A las 7 de la mañana llegué a Mumbai después de un trayecto de 9 horas desde Aurangabad. Bajo del tren y me abro camino entre las multitudes con mis dos mochilas. Al salir del Mumbai CST (Chhatrapati Shivaji Terminus), antiguamente conocida como Victoria Terminus, no puedo parar de admirar el edificio con sus elementos neogóticos mezclados con influencias indias. Camino media hora hacia el sur para llegar al YMCA en el barrio de Colaba, donde alquilé una cama en un dormitorio. Los hoteles en Mumbai son los más caros del país y como estaba esperando la llegada de mis compañeros de viaje preferí ahorrar un poco.

Después me puse a caminar. Mumbai es una ciudad fascinante, no desde un punto de vista turístico clásico, ya que no tiene tantos monumentos, sino porque es un microcosmos del subcontinente. Es fácil compararla con Nueva York; ambas ciudades se encuentran en una isla, son centros financieros y son cosmopolitas. Aquí coexisten todos los grupos étnicos de la India. También es el refugio de diversas minorías como los Parsis, descendientes de zoroastrianos iraníes pudientes que llegaron a Mumbai con su fortuna hace mil años huyendo de la persecución musulmana en Persia. Una particularidad de este grupo es que ponen a sus muertos en lo alto de unas torres para que sean devorados por los buitres, ya que consideran que enterrarlos o quemarlos contamina a los elementos, que consideran como sagrados.

Mumbai contiene todos los extremos de la India. Por un lado comprar un departamento promedio en el centro cuesta US$ 9,000 el metro cuadrado, por el otro cada año llegan cientos de miles de personas de las zonas rurales a probar suerte.

Hablando con gente proveniente de diferentes orígenes las opiniones coincidieron:
-”La ciudad es dura, pero tenemos más oportunidades aquí que en nuestras aldeas”.
Existen miles de familias que duermen en las aceras a pesar de tener uno o varios trabajos debido a la dificultad de competir con otras veinte millones de personas por un metro cuadrado donde dormir. La mayor parte de los Mumbaitas viven en barriadas o en mini viviendas de muy mala calidad llamadas chawls. Sin embargo, a pesar de los altos niveles de pobreza, la delincuencia es relativamente baja y no me sentí inseguro, aunque años después, durante un viaje de negocios, tuve un terrible incidente en un taxi por culpa de una compañía aérea, pero eso será material para otro post.

Del barrio de Colaba con algunos edificios Art Deco que me recordaban vagamente a Miami Beach fui caminando por el barrio de Fort y dirigiéndome hacia el célebre malecón de Marine Drive. En el camino pasé por el parque del Maidan Ovalado y pude apreciar el legado británico tanto en la arquitectura de la Corte de Justicia y la Universidad como en los grupos de jóvenes jugando cricket en el pasto.

Lo primero que me llamó la atención al llegar a Marine Drive no fue el mar, sino un enorme letrero con la cara de dos personajes de película observando el tránsito y promocionando el último producto de la fábrica de sueños Bollywoodense. Cada año la India produce un numero de películas dos veces superior al producido por Hollywwod y la mayor parte se producen aquí. Suelen contar historias de amor imposibles donde los personajes principales se aman profundamente, pero donde no hay sexo explícito para así respetar las sensibilidades culturales de la sociedad.

Después de cruzar valientemente los seis carriles de la avenida pude pasearme a lo largo de los 4 kilómetros del malecón a lo largo de una bahía semi-circular perfecta. A mi derecha una hilera de edificios blancos con la pintura desgastada pero con departamentos que valen millones de dólares, a mi izquierda el mar de Arabia y gente de todo tipo paseando. Había de todo, colegialas en uniforme contándose los últimos chismes, madres paseando a sus hijos, enamorados buscando un poco de privacidad para hacerse ojitos en el anonimato de las multitudes, eunucos vestidos en Saris mendigando a los pasantes a cambio de no mostrarles sus mutilaciones; todo esto con las siluetas de los rascacielos escondiéndose tras la bruma a ambos lados de la bahía.

Al día siguiente me levante temprano para tomar desayuno. Una gran parte de las mesas estaban ocupadas por mochileros anglosajones y alguno que otro europeo del norte. En otra mesa había un chico Indio que tomaba su desayuno solo y le pregunté si me podía sentar. Se llamaba Raj, era de Delhi pero lo habían contratado para trabajar en una importante compañía de seguros y hacía una semana que había llegado para buscar un lugar donde vivir. Me contó que en una semana que estaba en YMCA era la primera vez que un turista se acercaba a hablarle. Ese día había planeado visitar diferentes templos de Mumbai para hacer ofrendas para atraer la buena suerte y me propuso que lo acompañara.

Tomamos una combi que nos dejo unos 10 kilómetros hacia el norte. En el medio del mar conectado a la ciudad por una calzada de piedras estaba la mezquita y la tumba de Haji Ali. Raj me comentó que aunque era Hinduista, creía en la energía de todos los dioses, por lo que para él era tan válido ir a meditar a una mezquita como a un templo. Fue impresionante caminar hacia la mezquita sobre el sendero de piedras con las olas que chocaban a ambos lados. Algo mas difícil era el chocante espectáculo de mendigos y gente con mutilaciones variadas que pedían limosna a lo largo del camino. Después fuimos a un templo dedicado al dios Ganesh. Allí un sacerdote te regala un dulce muy similar al manjarblanquillo cuando haces una ofrenda.

Al día siguiente llegó uno de mis compañeros de viaje y juntos exploramos varios de los diferentes barrios de la ciudad. Salimos a la discoteca de moda del momento, llamada “Fire & Ice”. En ella la juventud dorada de la ciudad bailaba música de Bollywood remezclada con ritmos tecno.

Es particularmente impresionante ver carretas tiradas por bueyes en el medio del centro financiero, así como vacas flacas comiendo la poca vegetación que encuentran o bolsas de plástico en el medio de bulevares llenos de tránsito.

La última tarde antes de partir, fuimos a Chowpatty Beach, ubicada al final de Marine Drive. Allí suelen agruparse cientos de miles de personas que acuden allí al final de la tarde para encontrar un poco de aire. La mayor parte de ellos se limitan a caminar al borde del mar, pero algunos se bañan vestidos. Otro tren de noche me esperaba, esta vez hacia un lugar mucho más tranquilo con hermosas playas y donde la gente se baña en traje de baño. (continuará)