En horas en las que el Perú goza de un técnico que representa la modernidad como Sergio Markarián y la evolución constante a pesar de sus 66 años cronológicos, Alianza Lima, el club bandera de este país, viene considerando a Miguel Ángel Arrué como el hombre idóneo para desarrollar el fútbol blanquiazul en lugar de Gustavo Costas. No se puede estar de acuerdo cuando se detiene el intento de despegar hacia otros niveles de competitividad.Siempre habrá un trasfondo que va más allá de las lágrimas de Gustavo Costas en su despedida. Los millones que ganará en Arabia han sido el pretexto perfecto para alejarse de una realidad que cada día le llegaba más al cuello con la gestión de Guillermo Alarcón y de la que necesitaba sacudirse a tiempo. No sé si solo sea por el dinero, no sé si el técnico que besaba tanto el crucifijo haya tenido alguna revelación divina de que un tsunami estaría por llegar a Matute; lo cierto es que se fue y el objetivo aliancista de ser campeón este año corre un serio riesgo y más si cae en las manos equivocadas.

Han dicho que Arrué llega a Matute de manera interina para que junto a José Soto continúen lo programado por Costas, pero es difícil sabiendo el temperamento y características del chileno, sus métodos de trabajo poco rigurosos y alejados de la tecnología que hoy sorprende en muchos lugares del mundo por sus muestras confiables para analizar el rendimiento físico y muscular de los futbolistas, que permiten reducir el margen de error al conformar planteles, etcétera.

Apostar por una conducción profesional, a la vanguardia de los nuevos métodos de entrenamiento no tiene por qué atentar contra la esencia aliancista del buen juego, el ritmo alegre y el ataque que se compense con una buena defensa para salir a buscar los partidos. No es una traición a los principios históricos, es potenciar nuestras virtudes. ¿Lo podrán entender de esa manera?

Antecedentes

En el 2008, cuando la fiebre de los ‘Jotitas’ y de Reimond Manco copaban todos los medios de comunicación, en Alianza tuvieron la ‘gran’ idea de llevar a Arrué para que termine de formar a los juveniles, pero todo fue un arroz con mango que devino en el fracaso de la campaña al punto de casi perder la categoría.

Yo imaginé que entre los socios con posibilidades de llegar a la directiva en Alianza ya estaba erradicada la idea errónea de que este tipo de ‘profes’ (los ‘paternalistas’, permisivos, cariñosos) le hacían bien al progreso de las canteras. Pero no. Todavía existe la torpe idea romántica de que Arrué –por llevar con entusiasmo los inicios de Waldir Sáenz, Juan Jayo, José Soto y otros en los noventa- tiene crédito para intentar que la historia se repita después de casi 20 años con Bazán, Ascues, Beltrán, Hurtado, Hinostroza…

Está demostrado de que esto es nocivo y que los resultados no pasaron de ser intermitentes y superficiales. Lamentablemente nadie sabe si en Alianza hay dinero para hacerle una propuesta a un comando técnico de pergaminos o el hincha solo se tendrá que conformar con un gesto de conformismo como el que resulta por ver a Arrué de regreso en Matute.

¿A quién te gustaría como técnico blanquiazul?