Saltando, gritando, celebraban el triunfo, aunque no lo podían creer, pero precisamente por eso el festejo era tan intenso, porque lo inesperado se celebra con más ganas y mirando a la tribuna de enfrente, donde los hinchas del otro equipo, el celeste, tampoco lo pueden creer, y lo lloran.A las 6 y 4 minutos de la tarde la sur saltaba, también occidente, oriente y de seguro alguno sentado en norte celebraba disimuladamente, porque el árbitro había pitado el final. Pero antes, a eso de las 5:45 p.m., Cristal nos ganaba y Oblitas veía con tranquilidad que nuestros ataques terminaban al borde de su área grande, donde no hacíamos daño.

Hasta que el ‘Zorrito’ Aguirre se ilumina y la coloca fuerte, bajo, y luego Gonzales Vigil la mete avivándose, y la gente piensa que si todos los minutos de un partido de Alianza fueran parecidos a esos últimos en Matute, podríamos asegurar con confianza que estamos para campeonar.

Al ver el resultado pienso en los más de 300 hinchas que se quedaron sin entrar a la sur y que a poco de empezar el partido vi que eran alejados de las puertas a punta de fuetazos y empuje de caballos. Habría que organizarse mejor para que todos puedan asistir, y me refiero a las barras, porque estos partidos son los que finalmente quedan en el recuerdo y hacen más hinchas a los hinchas, por la forma, por la emoción, independientemente de que aún falte mucho para hablar de definiciones.

Por otro lado, los que sí lo vivieron: Sicarios, Hvaral Grone, la Esquina de Baylón, Manco Inca, Villa Zol, Malicia, Aliento Svr, Cono Este, Paroxismo, Imperio, Los Ilegales, San Karlos, entre otros muchos aliancistas representados por sus trajinadas banderolas, no olvidarán esta tarde. Porque un triunfo aligera el regreso a casa en micro y un triunfo como este hasta lo hace placentero.

Un amigo que veía el partido conmigo se fue del estadio a los 36 minutos. Nadie pensaba que estaba loco por creer que no teníamos con qué empatar. Luego, afónico, lo llamo por teléfono desde el estadio, porque me demoro en salir, y me cuenta que estaba a veinte metros fuera del muro perimétrico cuando escucha el gol de empate. Piensa que el 1 a 1 no está mal. Avanza un par de cuadras en dirección a México, y de una puerta sale una pareja de cincuenta años y le dice “2 a 1″, “2 a 1″, y lo invitan a pasar –mejor dicho, lo jalan- a la sala de su casa y detrás de él entran cuatro más a ver la repetición del último gol y se dicen “carajo por qué me salí antes” mientras los dueños de casa apenas se incomodan por esta súbita invasión de su vivienda. Pero es que un triunfo así se comparte, y si es en pleno corazón de La Victoria, mejor. Estoy seguro de que este tipo no volverá a dejar el estadio hasta el pitazo final. Ojalá todos los que se fueron entiendan esto.

Los que sí se quedaron salen eufóricos, con el rostro hinchado, y los bocinazos de los carros suenan en todas direcciones. Y la gente se abraza, y los amigos se quieren más. Mañana es lunes, pero eso no importa, hay motivos para ir a trabajar porque Alianza ganó y tal vez aparece algún bajopontino para contarle de nuevo todo el partido y así volver a vivir esos siete últimos minutos.

El análisis de lo que pasó, si el resultado fue justo o no, si hubo que expulsar a Fleitas o convalidar un gol de Hurtado, no es problema de nosotros, porque muchas veces hemos sufrido también los malos cobros de los árbitros. Que la televisión se encargue de mostrar los detalles. A nosotros nos toca celebrar hoy y analizar en los próximos días. ¿Ustedes qué dicen?