El año pasado José Carlos Fernández pagó caro su derecho a estar en un equipo grande. Hizo pocos goles, tuvo mucha competencia y nunca gozó de la credibilidad de los hinchas por su fútbol atípico para la tradición aliancista. Hoy es el jugador más valioso que tiene el plantel y en partidos con el arco cerrado como en Huacho es capaz de aprovechar la única pelota que le quedó en los pies para transformarla en victoria.
[Todo lo que costó ganarle en Huacho al Total Chalaco. Definitivamente la expulsión de Corcuera al primer minuto hizo que el 'León Porteño' renuncie al ataque. Felizmente apareció al final 'Zlatan']

Su apodo, ‘Zlatan’, causó escozores no solo entre hinchas de otros equipos si no entre propios aliancistas en este blog. No se trataba de faltarle el respeto o compararlo con el sueco Ibrahimovic –torpe entendimiento de algunos-, dueño de una técnica que el peruano ni en sueños posee ni poseerá. El parecido físico de José Carlos, su posición y oportunismo permitió que la chapa quede registrada para siempre y él lo tomó con humildad.
Fernández inició su historia en Alianza desde un punto fundamental: ser hincha. Luego aportó su profesionalismo y dedicación, jugó limpio con sus compañeros y trabajó hasta conseguir sus oportunidades.
No es un virtuoso con la pelota, pero tiene la fuerza que muchos quisieran. No regalará una gambeta, pero estará peleando y aguantando golpes por ganar en el área. Lo que ha conseguido al hacer 7 goles en la Copa Libertadores es producto único de su sacrificio y perseverancia y ahora está a puertas de irse del club a seguir su carrera en mejores condiciones.
Nada se puede hacer por retener a un delantero que se volvió atractivo para distintos mercados superiores al peruano. El fútbol es de momentos y desperdiciar su actualidad sería absurdo para él y para Alianza. Al igual que Wilmer Aguirre, es negocio superar la inversión que se hizo con él asumiendo el riesgo de que el rendimiento del equipo se debilitará.

FACTOR CANTERAS
Hay un intento por ejecutar un nexo entre el equipo profesional y el equipo sub 20 que juega el torneo de reservas al mando de José Soto. Pero esto no asegura que sea el mejor camino para el club para formar futuros futbolistas que ofrezcan resultados deportivos y económicos. El crecimiento de Alianza debería estar en su propio potencial que es tener jugadores con talento de exportación. Si Aguirre significó una millonada, como Farfán o Manco, habría que apostar con real esfuerzo a la cantera victoriana que hoy se muestra venida a menos a pesar de ciertos destellos engañosos.
Tendría que ejecutarse una decisión radical del club para que un generoso porcentaje de cada venta al exterior vaya indefectiblemente al trabajo de menores para que no decaiga. Los siguientes jugadores que podrían ser vendidos, Joel Sánchez y Tragodara, no fueron formados en Alianza –a pesar de que si se van es por lo mostrado en este corto tiempo con la blanquiazul- y eso da una idea de que hay que establecer una política de trabajo superior y más profesional.
Los partidos que vienen serán cerrados, abiertos, con triunfos y derrotas. Vendrán títulos, reconocimientos o desengaños, pero el verdadero crecimiento de la institución está en aumentar su fama de ser el equipo que más y mejores jugadores peruanos puso por todo el mundo. Ojalá se den cuenta y reitero el deseo de que la decencia sea el principal criterio para manejar el dinero que por estos días ingresa en camiones.