Si alguna vez leyeron “El Libro de la Selva” o vieron la película de Disney basada en esa historia, recordaran unas ruinas majestuosas donde Mowgli se oculta. Es posible que Rudyard Kipling se haya inspirado en Orchha para inventar esos restos arqueológicos.

Orchha es un lugar curioso. Fue la capital del reino de los Bundelas entre los siglos XVI y XVIII, cuando fue perdiendo importancia y cayendo poco a poco en el anonimato. Su nombre significa “Lugar Escondido”. Hoy en día es una colección de magníficos palacios y templos abandonados en el medio de un pequeño pueblo rural indio donde la gente sigue su rutina con una indiferencia total hacia los monumentos construidos por sus ancestros.

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Para llegar ahí contratamos un taxi desde la más turística Khajuraho, conocida por sus templos eróticos que muestran escenas del Kama Sutra grabadas en piedra. Considerando que éramos cuatro, el costo de un taxi valió la pena para evitar las demoras típicas de los autobuses. La carretera estaba mayormente asfaltada, pero el trafico de peatones, ciclistas, carros, camiones y vacas no permitía al taxista de pasar los 50 km/h. A medio camino nos detuvimos para observar a un hombre guiando a su elefante de carga.

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Llegamos a Orchha a finales de la tarde bajo una fuerte lluvia. El taxista nos dejó en un modesto hotel a las afueras del pueblo, donde descansamos mientras pasaba la lluvia. Ya caída la noche salimos a buscar algo de comer y pudimos darle un primer vistazo a algunos de los templos y palacios iluminados por la luz de los pocos carros que pasaban por la ruta.

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A la mañana siguiente, dos de mis compañeros de viaje presentaron un problema gastrointestinal que les impidió salir del hotel durante la mañana, así que salí con mi otro compañero a explorar los alrededores del hotel. Lo primero que hicimos fue entrar al Templo Lakshmi Narayan, que se encontraba a solo unos pasos de nuestro alojamiento.

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El templo más parece un fuerte que un templo propiamente dicho y se sitúa encima de una colina, lo cual nos brindó una linda vista del pueblo. En él hay pinturas murales muy bien preservadas que muestran escenas de caza y guerra.

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Bajando del templo llegamos a un caserío poblado por gente muy pobre pero muy sonriente. Varias señoras y niños se nos acercaron y trataron de comunicarse con nosotros por medio de gestos y sonrisas.

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Al volver al hotel vimos que la situación de uno de nuestros compañeros había empeorado. ‘Shala’, el uruguayo, tuvo la idea de ir a la posta médica del pueblo para que le den suero, lo cual fue una de las memorias más fuertes del viaje. La clínica era una casa baja con dos cuartos. En uno había una sala de espera y un escritorio, en el otro algunas camas donde reposaban los pacientes a la espera de su tratamiento. En una de estas camas estuvo el ‘Shala’ mientras el médico le puso tres bolsas de suero. Estuvimos tomando turnos para acompañarlo o ir a pasear. También teníamos que ocuparnos de ahuyentar a los perros sarnosos que intentaban entrar a la clínica desde la calle.

Al final, Laurent, el cuarto viajero, también comenzó a sentirse mal, así que me quedé solo para explorar. Lo curioso es cómo el pueblo vive su vida cotidiana a la sombra de monumentos majestuosos. Montan bicicleta, venden tomates, construyen pequeñas casas, todo esto con templos y palacios como telón de fondo.

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Atravesé el mercado bordeado por los impresionantes templos de Ram Raja y Chaturbhuj….

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Y crucé un riachuelo para entrar en el recinto del Jahangir Majal. Este impresionante palacio fue construido en el siglo XVII para darle la bienvenida al emperador Mogol durante una visita oficial. El palacio cuenta con innumerables torres, escaleras y patios que parecen salir de un dibujo de M.C. Escher.
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En el interior del palacio me topé con dos simpáticas señoras vestidas con un tradicional sari. Me hicieron las típicas preguntas como de qué país vengo, cuál es mi nombre, si estoy casado, etc. Después de explorar el palacio caminé medio kilómetro hacia el río para observar los catorce cenotafios o tumbas vacias. Estos edificios fueron erguidos en honor a los diferentes reyes de Orchha. Los mejores lugares para observarlos son desde el puente o desde una pequeña playa de piedras donde jóvenes y adultos se bañan y juegan en el río.

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Al atardecer encontré a mis compañeros de viaje recuperándose en el hotel. Su dieta por los siguientes días consistió de arroz blanco y tostadas. La mañana siguiente pudimos pasear al borde del río antes de tomar un taxi que nos llevó a la ciudad de Jhansi a 18 kilómetros de Orchha, donde cogimos un tren de cuatro horas rumbo a Agra, mejor conocida como la ciudad del Taj Mahal.