Metes cuatro goles, pero te clavan tres. Gritas más veces, pero sufres casi lo mismo. Así no es. No disfruto al decirlo, pero no es el camino para ser campeón. La urgencia de Alianza Lima está principalmente en la zona posterior del equipo y esto merece un replanteo dramático, descarnado y sobre todo profesional.

[La página zonabase.net subió en You tube las imágenes de Fútbol en América]

Tenía cerca a varios colegas el domingo en Matute antes del inicio del partido. Todos criticaban a Gustavo Costas por modificar una vez más la defensa. Ayer aparecieron Prado, Vílchez, Solís y Villamarín y en el banco de suplentes no estuvo Leandro Fleitas. Los argumentos de los periodistas parecían válidos superficialmente porque son posiciones en las que un jugador debe tener continuidad y minutos de juego para levantar su nivel, pero el argentino hace lo contrario: saca a Forsyth y pone a Libman y viceversa, a veces juega Aparicio, a veces Fleitas… No estoy contra la famosa rotación de jugadores, pero sí contra el libreto que emplea Alianza para defender. Cada día me desagrada más Amilton Prado en la tarea de defender por su costado. Cualquier jugador que lo encara en velocidad es capaz de sacar un centro peligroso y así sucede fecha a fecha. Ni siquiera ya me entusiasma su faceta de carrilero que alguna vez lo hizo interesante en su momento. Y lo peor es que no hay reemplazante para él.

Estoy contra Carlos Solís porque olvida con claridad su función de último hombre y en reiteradas ocasiones sale hasta el medio campo a cometer faltas torpes y que generan ataques del rival en lo que más duele: pelotas paradas. Solís es un reventador de balones, pero que pierde casi siempre en el mano a mano. A su favor solo le queda la fuerza que posee, pero que no sabe conducir para bien del equipo, sino para golpear a los rivales. Un defensa tiene que tener clase para pegar, tener una malicia audaz y que se escabulla de las amonestaciones. Un cinismo que el paladar de Solís nunca identifica.

Walter Vílchez pasa por un momento discreto en el juego aéreo. Se desubica, pierde las marcas, lo anticipan. Sin embargo y a pesar de los errores, no está tan mal como los anteriores ni como Héctor Vidal Sosa, quien cada vez juega menos.

Es visible que Costas está muy preocupado por estos rendimientos que vienen desde todo el año, en Copa y en el torneo local. “Por eso cambia y cambia”, creía yo antes del inicio del choque contra León y al lado de los feroces colegas. Él ha sido defensa y quien se encarga de los trabajos de la última línea es Pepe Soto, otro ex jugador en esa posición. ¿Qué puede estar fallando?

León de Huánuco anotó sus dos primeros goles con suma facilidad. En el primero Prado no tuvo decisión para ir a la marca del carrilero huanuqueño y el pequeño Peña le ganó el vivo a Vílchez, por eso anotó. En el segundo, el argentino Rodas metió un pase lindo y agarró a la defensa totalmente adelantada, ociosa y lenta para retornar. Por eso la metió Perea.

Alianza terminó ganando el partido por ser Alianza, porque el partido se trastocó con la expulsión y el escándalo del golero Muro, y obviamente porque el mayor peso del equipo fue evidente con el paso de los minutos. Pero atrás siempre hubo miedo y cualquier jugada intrascendente podía ser considerada de alto riesgo para los nervios de Salomón Libman.

En los post de inicios de año comenté que Gustavo Costas tenía crédito para ensamblar un plantel a su gusto, hacer sus elecciones y asumir las consecuencias de esto. Que en su caso el 2009 y el 2010 no eran iguales a la hora de exigirle resultados. Hizo una buena Copa Libertadores, Alianza tuvo otra cara al jugar y mostró la diferencia de su ataque que le dio muchas satisfacciones. Pero la defensa siempre fue el punto negativo y en eso no hay mejoría visible, por el contrario, de mal en peor.

No es posible en este momento (31 de mayo) rescindir contratos y traer a otros futbolistas porque el libro de pases no lo permite hasta fines de agosto. Con lo que hay Costas tendrá que remendar fecha a fecha los huecos que estos jugadores crean y solo si es inteligente, apenas el reglamento se lo permita y la economía del club le dé el visto bueno -¡es urgente!-, deberá dejar en libertad a un par de jugadores para recibir a otros que ofrezcan solidez defensiva. De lo contrario sucederá lo mismo cada semana, haremos goles –en el mejor de los casos- pero cualquiera también será capaz de amargarnos la fiesta con un blooper. La búsqueda del equilibrio entre la interesante propuesta de ataque que tiene el equipo y su modelo defensivo deberá ser una obsesión del argentino. Que se haga responsable.