El último clásico del año lo ganó Alianza. Es irrefutable: siempre tuvo un argumento más, estuvo un paso adelante que su rival y afrontó mejor las adversidades de bajas y expulsiones hasta conseguir el triunfo.

No hay secretos. Alianza vive la revolución de Christian Cueva. Sin este jugador, probablemente el equipo seguiría ofreciendo actuaciones paupérrimas, centros y centros sin reflexión; no tendría la cuota de magia que es necesario en todo equipo que provenga de Matute.

En un partido tan cerrado como el clásico, Cueva tuvo apariciones importantes y una terminó en gol de Víctor Cedrón. Es el hombre que se toma el respiro para pensar y poner la pelota exacta para la definición.

Que lo disfrute Susana Cuba, que lo goce y ahora que lo entienda también: momentos como el de anoche son los que te puede ofrecer un jugador diferente. Pero ello cuesta inversión y más para un club cuya cantera está depredada y no arroja nuevos valores en la actualidad. Y peor para el club que cada que tuvo un muchacho con ciertas condiciones (Yordy, Cartagena, Peña, Ponce… y antes Gino Guerrero, Carlos Ascues, Rodrigo Cuba y un largo etcétera) lo vendió como quien regala las alhajas de la abuela solo para tener un mínimo de caja, como si Alianza Lima se tratase de una fábrica de chocolates.

Christian Cueva fue el diferente del partido. (El Comercio)

Christian Cueva fue el diferente del partido. (El Comercio)

Volviendo al clásico, tras lo demostrado por Cueva me gustó la solidez de Miguel Araujo. Qué muchachito (tiene 19 años). Lo vi y saludé anoche después del partido fuera del estadio. No conversaba con él desde el Sub 20 en Argentina, cuando era de mi tamaño y ahora sobre pasa el metro 80. Posee la cuota de fútbol necesaria para su posición y tiene el objetivo claro cuando se trata de anular a un adversario. Lo hizo con Raúl Ruidíaz y lo desapareció sin nada que negociar. Fue fuerte en el mano a mano y la echó a la tribuna cuando estaba en desventaja. Cumplió a cabalidad.

Miguel Araujo siempre controló a Ruidíaz. (El Comercio)

Miguel Araujo siempre controló a Ruidíaz. (El Comercio)

Pablo Míguez fue otro baluarte altísimo. Me dio la impresión que Manuel Garay salió predispuesto a aplicarle la ley con diferencia del resto debido a su fama de jugador que a veces se excede en el juego fuerte. Pero Míguez en el clásico le dio prioridad a la pelota y en muchos pasajes del partido tuvo salida limpia muy grata a la vista. Pero estar condicionado con la tarjeta amarilla y un Garay enormemente impreciso, no lo dejó lucir más.

Míguez se impuso se siempre. Un guerrero. (El Comercio)

Míguez se impuso se siempre. Un guerrero. (El Comercio)

Fischer Guevara fue una sorpresa, casi un milagro de octubre. Bien por él porque se tomó el clásico como el partido más importante de su carrera. Suplió sus limitaciones físicas con los tajos que tiene después de haber pasado 10 años en Primera División en equipos chicos que son atacados hasta de locales jugándose la baja cada año. Esa experiencia pesó y estuvo en su noche. Ojalá no pierda ese buen nivel de expectativa que tiene por pertenecer al club del cual es hincha.

Guevara en el festejo final. (El Comercio)

Guevara en el festejo final. (El Comercio)

En general todos los jugadores de Alianza estuvieron en un nivel importante y ahora es tarea de Guillermo Sanguinetti sostener esos picos de rendimiento en las últimas 7 fechas para llegar al Play Off.

Las expulsiones finales de Guarderas y Guizasola. (El Comercio)

Las expulsiones finales de Guarderas y Guizasola. (El Comercio)

La fiesta de la tribuna la puso Alianza ante la poca presencia de hinchas de Universitario. Eso sí, no hay reportes de hechos de violencia que lamentar y se brindó seguridad en esta ocasión. Sin perder clima de clásico y los dimes y diretes que se dan en las graderías de forma natural y espontánea (tampoco se trata de hacer del fútbol una noche de ópera), se respetaron las normas. Y un noble gesto de Universitario fue salir con una banderola en homenaje al Señor de los Milagros cuando su rival vestía dicho color en esta ocasión.

Camise

Ser líderes implica una responsabilidad que las cabezas del grupo deben instalar en el plantel. Serán semanas de mucho cuidado físico, entrenamiento y descanso, fortalecer la unión y deponer intereses personales o la cercanía de empresarios que distraen los objetivos anteponiendo la agenda de las renovaciones de contratos, mejoras salariales, etcétera. Oye cómo va, Susana.

La seguimos en Twitter @elkinsot_DT