Me bajé en la estación de Aurangabad, en el estado de Maharastra, después de haber pasado prácticamente un día entero sobre el tren. Estaba nervioso. Si bien ya tenía más de 24 horas en territorio indio, prácticamente no había tenido los pies en su suelo.

Todas las imágenes de pobreza, suciedad e intoxicación con las que me había alimentado mi entorno durante toda la vida me vinieron a la cabeza, por lo que iba a tener que luchar fuertemente contra ellas para poder disfrutar el viaje con tranquilidad. Primera acción: conseguir alojamiento. Felizmente la mayor parte de hoteles que miré funcionaban bajo el principio de 24 hour check-in, es decir, haces el check-out a las 24 horas de haber entrado, lo cual me dio la flexibilidad de tener una habitación muy temprano por la mañana. Terminé tumbándome en la cama por un par de horas (previa negociación por el precio de la habitación por supuesto).

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Un par de horas después me levante con un hambre voraz. Como tenía miedo de que la comida que vendían en el tren me cayera mal, no había probado bocado desde hacia treinta horas más allá de lo que me habían invitado algunos compañeros de vagón. Al asomarme a la calle sentí por primera vez en mi vida esa repetitiva experiencia que experimentaría una y otra vez durante viajes asiáticos: la mirada directa de alguien clavada en mí, seguida de un exasperante:
- Autorickshaw, sir?
(En función del país pueden sustituir autorickshaw por mototaxi, tuk tuk, moto o cualquier otra variante).
- No gracias amigo.

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Un par de pasos más adelante se repitió la misma pregunta:
- Autorickshaw sir?
- No thank you, my friend.
Y luego otro:
- Excuse me my friend…………………………Autorickshaw, yes?
- No thank you. I want to walk.
Debo confesar que al cabo de quince interpelaciones decidí que a no ser que quisiera pasar todo el día contestando la misma cosa, lo mejor era ignorarlos, aunque esto me haga sentirme grosero.

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Finalmente me senté en un local que me inspiro confianza y pedí un desayuno sin saber muy bien lo que era. Los sonrientes propietarios punjabís me sirvieron un plato suculento y un té. No llegué a confirmar el nombre del plato. Lo más probable es que sea una variante de un plato llamado uttapam, hecho a base de una harina de arroz y de una harina de lentejas, pero lo cierto es que he intentado encontrar exactamente el mismo en otros restaurantes punjabís y no termino de convencerme de que es el mismo. ¿Alguna vez les ha pasado eso?

Una señora llenando unas botellas con el agua de una acequia contigua a una casa de lujo me recordó las grandes diferencias sociales que existen en el país. Aun así el nivel de pobreza no me chocó tanto como esperaba. No sé si es porque creí que fuera peor o porque ya me había preparado mentalmente a ello. Aurangabad contaba en diciembre del 2002 con 800.000 habitantes. Wikipedia dice que ahora cuenta con 1.2 millones. Con poco más del 30% de la población en la India viviendo en ciudades, lo más probable es que la población de Aurangabad crezca exponencialmente en el futuro.

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Decidí visitar las cuevas de Ellora ese mismo día dada su relativa cercanía, pero antes paré en el pueblo de Daulatabad para visitar su impresionante fuerte que domina la comarca desde la cima de una colina.

Las cuevas de Ellora se sitúan a unos 30 km de Aurangabad. La palabra cuevas resulta un poco inapropiada para describirlas. Este magnífico conjunto de templos ha sido excavado directamente de la roca entre los siglos VI y VIII de nuestra era, y son comparables a Petra en Jordania o Lalibella en Etiopía.

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Lo más impresionante es el templo de Kailashnath que parece ser un edificio, pero ha sido excavado íntegramente de una montaña y se sitúa en el centro del complejo.

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Al día siguiente tomé un viejo micro para llegar a la aldea de Ajanta, a unos 100 km de Aurangabad. Nunca olvidaré la mirada penetrante de las tres señoras sentadas frente a mí.

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Las de Ajanta forman un complejo de 30 cuevas alineadas en forma de herradura alrededor de un riachuelo. En el interior de ellas se pueden observar esculturas budistas talladas en la piedra. Algunas tienen entradas muy elaboradas.

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Un simpático grupo de turistas indios me pidió que les tomara una foto y luego me propusieron volver en su autobús mucho más cómodo que el polvoriento micro de la mañana.

Esa misma noche tomé un tren hacia Bombay a 8 horas de distancia, pero otro mundo: A cidade de boa baía, Bombay, Mumbai, Bollywood, Maximum City, en suma, la Nueva York del subcontinente.

(Continuará)

Nota: Las fotografías que estoy utilizando para ilustrar esta serie de entradas son las que tomé con mi cámara no digital durante ese viaje. Si bien he vuelto a la India dos veces más y he repetido algunos de los destinos de esta serie con otro material fotográfico y con un mejor dominio de la fotografía, he preferido usar únicamente fotos de ese viaje. Disculpen por la calidad del escaneado y de las fotos en sí.