Foto: Richard Hirano

Empujón o no de por medio, le ganamos 1 a 0 al Bolognesi de Tacna y nos mantenemos segundos. La tabla viene apretada y el triunfo asegura los tres puntos luego de dos partidos perdidos, aunque cada victoria que logramos como locales viene acompañada de la respectiva agonía que ya se ha convertido en una invitada permanente en Matute. La luz roja que enciende el Comando Sur mientras Fernández celebra su gol de cabeza -el primero de la temporada- más que representar la euforia que se siente en el Alejandro Villanueva por un nuevo resultado conseguido agónicamente, parece un llamado de alerta, una luz roja que advierte sobre los tiempos difíciles que se vienen.

Porque si vamos a ser campeones, la suerte, que supersticiosamente se le atribuye a los equipos que van peleando el primer lugar, Alianza ya la ha consumido en partidos como el que jugamos contra Sporting Cristal, Sport Áncash o el de ayer contra Bolognesi, el equipo colero del campeonato, que de visita pudo habernos ganado si Zavala, en espectacular corrida a unos veinte minutos del final, no la botaba sobre el arco de Forsyth.

Es decir, si queremos campeonar tendremos que mejorar mucho y muy pronto. Si vamos a salir campeones no podemos seguir esperando que las cosas se solucionen con una pelota parada, un cabezaso salvador o por un arranque de inspiración de algún jugador

Pero tenemos que echar mano a estos recursos porque el equipo sigue sin encontrar el camino, sobre todo arriba. Abajo, Aparicio y Solís de seguro están actuando mejor de lo que muchos –me incluyo- esperaban, y los laterales, deficientes en la proyección, se las arreglan para no dejar pasar pelotas peligrosas. En el mediocampo “Lalo” Uribe ha demostrado que puede estar en el once titular –centró bien para el gol de Fernández- y por el lado izquierdo la experiencia de Corrales también puede aportar -con continuidad- dinámica y entrega.

En ofensiva, yo no sé si será el frío, el nuevo corte de pelo o simplemente el clima gris de Lima, que ha hecho de Montaño apenas una sombra de lo que fue en el Boys e, incluso, la sombra de lo que en algún momento insinuó ser con Alianza, como en el partido con CNI. Porque incluso parece haber bajado de peso, pero también de intensidad, da la impresión de que los rivales ya le conocen los amagues y se frustra, no vemos que se divierta jugando y tampoco que trabaje para el equipo.

Entonces todos los pases del colombiano van al rival o se quedan en la buena intención de una corta e inútil jugada de fulbito. Y la anhelada dupla “Quinteros – Montaño”, impracticable por las razones que ya explicó el DT Costas, parecía destinada a convertirse en la dupla “Sánchez – Montaño” pero, si las cosas siguen asi, a lo mejor el colombiano termina sobrando y tenemos que lucharla con la dupla “Sánchez – Aguirre” o alguna otra salida que se le ocurra a Costas.

Alexander Sánchez, prácticamente solo en la creación, cambió de punta constantemente, hizo diagonales e intentó pasar por el centro, y digamos que, como en varios partidos, se perdió al menos un gol. Aún así es lo mejor que tenemos para intentar romper las líneas y hacer daño a los rivales, pero si no tiene compañía, sus buenos intentos pueden ser fácilmente controlados.

Si a esto le sumamos tres delanteros chocadores y uno un poco más hábil pero intermitente, el panorama pinta para la preocupación, para seguir yendo al estadio a pedir la hora jugando contra el colero sin sentir vergüenza, porque el hincha sabe lo que tiene al frente, pero ya no sabe que más hacer ni a quién pedirle.

El próximo partido con Juan Aurich de visita puede marcar el punto de inflexión para este grupo. Si tomamos la punta, el empujón anímico puede ser grande y convencer a quienes aún dudan del potencial del equipo. Porque así hemos venido ganando, porque así ganamos el domingo, un triunfo en Chiclayo puede ser vital para una consolidación, para que cualquier luz que se encienda en la tribuna sea la expresión de una alegría y no el aviso de una situación de emergencia en la que seguimos desde que empezó el año.