Luego del triunfo en Chimbote ante José Gálvez por 3 a 1 estamos listos para el clásico. El Monumental nos espera y las estadísticas dicen que jugamos mejor de visita que de locales. Tenemos que ganar ese partido, independientemente de que “solo” sean tres puntos, porque para Alianza todos los clásicos son vitales, y por eso hemos ganado más a lo largo de la historia.

Ya empiezo a sentir la ansiedad previa al domingo. Es una cosa indescriptible pero que pasa por todo el cuerpo: una mezcla de angustia, esperanza y euforia que tiene poco de razones, que tiene mucho de recuerdos; que me hace cantar las canciones de barra mientras estoy caminando en la calle, mientras me lavo las manos, mientras que nadie parece entender por qué o qué es lo que canto, aunque eso no importa.

En estos días previos al clásico los aliancistas somos una gran hermandad y los rivales el gran enemigo. No importa cuánto tiempo los conozcas, incluso si son amigos del colegio o del barrio. Es imposible sentir que ellos saben muy poco de fútbol y han elegido, definitivamente el “lado oscuro” del juego, en el que no hay arte ni alegría.

Nosotros, en cambio, cantamos cosas como que “tenemos fe en que Alianza ganará”, o “te venimos a ver, hoy no podemos perder, vamos Alianza que yo tengo fe, salir campeón otra vez” Una fe indestructible en el equipo azul como el cielo y blanco como el alma.

Estas nuevas canciones son las nuevas versiones de otras más inocentes tal vez, pero igual de eufóricas, que decían cosas como “mírenla que linda viene, mírenla que linda va, adelante va el Alianza, que otro gol nos va a brindar”. Y los memoriosos sabrán que durante un buen tiempo, cuando les ganábamos los clásicos, no había nada mejor que cantarles: “ayayayay, canta y no llores, porque cantando se alegran cielito lindo los corazones” mientras ellos recogían en silencio sus banderas y se iban por los túneles agachando la cabeza.

Pero el olvido también es bueno, y antes del clásico propongo algo: ¿por qué no olvidamos que Montaño no ha rendido lo que esperábamos y confiamos en que juegue como el domingo en Chimbote o como hace algunas fechas contra CNI? ¿Por qué mejor no dejamos a un lado la edad de Jayo y nos preparamos para ver cómo anula a Solano? ¿Por qué no soslayamos la suspensión de Fleitas y algunos desacomodos de Solís y saludamos el regreso del “Chino” Contreras, de su velocidad y precisión? ¿Por qué no olvidamos que Sánchez tiene problemas para definir y confiamos en que el domingo emboque todas las que ha generado?

¿Y cómo podemos hacerlo? ¿Cómo poder olvidar? Nosotros, alentando desde la tribuna, reemplazando las dudas por esa fe ciega que hace al hincha lo que es. Los jugadores, dejando todo en la cancha y jugando al fútbol. Así vamos a ganar este domingo.