido a más de 30 metros de altura, sobre el río Apurímac. Un puente que forma parte de la red de caminos Qhapaq Ñam, que es Patrimonio Cultural Inmaterial y que además de asombrar al mundo, pone a prueba la valentía de sus visitantes.

Puente Inca Abre

Aunque los pobladores de la zona lo transitan con total destreza, se sientan para reemplazar las sogas caídas y hasta corren de un punto a otro, yo prefiero avanzar con precaución. Des-pa-ci-to, como para no generar ningún movimiento temerario, y bien aferrada a las barandas, para evitar la caída si pierdo el equilibrio.

Tradición milenaria

El puente Q’eswachaka se renueva cada año. Las comunidades de Huinchiri, Chaupibanda, Qollana Quehue y Chocayhua se encargan de tejerlo con la misma técnica usada por el Imperio Inca, en una fiesta que dura cuatro días de mucho trabajo y celebración.

Victoriano es un Chacaruwaq o tejedor del Q’eswachaka. Junto a otro líder, este poblador quechua, organiza a las cuatro comunidades para la renovación: “Trabajamos como ciento cincuenta personas. Cada comunidad tiene una tarea. Por ejemplo, Huinchiri trabaja tres días; Chocayhua se encarga del suelo y los palos para asegurar el puente”.

Las mujeres tejen las sogas de qoya en los días previos a la fiesta, pero no vuelven a aparecer hasta que los varones hayan instalado el puente inca. Según sus creencias, ellas atraerían la mala suerte, así que se mantienen lejos de los festejos y solo pueden cruzarlo después de su reestreno.

Por suerte, mi visita fue en la semana previa a la renovación. Así que pude transitarlo y en el trayecto, sorprenderme con algunas partes gastadas, que le pusieron más emoción a esta actividad que debe estar en tu ‘bucket list’ (o cosas que debes hacer antes de morir).

¿Cómo llegar?

El Q’eswachaka, está en la provincia cusqueña de Canas, a unas cuatro horas de la ciudad de Cusco. Es fácil llegar en auto porque el trayecto es asfaltado, casi en su totalidad, y la belleza paisajística del camino tienta a detenerse más de una vez para sacar algunas fotos.

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Otra forma de ir es contratando una agencia, que te recoge de tu hospedaje y que complementa el recorrido con la visita a Checacupe y al circuito Cuatro Lagunas. Hay precios desde S/120 por la excursión de día completo. Revisa la página de Y tú, ¿qué planes? para que encuentres el programa que más te conviene.

En mi búsqueda, di con Chullos Travel, que sale a diario de la ciudad de Cusco y que brinda un excelente servicio. Hizo paradas en Rumicolca, un portal Wari que también fue usado por los incas. También en Urcos, para comprar algunos snacks cusqueños, y finalmente, en Checacupe, conocido por mantener tres puentes: uno inca, otro colonial y otro republicano. Después de visitar el Q’eswachaka, fuimos el sector denominado Cuatro Lagunas.

La fiesta de renovación del puente inca es la segunda semana de junio, e incluye un pago a la tierra y danzas. Ten en cuenta que esta es la única época del año en la que no puedes cruzar el puente, por obvias razones. Sin embargo, el atractivo permanece abierto los 365 días. Así que organiza un viaje y descubre otra maravilla de Cusco.

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