Al principio fueron declaraciones imperceptibles, pero poco a poco tomaron forma. Ya la semana pasada Gustavo Costas había dicho que Alianza Lima era un club que no había crecido nada en lo institucional desde que él se marchó en el 2004. Luego, la derrota ante San Martín lo llevó a mostrarse desanimado frente al panorama de no contar con refuerzos por la delicada situación económica del club.

Esta vez no ha querido patear el tablero como ya hizo en abril porque —es posible— desea guardar las formas que siempre suele proclamar: “No hay que quejarse cuando se pierde para que no suene a llanto. Mejor cuando se gana”.¿Costas se va? Nadie puede asegurar que es mentira. Ni siquiera que es una exageración, tanto así que ayer el presidente Pocho Alarcón acudió a Matute —ingresó dizque caleta por una puerta alterna del club— y el técnico no le dio mucha oportunidad de conversar. Solo un saludo y se fue. Pocho apenas pudo conversar a sus anchas con el plantel, los únicos que están al día. Después el dirigente también se fue por donde entró, evitando a la prensa.

Horas más tarde el presidente optó por no contestar el teléfono para aclarar el profundo malestar, no solo del argentino, sino de los muchos empleados que trabajan en Alianza. “Que está en un almuerzo”, “entró a una reunión”, “llame después” fue lo único que sus asistentes respondieron. Hoy, al parecer, dará una conferencia de prensa.

Los jugadores saben lo que pasa y este tema los tiene inquietos. Juan Jayo Legario reconoció que Costas le contó su incomodidad. “Espero que no tome ninguna decisión. Gustavo es un entrenador que se da íntegro en los equipos y en Alianza lo ha demostrado. Se mata por resolver cosas. Por ahora no lo veo desmotivado, si no, ya hace rato se hubiera ido. Si él sigue aquí, es porque todavía cree en este grupo”, precisó.

“No hemos conversado directamente sobre una posible renuncia de él. Es cierto que le deben (dinero) y espero que los directivos le resuelvan no solo a él sino al resto de trabajadores”, agregó.

NO HAY PLATA
Costas declaró el martes: “Ojalá pudiera llegar un delantero al club, pero, quién mejor que yo para saber la verdad, no hay plata en Alianza”. Lo dijo en un tono irónico porque le deben cerca de dos meses de sueldo y por ahora no hay solución. Se dice que el viaje de Alarcón a Europa no sirvió de casi nada porque ningún club en el exterior puede cancelar sus deudas con los íntimos, ya que faltan trámites para que logren ser la directiva oficial y reconocida, incluso en los Registros Públicos de la nación.

La decisión de seguir es de Costas. Ardido está, pero ya tendrá momento de decirlo. Le vienen dos fechas pegaditas que marcarán su destino: si sale airoso de los choques contra Cienciano y Cristal, podrá exigir una solución inmediata. Y si resultan derrotas capaz que no demore mucho en hacer sus maletas también sorprendido con los desórdenes del fútbol peruano, que sigue en retroceso.