Hubo una vez un equipo de fútbol, unos locos morenos que se hacían la idea de aprender a jugar. Una gente valiente y buena que no sabía que lo de ellos sería con la historia la pasión más grande de este país. Les tomó nada más que 110 años hasta hoy, pero será una eternidad.Hubo una vez un lugar llamado La Victoria del que alguna vez Vargas Llosa describió con olor a negro y cholo. Sin equivocarse el escritor más famoso del Perú propaló algo que ya era patrimonio del lugar en el que nació el equipo más popular, de la camiseta que nunca se fijó en razas y la que sencillamente lleva en sus venas todas las sangres de este país.
Hoy no miro posiciones políticas del club, me fijo en su gente y su arrastre. El último domingo hubo un lleno total en Matute ante el equipo más débil del torneo y que no posee mayor sentido de convocatoria. Alianza tardó en dar la alegría, pero al final entregó una goleada de 4-1 a los hinchas que abarrotaron el coloso más futbolero de la nación.
Cada quien es una historia particular. En mi caso, tal vez, si no existiera Alianza Lima no me gustaría este deporte. Y prefiero a Brasil que a Argentina y me jala más el Barcelona que el Inter. Yo sé que todo es fútbol y la pelota es una sola, pero marco distancias de lo que es un resultado a lo que ofrece alguien con talento y sin prejuicios para jugar. Y cuando me dicen que las épocas de los potreros ya pasaron, les recuerdo que son esos jugadores –los que actúan con esa alma- los que valen el doble de millones que los fabricados en serie.
Soy de Alianza porque también soy hincha de la selección peruana. Y mi memoria no registra mejores futbolistas que los que le entregó Matute a la blanquirroja.
Soy fanático de César Cueto porque amo el espectáculo. El Maestro tuvo una misión en la vida y fue hacer felices a los corazones. Creo que nadie lo pudo hacer mejor.
110 años de existencia con toda la dureza que eso implica; éxitos, frustraciones, alegrías y tristezas que quedaron a la vista de todos porque esto es la vida misma y no una tanda de mentiras e irrealidades. Y los grandes son los que saben seguir en pie y caminar hacia adelante.
Soy de Alianza porque eso soy y esa es mi gran fortuna.
¿Y tú por qué eres de Alianza?