Una derrota en el Clásico siempre deja polémica, pero esta vez ocasiona en Alianza un debate impostergable: ¿puede levantar el nivel el equipo?

La semana pasada escribí sobre cinco puntos claves por los que Alianza había pasado de ser un equipo exitoso en el Torneo del Inca a uno inoperante en el Torneo Apertura. A todas luces, el clásico dejó la sensación de que dicho post se ratifica cada fecha con mayor intensidad.

No quisiera que se entienda esto como una bipolaridad: “hace semanas Sanguinetti era lo máximo porque era campeón, ahora es un desastre porque lleva 6 fechas sin ganar”. No es el mensaje que trato de dar.

Lo que sí dejo en claro es que la propuesta futbolística del técnico uruguayo sigue siendo la misma desde el primer día. La diferencia es que ahora los intérpretes cayeron en una depresión y aquellos goles salvadores de jornadas pasadas, hoy no aparecen para asolapar la escasez de fútbol. Porque Alianza en el 2014 ha sido huevos, juego aéreo, orden defensivo, tiros libres de Trujillo, cabezazos de Guevgeozián y un George Forsyth iluminado. Guerra. Pero nunca tuvo fútbol, asociación, organización e ideas.

En este blog tuvimos la posición marcada en todo el año. No tengo nada contra Sanguinetti; por el contrario, me parece un técnico serio y que instaló un programa de trabajo diferente en un club jodido como Alianza. Convenció a sus jugadores acerca de una filosofía distinta de afrontar partidos y todo eso encontró un colchón en los resultados que se dieron en el título del Torneo del Inca.

Pero más allá de eso, no comparto su propuesta para Alianza. El equipo no tiene variantes de juego, no destaca a sus futbolistas de buen pie y prioriza una característica respetable como la especulación, pero que nada tiene que ver con el espíritu blanquiazul. Solicitó la contratación de muchos jugadores para la destrucción y pocos (e intermitentes) para poner la pelota al piso y procurar el daño con inteligencia y técnica.

Era identificado por todo aliancista el déficit de agresividad en marca que tenían los jugadores del club, una cuestión casi histórica. Sanguinetti cambió eso, aunque con bemoles. Pero ahora Ibáñez, Aparicio y Míguez relajaron un poco el sentido estricto de su función y el equipo se debilitó.

Me preocupa que así como en el Torneo del Inca Sanguinetti convenció a su plantel de que su idea de juego los llevaría siempre al triunfo y era indiscutible (a pesar de la crítica), ahora se convierta en un factor inverso: Alianza es el equipo con menos gol del Apertura y definitivamente empezarán los cuestionamientos en la interna. O tal vez las dudas ya se empezaron a suscitar.

¿Cuál sería la solución? Que los encargados de fútbol de Alianza anuncien con sinceridad cuál es el plan con Sanguinetti. La mejor forma de blindarlo no es salir en conferencia a decir que los jugadores están en evaluación. Si hay coherencia en los asesores de Susana Cuba, tendrían que haber visto que a 21 días del séptimo mes de trabajo del uruguayo, NO HAY UN JUGADOR que pueda romper los parámetros de un fútbol al que ya le tomaron el pulso, que es previsible y fácil de controlar. ¿Es posible contratar a un 10 extranjero más? ¿Se cumplirá con la bolsa de minutos Sub 20 para este fin? 

La pelota está en cancha de Sanguinetti para explicar a profundidad sobre el bajón de sus jugadores. No para utilizar los micrófonos para culpar al árbitro por las pelotas que Guevgeozián tomaba con la mano.

El título del Torneo del Inca fue muy emocionante por la forma sorprendente en que Alianza demostró una faceta aguerrida de juego y efectiva en goles, pero carente de brillo en la mayoría de momentos, siendo mejor su estilo de contragolpeador. El actual objetivo está muy lejos del alcance, por ausencia de juego y por los puntos que se han dejado en el camino.

Un axioma muy conocido del fútbol es el que dice que “jugando bien al fútbol, el resultado va a estar cerca”. ¿Para cuándo, entonces?

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