Acabó el tiempo de los clubes para acogerse a la Ley de fraccionamiento de deudas con la Sunat al transformarse en sociedades anónimas y Alianza Lima no tomó la opción. Guillermo Alarcón no toca el tema y su directorio tampoco se lo exige. Los socios, seguramente, ni siquiera están enterados y veranean plácidamente en Asia o fuera del país, mientras que el pueblo blanquiazul teme por el patrimonio físico del club: Matute.En este post respondo a algunas inquietudes del foro anterior que por razones técnicas –y que espero no tarden en solucionarse- no he podido resolver a uno por uno.
A la pregunta “¿Es posible sacar a Alarcón del club?” Respondo: Es posible, pero en un mundo perfecto. Él no va a renunciar y es una acción sosa insistir a base de insultos para que deje el cargo. Los responsables son los propios socios que llevaron el club a una situación como esta por aprobar a lo largo de la historia estatutos que protegen al presidente de turno y le dan funciones para separar a quienes no sintonicen con sus ideas. Así que ahora, Fernando Farah, Augusto Claux, Carlos Franco y otros grupos de poder están atados de manos y no tienen herramientas para pedir adelanto de elecciones, ni siquiera para promover una verdadera auditoría en el club. Y aquí esto tampoco es responsabilidad del propio Pocho, porque ‘Cuchi’, Franco y anteriores gestiones también gozaban de ese privilegio mal administrado.

“¿Nos conviene ser una sociedad anónima?” Desde la premisa de que cualquier sistema de gestión es superior y más moderna que la actual, sí. Pero también considero que la ley que el Estado dejó para que los clubes la tomen debería tener algunas regulaciones lógicas como no depender en demasía del IPD, entre las principales. No se coman el cuento de que si Alianza pasa a ser S.A. de inmediato vendrán inversionistas que pondrán dinero y manejarán el club como una empresa y se acabará la corrupción. Alianza es una mina de oro mal explotada en el país.

Si Alianza entrase mañana a la Bolsa de Valores, seguramente las acciones volarían en un minuto.
Y presiento cuál es el grupo de poder que –con toda la posibilidad económica que tienen- empezarán a manejar el club, a apropiarse de los pases de los jugadores, a gestionar llegadas de técnicos en parentesco con empresarios… cada quién mirando su negocio, su plata, y ya no tendríamos una sola persona a la cuál insultar, habrían varios y algunos no identificados.

Disculpen el pesimismo, pero es lo que presiento. También tengo mis reparos para aceptar que venga una transnacional y compre Alianza (les cuento que hemos estado cerca de ser vendidos a una empresa española y que Alarcón, habiendo negociado y al enterarse que dicha empresa solo quería su firma para después hacerlo a un lado, se tiró para atrás. En esto –dicen- estaba participando un ex presidente grone). Pasaríamos a ser el caso de Cristal y ya vemos como Backus limita el presupuesto desde hace algunos años y los celestes a partir de esa medida, ya ni siquiera pelean los campeonatos, no sacan ni venden jugadores, etc. Es cierto, habría orden, los pagos al día y la Sunat feliz, pero la frustración deportiva sería constante.

En mi opinión este será un año de apuestas. Alarcón va a alargar todo embargo con medidas cautelares en el Poder Judicial, se vienen hartos juicios de los que se va a deshacer cuando deje de ser –a fin de año- presidente del club y que heredará la siguiente directiva.
Costas hará su trabajo y tiene la gran misión de recuperar la confianza del plantel –yo creo que es demasiado tarde- para salir campeón. Y si no, culmina su contrato y se va.
Es una fiebre que los hinchas tenemos que asumir. Les hablaba de un mundo perfecto: La siguiente directiva (a fin de año) ingresa y sud divide las diversas actividades del club en gerencias remuneradas, crea un departamento independiente de contabilidad y auditoría, la gerencia deportiva recae en un hombre de comprobada honestidad y recorrido en el mundo del fútbol ajeno a empresarios de turno para traer entrenadores de menores realmente capacitados y que destine un fondo importante al trabajo en las canteras. Y que el presidente solo dé cuentas a fin de año del éxito o fracaso de su gestión, pero que no se hable de pases extraños, relaciones sospechosas, facturas falsas y cabezazos. A partir de esos primeros pasos empezaría un nuevo camino en Alianza Lima.