Lo tenía divisado a ‘Zlatan’ Fernández antes del partido. Calentaba muy serio, concentrado y sin preocuparse del rugir del estadio chileno. Era un sordo total. Lo tenía chequeado al Negro González, muy hablador, recurrente al silbido para que ninguno de sus compañeros caiga en distracción. Así andaban antes del partido, sin pensar que más tarde tendrían la gloria en los bolsillos y un facineroso poder oculto los dejaría fuera de juego.No miento. Mis manos sudaban por este partido. Tenía dudas sobre la zaga y su habitual rendimiento irregular, pero nunca dudé del corazón que pone esta oncena grone empujada por el liderazgo de una fiera como Gustavo Costas. Ellos, con errores y aciertos a lo largo de esta Copa, merecen más que un aplauso o el título de la dignidad, merecen el recuerdo imperecedero por la emoción que impusieron con sus goleadas y la identidad de no perder de vista nunca el arco rival.
Así empezó el partido, con mis nervios positivos y con las dudas negativas. Aplaudí cuando Quinteros pisó la pelota y la mantuvo con orden. Exploté cuando Tragodara y Villamarín cometían faltas torpes que significaban tiros libres por aire que es nuestro principal defecto. Me emocioné con los quites, el pundonor y el fútbol de Édgar González, pero siempre cerré los ojos cuando la pelota llegaba a la zona de Vidal Sosa y Solís. Arriba Aguirre no desentonó, pero tampoco estuvo fino para culminar sus jugadas. Falló dos goles increíbles, uno en el primer tiempo cuando se autogeneró una ocasión ingresando al área y remató desviado y la otra en la segunda mitad cuando Montaño tocó en primera y el ‘Zorro’ dio la media vuelta y no supo pegarle con precisión.
‘Zlatan’ sabía que no tendría muchas oportunidades así que era su deber estar con los ojos bien abiertos. Su olfato lo llevó a ir al segundo palo cuando Aguirre sacó el centro y su cabezazo fue gol en nuestros corazones. A partir de eso Alianza hizo un partido notable y la ‘U’ cayó en un desconcierto absoluto, sin ideas y siempre con temor de la contra blanquiazul.
Para el complemento se generó la jugada por izquierda en la que Vidal Sosa no va a apretar al lanzador que estaba por la raya. Lo dejó decidir, voltear y escoger y su servicio acabó en el desorden de la defensa, Joel Sánchez perdió la marca de Vargas quien apareció solo y la añadió.
Costas arriesgó como correspondía y puso a Montaño; una sola jugada del ‘Potón’ demostró que es diferente, dejó regada a la zaga chilena y cedió para el gol de ‘Zlatan’. ¡Clasificados carajo!
El ardor del partido en sus últimos minutos llevó a los nervios a la retaguardia de Alianza, Forsyth no despeja, Sosa patea suave, la pelota sigue en el área y no se larga… y en tanto rebote se coló. Fallaron todos los grones, es cierto, pero era una situación que ya había sido anulada por el juez de línea quien se percató del claro off side de dos chilenos en total zona de influencia delante de Forsyth cuando el remate de la ‘U’ salió. El banderín en alto indicaba que la jugada y el rebote en González debió ignorarse porque se trataba de un fuera de juego ya señalado, una acción inválida.
Pelusso y su séquito llegaron a presionar al juez de línea Alvarado y segundos después, tras charlarlo con el principal, el ecuatoriano Carlos Vera, se olvidaron de su primera decisión y cambiaron para darle el gol a los chilenos.
Yo no sé qué ocurrió después de esa escena. Algo noté que Costas y Vidal Sosa casi se comen a los jueces, que los horrendos carabineros chilenos impusieron su prepotencia y que bastante después hubo algunos instantes más de juego como para compensar el daño irreparable.
Yo sentí náuseas de todo eso, del fútbol, de la Conmebol, de la vida. Alianza cometió errores en lo futbolístico, es cierto, en casa y de visita, pero tuvo más hombría que los chilenos y fue honesto consigo mismo para no traicionar la identidad histórica de buscar los partidos con goles y buen juego.
Por eso no creo en los que dicen que si Alianza hubiese ganado en casa, ahorita no estaríamos padeciendo. Es más, los repudio porque entienden el fútbol como una ciencia exacta, como la aritmética de sus vidas frías. No saben que esto es de momentos, de éxitos y caídas, de goles y emoción.
Por eso, yo no creo que Alianza se haya ido de la Copa, no creo en aquello de que murió de pie ni creo en el estúpido eslogan de que fue un digno rival; simplemente creo que los íntimos por mucho tiempo estarán vivos en el recuerdo de todos, en el continente que disfrutó con su fútbol, en sus víctimas y acreedores y hasta en los que con prácticas nada limpias lo sacaron de carrera. Alianza no se va, carajo, se queda en mi memoria para siempre.