cuerdo que en 1982, cuando estaba en segundo grado, la maestra nos habló del peligro que corría la humanidad a causa de la posibilidad de una guerra nuclear porque los “malos” de los soviéticos estaban enfrentados contra los buenos de los estadounidenses. Esa charla me inspiró un par de pesadillas donde bombas atómicas caían en Lima y mi familia se pulverizaba. No sé si ese era necesariamente el tipo de lección que se debería dar a niños de 7 años, pero bueno, ese es otro tema. Lo cierto es que para alguien que pasó su niñez durante el final de la Guerra Fría, Rusia más que un país resulta un mito.

Más de una vez escuché que algún amigo de mis padres comentaba que conocía a alguien que había ido a Rusia por algún motivo oficial.
- ¡Que tienes a alguien asignado que te sigue como un sabueso por todos lados dónde vas!
- ¡Que no puedes hablar libremente con la gente!
- ¡Que no hay nada en las tiendas!
-
Este tipo de expresiones no hacía más que aumentar mi fascinación. La idea de que hay un país, un mundo paralelo al nuestro donde todo es tan diferente. La caída del muro de Berlín agregó aun más mitos: Infraestructuras en decadencia, choques sociales, mafia, delincuencia, prostitución, nuevos ricos. Tantos mitos alimentados por películas de la época como “El Santo” y “Goldeneye”.

En 1997 hice un viaje de casi dos meses por Europa y Medio Oriente y no pude resistir la tentación de desviarme y viajar a Rusia aunque sea por una semana. En el 2001 viajé en transporte público entre Turquía y Kirguistán pasando por cinco antiguas republicas soviéticas que aunque no eran Rusia, me hicieron bañarme en algo de cultura rusa, sobretodo aprender a leer el alfabeto y así como varias palabras que utilizaba de manera burda para comunicarme. Más recientemente en el 2009 viajé con Carlos, un amigo Colombiano a Rusia por diez días.
Estoy lejos de poder considerarme un experto en viajar a Rusia, ya que he estado solamente en Moscú, San Petersburgo y un pequeño pueblo en el medio entre las dos ciudades llamado Dubrovki. Todavía me quedan muchas cosas pendientes que visitar en Rusia y estoy seguro que volveré, pero aquí tienen algunos consejos de alguien que ha viajado en Rusia sin tours.

Visas: Desde el año 2011, los peruanos no necesitamos visa para visitas turísticas de hasta 90 días en Rusia. Es algo por lo que podemos sacarle la lengua a nacionales de países de la Unión Europea o de Norteamérica ya que el proceso para obtener una visa turística rusas es fregadísimo: Necesitas carta de invitación de algún organismo en Rusia, también mostrar que tienes reservaciones para cada noche en la que estas en el país (aunque al final las anules), pagar un coste de.. En fin viva el 2011!

Idioma: No le tengan miedo al ruso! Es verdad que el alfabeto puede ser intimidante, y la lengua muy diferente a la nuestra, pero hay muchas palabras útiles que tienen raíces latinas o inglesas: Supermarket/супермаркет; Gastronom/Гастроном es un lugar donde venden comida; restaurante/ресторан por dar algunos ejemplos. También la pronunciación es fonética y muy similar a la pronunciación castellana. Entonces la clave es aprender a leer el alfabeto que no es tan difícil: una tercera parte de las letras son las mismas que en el alfabeto latino, otra tercera parte son letras que existen en el alfabeto latino pero que tienen otro sonido y otra tercera parte son letras que no existen en el alfabeto latino pero tienen un sonido equivalente. Es importante para poder leer los destinos del tren o para pedir comida en un restaurante. En mi último viaje descubrí que en varios restaurantes el menú en ingles era más caro que el menú en ruso y el hecho de poder leer el menú sabiendo un par de palabras básicas como papas/картофель (cartofel) carne/мясо (miaso) o queso/сыр (sir) te ayudaran a escoger la comida. Claro que una guía de vocabulario con la escritura cirílica y la transcripción fonética es indispensable.

El Vodka: Si bien la gente puede parecer un poco arisca, una vez que te toman confianza pueden ser muy amigables. Las oportunidades no van a faltar para que te inviten a tomar un trago de vodka, generalmente en pequeños vasitos. PELIGRO: Nunca es solo un trago, generalmente se vacía la botella y suele haber otra botella esperando abrirse. Los rusos son bebedores de vodka de categoría olímpica, y si no crees poder competir con ellos, lo mejor es abstenerse bajo una excusa como:
- No gracias, soy alcohólico.
- No gracias, estoy tomando medicamentos.

Lugares que visitar: Si bien lo típico es visitar Moscú y San Petersburgo, porque no explorar otros lugares. El “Anillo de Oro” es un grupo de ciudades históricas situadas a las afueras de Moscú. El turismo rural es una opción interesante. Cuando fui en el 2009, descubrí el excéntrico sitio de Uncle Pasha llamado Russian misery tourism, donde te puedes quedar en una cabaña rural tradicional en un pueblo rustico al lado de un tributario del rio Volga. Al final no me quede con Pasha sino con un vecino suyo Nicolai Vasin: nvasin@mail.ru. La experiencia fue muy buena. Comer comida típica, en una casa de madera, usar el sauna tradicional de la casa, ver los pueblos rusos típicos en vías de desaparición por el envejecimiento de sus habitantes, visitar la vecina ciudad de Staritsa, donde el tiempo parece haberse detenido en 1985.

Mientras algunos se enriquecen y muestran los frutos de su riqueza sin complejos (y a veces sin mucho gusto)…

Otros, sobretodo los mayores, añoran los viejos tiempos del comunismo porque no encuentran su lugar en la nueva sociedad

El metro de Moscu es impresionante y elegante. Hay arte, esculturas, y candelabros en las diferentes estaciones.

La realidad rusa finalmente es distinta a los estereotipos mediáticos, aunque es fácil identificar muestras de los mismos durante un viaje a Rusia: Riqueza ostentadora, diferencias sociales entre jóvenes y viejos, mujeres que te coquetean por ser extranjero, infraestructuras decadentes, pero con todo y eso se ha convertido en un país normal. Creo que para encontrar el ambiente de Guerra Fría de mi niñez tendré que apurarme a visitar Corea del Norte….