Retornaba anoche de Arequipa junto al equipo que horas antes había sido pasado por encima por el discreto Melgar. En el aeropuerto Alfredo Rodríguez Ballón unos estuvieron pegados al iPod, otros al celular y todos vestidos a la moda que George Forsyth. ¿La vergüenza? Bien escondidita, supongo. Espero.

Nunca falta una señora inoportuna con la sangre suficiente en la cara que se percató de la presencia de los íntimos en el aeropuerto y sin desparpajo se acercó a Amilton Prado: “¿Hijo, cómo salió el equipo?”, le dijo la doña con aparente candidez aunque la malicia me lleva a pensar que estaba perfectamente al tanto de la tunda que habían recibido. “Perdimos, seño”, respondió el ‘Cholo’.

La tía no quedó conforme y con una ceja levantada, replicó: “Cuánto”, así, sin ningún signo de admiración ni de interrogación.

Prado no tenía licencia para molestarse con ella y tuvo que seguir la conversación con amabilidad, mientras yo a un par de metros de distancia era testigo del acorralamiento que sufría el jugador. “¿Por qué tanto? ¿Qué les paso?”, prosiguió y el lateral le explicó con sinceridad que “jugamos mal, nada nos salió”. Ahí quedó todo. La señora se retiró sin pedirle una foto a nadie, cargó su bolsita de toffees y se apartó de los íntimos.

Yo creo que el ‘Cholo’ se quedó corto con eso de que “jugamos mal” y no tiene ningún derecho a engañar. Lo que yo ví en el estadio de la U.N.S.A. fue a un equipo sin liderazgo y sin alguien que marque los hilos dentro del campo, porque una cosa son las indicaciones del entrenador que se jala los cabellos al pie de la línea de cal y otra es la voz de un jugador que tenga el respeto ganado no solo de su propio grupo, sino también de los rivales.

A Alianza le falta eso en estos momentos y no es que no crea en el gran momento del paraguayo Édgar González, pero su corto tiempo dentro del equipo no le alcanza para ser el jugador de más ascendencia en el plantel. El ‘Negro’ es el único rescatable del desastre en Arequipa y no quiero ni pensar en lo que sucedería si se lesiona o se marcha más adelante.

Es obvio que la línea posterior sigue siendo una moneda al aire. En el primer tiempo vi a Carlos Solís muy asentado y ganando por arriba cuando Melgar intentaba los centros. Casi no cometió errores en esa etapa y los desórdenes de Vidal Sosa a su costado se camuflaban.

Pero lo que sucedió en la segunda mitad fue inaceptable. Prado le otorgó todas las concesiones posibles a Meza Cuadra y a su edad y con la experiencia que le da haber jugado por la selección y varios torneos internacionales, es una decepción para cualquiera verlo sin la mínima noción de lo que se requiere para ser un zaguero. Quien ha jugado fútbol alguna vez sabe que la pierna fuerte e inteligente para cortar avances es necesaria -sobre todo- en partidos en los que se juega de visita y más si el equipo se había logrado poner en ventaja.

Vidal Sosa no es la primera vez que regala su posición por intentar la jugada de lujo y esta vez Meza Cuadra fue más vivo y le robó la pelota para asistir a Aubert y que sea otro gol de Melgar. Esa situación hizo que Alianza se desacomode horrible y sienta la frustración de ver cómo le habían dado vuelta después de que parecía tener el partido medianamente controlado.

Gustavo Costas todavía goza del crédito que le otorga mantenerse primero en su grupo de la Copa Libertadores, pero nada lo va a salvar si en el Clásico, el equipo juega con tal nivel de desconcentración y de indolencia. Como orientador está en la obligación de meterse en la mente de sus jugadores. Yo creo que el chip de la fortaleza mental tendría que venir de fábrica, pero es conocido que el jugador peruano carece de esa regularidad.

El final del partido ante Melgar fue un chapoteo de los grones ante unos jugadores que se propusieron salir del anonimato en buena lid. Dio gusto ver la entrega de jugadores como Norbil Romero, el uruguayo Nicolás Rotundo y las ganas de revancha que tenía el golero Jorge Rodríguez. En Alianza ‘Zlatan’ se atolondró al ver que no le llegaban pelotas, ‘Karioka’ obstinado con reaparecer con gol y disparando desde cualquier lado y Joel Sánchez abusando del juego individual y sin definir lo que habría sido la seguridad del triunfo que pudo darse en el primer tiempo. Y todo esto sin la presencia de un referente que ordene en la cancha.

¿El Clásico? En un par de días publicaré un post con mayor análisis de lo que puede suceder el sábado. Por ahora, esto que no es de menor importancia. Acá no critico el resultado porque en el fútbol todo se puede dar, acá planteo lo peligroso que es caer en la desidia. Si gustan, ustedes también moléstense.