Un vistazo rápido le di a los diarios deportivos antes de que empiece el Clásico en Arequipa para comprobar la veracidad de una tapa en la que Rainer Torres había dicho “Alianza es nuestro hijo”. Cualquiera tendría que sentirse mal al ver que utilizan su imagen para enarbolar la mentira. Estoy casi seguro de que no mencionó tales palabras por su condición de jugador de experiencia y conocedor de la historia del fútbol peruano. Eso, por el momento, lo doy por descontado.

Dirán que es parte del folclor del balompié que entre los hinchas de los equipos grandes se califiquen de hijos entre unos y otros. Lo justo. Qué aburrido sería que este deporte se juegue con guantes blancos y que los fogosos aficionados no tengan derecho a agitarse y echar a volar la imaginación para crear estupendas mofas cada cierto tiempo. Pero de ahí a generar una afirmación en la boca de un jugador, es ruin, es exponerlo a que tenga ahora que comerse un sapo sin sal y sin papas.

Alianza ganó en Arequipa y por mi lado todo tranqui. El partido no fue muy diferente a los cuatro anteriores que ganó la ‘U’ en el 2009 en lo estratégico. Salvo la presencia de Ñol Solano en la ‘U’ y la variante ofensiva que significa un jugador como Joel Sánchez por la banda izquierda del equipo de Costas, el funcionamiento de ambas escuadras obedece a un libreto tallado en piedra. Los grones todavía no dejan de apostar por que las individualidades signifiquen su mejor arma para atacar. Yo no veo del todo mal que esto sea así porque definitivamente tienen jugadores con talento para olvidarse de la paporreta y ponerse a jugar. Los cremas, en cambio, sufrieron esta vez del error de su arquero en una de las tantas jugadas que Alianza le provocó. Esa presión también había ocurrido en clásicos anteriores, solo que, mitad Fernández y mitad la incapacidad de la delantera de Alianza, la ‘U’ obtuvo triunfos pasados.

Dos remates pegaron en el palo en el primer tiempo y los cremas ni la vieron. Si el partido quedó solamente 1-0 fue porque la ofensiva blanquiazul sigue siendo discreta e ineficaz. El cero de la ‘U’ tampoco me fue extraño, esta vez también se aproximaron nada más que de pelota parada, pero ya no hubo errores groseros de Solís (que sigue cometiendo fouls torpes cerca al área y que fueron los pretextos para que los cremas lancen pelotazos al área).

Un clásico nunca deja de tener valor. Hubo 30 mil personas en el Monumental arequipeño y el reporte indica que casi el 75% de asistentes fue blanquiazul. Para la estadística también sirve porque Alianza ganó su clásico 121 en cerca de cien años de historia de estos choques de vida o muerte. Tan simple como eso, la inmensa tradición no permite engaños en el face to face. Universitario ganó 111 cotejos y habrán más rachas favorables para uno y otro club que duren cierto tiempo, generen emoción, pero de ahí a hablar de “paternidad”… hagan la fácil, revisen Wikipedia.

Viene la Copa
Sucede que el ataque crema no ha sido un termómetro respetable para saber si el cero que consiguió Libman en Arequipa es sinónimo de que en la Copa Libertadores le irá igual. La clasificación de Juan Aurich le da un sabor mucho más intenso al grupo 3 con Estudiantes y Bolívar. Creo que Carlos Solís sigue siendo el hombre de más riesgo en la zaga por su brusquedad y porque el paraguayo Vidal Sosa todavía no se asienta a su lado.

Walter Vílchez está por conseguir su carta pase que viene desde México y debería ocupar el lugar de Solís, aunque Costas considera que la presencia del ‘Cholo’ aporta buen juego aéreo defensivo; yo no lo creo y sostengo que mucho más peligroso resulta que provoque tantas faltas en contra cerca del área y que el equipo nunca termine de dominar la pelota parada.

Me pareció cada vez mejor el trabajo de Joel Sánchez, ya no solo por su atrevimiento para encarar sino porque tácticamente cumplió la tarea de tapar la salida de Giancarlo Carmona a cabalidad, a pesar de su desventaja física. En esa misma banda Édgar Villamarín se comporta más seguro e impone más respeto. También colabora bien en las coberturas y cierres y poco a poco maquillará las limitaciones de Solís.

Montaño jugó a un 60%. Todavía no desequilibra, pero no olvida lo que es meter pelotas de gol. Obvio, hace falta el hombre que redondee la jugada hasta las redes y eso es lo que todavía no posee Alianza.

Ahora yo les pregunto: ¿Fue el clásico que se esperaban? ¿El 1-0 fue justo? ¿Este Alianza es mejor que el del 2009? Vamos a ver.