Atenas es una ciudad que no suele dejar la mejor impresión en los visitantes. Es caótica, el tránsito es infernal y la arquitectura se resume mayormente a miles de edificios cuadrados con muchos balcones pero con poca gracia. Hace dieciocho años, Atenas fue la primera ciudad de Europa que visité y me quedé algo decepcionado. No encontré las construcciones grandiosas y elegantes que imaginaba abundantes en cualquier capital europea digna de su nombre. Si se hace extracción de la Acrópolis y algunos otros vestigios de la antigüedad, el centro de Lima resulta mucho más interesante desde un punto de vista arquitectónico.

Hace unos meses volví a esta ciudad con una mirada más madura y con la ventaja de tener algunos amigos locales que me mostraron algunas de las virtudes de su ciudad. Los atenienses disfrutan mucho del buen comer y de la buena vida. Lo que Atenas no tiene en arquitectura lo tiene en energía, y es justamente probando su noche que se puede disfrutar mejor de su esencia.

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Un preámbulo necesario a la noche ateniense es estar estancado en el tránsito, sea saliendo del trabajo o de casa. Una cosa que impresiona de Atenas es que pese a que es una ciudad tan congestionada, el carro sigue siendo el rey. Los atenienses aman sus carros y los utilizan aun para desplazamientos que pueden hacerse fácilmente a pie, lo cual contribuye a su famoso problema de tráfico.

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Comenzamos la noche en el barrio costero de Glyfada con un aperitivo en el genial bar Balux House Project, donde uno puede relajarse tomando un trago en camas, sofás y sillas rodeados de bibliotecas llenas de libros, juegos de mesa y todo lo que se les pueda ocurrir para sentirse tan a gusto como en tu casa.

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Después de un aperitivo, qué mejor manera de continuar la noche que con buena comida. Puedo afirmar que Grecia es uno de los países en el mundo en los que se come mejor. Les recomiendo un callejón metido en la calle Kaningos, no muy lejos de la universidad. Ahí encontraran unas típicas tabernas donde sirven comida cretense. Esta incluye, quesos, legumbres, carnes, y pescados bañados por generosas cantidades de aceite de oliva. ¡Es de lo mejor!

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El barrio de Gazi se sitúa en las inmediaciones de una antigua fábrica de gas y se ha convertido en uno de los barrios más de moda en los últimos años. Los postres y pasteles del Gazi College son buenísimos, así como el ambiente.

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Durante estas salidas confirmé lo que ya había observado durante el viaje a Grecia. Si bien el mantenimiento y la estética exterior de los edificios suelen dejar mucho que desear, la arquitectura interior de casas y locales suele ser muy pensada. Los interiores están muy bien mantenidos y en el caso de lugares públicos y locales, el nivel de detalle y diseño interior es impresionante. Hasta los baños de los restaurantes y cafés más modestos utilizan fina cerámica y acabados de primera en sus baños. Créanme que en ese sentido volver a Francia me hizo sentir como regresar al tercer mundo, ya que los baños públicos suelen ser muy mal mantenidos.

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Otro lugar que vale la pena conocer es el complejo de Gazarte , que alberga un bar, un restaurante, una librería y un cine. Me divirtieron mucho los afiches colgados en el bar mostrando a curiosos personajes como “La señorita popularidad y su cortejo” y “Los Enamorados” (arriba).

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“Los Must de la cultura” y “La amante secreta”

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Del glamoroso barrio de Gazi enrumbamos al más bohemio barrio de Monasteraki, no sin antes detenernos a admirar la famosa Acrópolis iluminada de noche desde la terraza de un bar tranquilo.

Una entrada un tanto disimulada nos llevó a un enorme bar y espacio de exposición de arte contemporáneo llamado The Art Foundation. Las ventanas de colores detrás de la barra hacían que los barmanes parezcan salidos de una propaganda de Apple.

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En unas salas muy parecidas a unas catacumbas se podía observar una obra de arte contemporánea conceptual representando a los participantes de la crisis del Euro, los PIIGS, por sus siglas en inglés (Portugal, Italy, Ireland, Greece, Spain) termino que se traduciría al castellano como los ‘chaanchos’.

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La crisis también estaba presente en una de las exposiciones fotográficas del piso de arriba, donde un reportaje mostraba la pobreza en Portugal.

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Saliendo de TAF, tomamos varias callejuelas del barrio de Monasteraki. Algunas estaban vacías, otras llenas de pósteres anunciando actividades culturales o conciertos.

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Otras calles albergaban tiendas de antigüedades desde donde nos observaban sus solitarios inquilinos.

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En algunos bares, los parroquianos disfrutaban de conciertos. También pasamos delante de una panadería donde degustamos un pan tradicional recién salido del horno.

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Terminamos la noche en la Plaza de Agia Irini, dominada por la Iglesia del mismo nombre, pero rodeada de varios bares de moda.

El Booze Cooperativa, situado en la calle Agio Marko, cuenta con un patio, varios salones, escaleras, decoraciones colgantes y mesas muy largas donde puedes compartir con gente de otros grupos. El todo parece salido de una pintura de Dalí. Ya bastante entrada la noche y con varios tragos encima nos pusimos a jugar ajedrez en equipos contra otro grupo de gente y comunicándonos los unos a los otros en todos los idiomas.

No sé cómo hacen para poder salir tanto considerando los sueldos tan bajos que tienen unidos a la crisis actual. Una posible explicación sería el hecho de que la gente suele vivir con sus padres hasta los treinta y tantos años, por lo que pueden gastar en salidas lo que se ahorran de alquiler. Espero que la situación actual no destruya la vibrante vida nocturna de Atenas. Creo que para agarrarle el gusto a esta ciudad no puedes quedarte solo con el Partenón, sino que hace falta una buena noche de juerga que resultará el recuerdo más memorable de la ciudad.

Quisiera agradecer especialmente a Ileana y Labrini por su hospitalidad y por hacernos probar un mordisco de la noche de su ciudad.