Los mejores partidos también se dejan de ganar. No había forma de pasarla mal en Trujillo, incluso, el Mansiche se adornó de azul por sus cuatro rincones y en cada una de sus gradas fue ese fantástico color el que predominó por toda la tarde, hasta que llegó el minuto final y nos dejó con una sensación de vacío y frustración por todo lo bueno que se hizo y lo malo que no trascendió.

Por la obligación de ser campeón y los antecedentes de ser el equipo que había conseguido resultados perfectos en campos artificiales, Alianza buscó el triunfo desde el primer minuto aunque el Vallejo propuso un duro planteamiento con una zaga ruda como la de Hernández y Salazar y un ataque diverso entre el inquieto Tejadita y el peso pesado de Demus. El ‘Pato’ Quinteros pisó la pelota y ofreció un rendimiento notable para hacer pausa y generar fútbol. Claudio Velázquez recibió cantidad de golpes, pero soportó hasta que su recompensa fue el gol que anotó tras el envío del paraguayo González. El ‘Karioka’ mantuvo el ritmo y a pesar de algunos errores, su aporte fue interesante ya que Wilmer Aguirre volvió a estar poco fino para inventar jugadas.

Y a pesar de que al Alianza le metieron dos goles y les generaron situaciones de gol, me pareció que la defensa estuvo atenta y resolvió los momentos de apremio. Pero otra vez fallamos en el área rival y Aguirre se consagró de dadivoso. El empate en el minuto final fue un duro castigo a las licencias que se dieron, y la fortuna quiso recompensar al equipo que había sufrido de peleas entre sus jugadores (Roberto Ovelar y Coqui Molina), un jugador congelado como Aldo Corzo y una crisis dirigencial que de verdad asusta, con la permanencia en el primer lugar a dos puntos de su escolta. Uf.

CITA CON POCHO
Acudí el lunes por la tarde a la oficina de Pocho Alarcón en Matute y luce sin brillo. Apenas el directivo Tito Ordóñez y un par de secretarias lo acompañan al lado de la sala de trofeos. Me quedó la sensación de que está solo. O le falta poco.

Fue una entrevista en la que quise creer cada cosa que me dijo, pero algunas afirmaciones no me convencieron o, por lo menos, me parecieron inexactas. Le creí que no goza de mayoría en su directorio y que el resto de gente obedece a órdenes de Augusto Claux y Fernando Farah. Esto es lógico porque ambos hombres, líderes de Alianza por el Cambio, batallaron personal y judicialmente para que en el club se lleven a cabo las elecciones y así terminar con la pesadilla de ‘Cuchi’ y Carlos Franco.

Y claro que gastaron muchísimos dólares en esa campaña que tomó casi dos años. Miles de verdes. Pero ese enfrentamiento les ocasionó ser extrañamente castigados y sacados de carrera como candidatos. Cada socio de oposición que aparecía como posible retador del oficialismo era vetado por alguna interpretación ridícula del estatuto; digitado, claro. Descarte tras descarte, Alianza por el Cambio cocinó en secreto la postulación de Guillermo Alarcón y lo inscribió a último minuto, para que no haya tiempo de que lo tachen. Así ganó Pocho, más que por su nombre y trayectoria, por el movimiento que representaba, sinónimo de renovación y limpieza.

Al instante le pasaron la factura al presidente electo. Los patriacas de su agrupación le susurraban a diario que se haga a un costado para que entren los verdaderos hombres de choque y de amplia liquidez. Pero Pocho ya no quiso soltar la banda y por ello ahora aguanta balazos como Tony Montana en Scarface. Los que lo levantaron en hombros ahora lo fusilan.

Y si algo no le creo a Pocho es que esté intentando reunir pruebas para demostrar malos manejos de Alfonso de Souza Ferreira y Carlos Franco. Durante la entrevista mencionó que no ve a ‘Cuchi hace seis meses y que Carlos Franco no es su asesor. La última vez que hablé con el arquitecto -un mes, aproximadamente- me dijo que estaban en permanente comunicación y eso es lo que me parece extraño en el presidente que no desea dar signos exteriores de la supuesta fumigación que hace en el club. Y esa guerra interna por el poder en algún momento tocará al equipo de Costas porque tamaña radiación genera inestabilidad, dudas y nerviosismo. Pésimo que esto ocurra en el tramo decisivo del campeonato.

Quiero creer en Alarcón, pero está marcado por un oportunismo característico desde su llegada al máximo sillón. Quiero creer que no es parte del continuismo, pero no solo con palabras se marcan distancias de anteriores nefastos dirigentes. Quiero creer que si lo dejan trabajar sacará campeón al Alianza, modernizará la institución y en un plazo moderado de tiempo el éxito deportivo vendrá de la mano con bonanza económica por la formación de mejores futbolistas que se vendieron al exterior y que engrosan la fama blanquiazul de ser el principal club exportador de talento peruano. Quiero que le den tiempo a Pocho para que demuestre que el cargo que le cayó del cielo es un mensaje para el pueblo grone. ¿Ustedes qué piensan?