Madeleine Habib se escapaba al mar con sólo 20 años. Allí encontraba una mezcla perfecta de trabajo físico y retos mentales. Madeleine trabajaba de barco en barco y mantenía su amor por el mar y su pasión por el activismo social y medioambiental. Finalmente, su viaje la llevó a Médicos Sin Fronteras (MSF) donde ha formado parte del programa de rescate en el Mediterráneo central como capitana del Dignity I, uno de los buques de salvamento de MSF. También ha trabajado en Yibuti.

Has estado en Yibuti ¿Cuál ha sido tu misión allí?

MSF ha instalado una base de suministros en Yibuti dada la dificultad para hacer llegar provisiones médicas y equipos a Yemen a causa del conflicto que vive este país. Desde ahí partimos hacia Adén. La distancia no es grande pero hay que cruzar la entrada del mar Rojo. Empleamos un barco y un equipo local para trasladar equipos a Adén. Es un viaje complicado que lleva 14 horas de navegación. Mi función allí era asegurar que completábamos la ruta de forma segura y que los equipos y suministros llegaban a su destino.

Casi, de inmediato, te trasladaste al Mediterráneo para trabajar como capitana del Dignity I ¿Cómo fue esa misión en comparación al trabajo habitual que habías estado realizando?

Me sentí atraída por el proyecto desde que me lo explicaron; quise formar parte de él. La experiencia me ha permitido combinar mis habilidades y mi pasión. MSF  ha trabajado con tres barcos en el Mediterráneo pero el Dignity es el único cuya propiedad y tripulación es cien por cien de MSF, ahí era donde quería estar. Fue una sensación increíble poder llegar al barco ser la capitana de la nave y entregarme completamente al proyecto.

¿Por qué ha significado tanto para ti?

Pensar que hay gente que pierde la vida intentando cruzar el Mediterráneo hoy en día, en esta época, es simplemente grotesco. Hay mucha gente dirigiéndose al norte, muchas personas que tratan de salir de África, que hacen frente a la persecución y a la violencia en sus países de origen. Son muy diversas las razonas por las que estas personas necesitan abandonar su entorno y emprender camino hacia sitios más seguros. El hecho de que la parte más peligrosa de su viaje sea el Mediterráneo es algo totalmente absurdo. Existe una imperiosa necesidad de habilitar vías legales y seguras para esta gente y esto es lo que MSF trata de promover. Pero, mientras tanto, estas personas requieren de algún tipo de sistema de rescate humanitario dados los increíbles riesgos que supone la travesía que emprenden.

Rubber boat filled with migrants wearing lifejackets.

 Operación de rescate de MSF en el Mediterráneo ©Marta Soszynska/MSF

¿Cómo responderías al sentimiento de rechazo hacia los refugiados y a aquellos que tratan de buscar de asilo?

Todos tenemos que reconocer que la migración humana es un hecho incuestionable. Siempre estamos moviéndonos, desplazándonos en busca de una vida mejor, una existencia más segura. Cuando nuestras familias están amenazadas, cuando no hay suficiente comida, dirigiremos nuestra mirada hacia otro lugar. Necesitamos mantener la perspectiva; ver lo mucho que tenemos y lo poco que tienen otros, y ser un poco generosos de espíritu.

¿Por qué estás involucrada en la acción humanitaria?

Cuando has visto el padecimiento o los horrores que soportan la gente es muy difícil volver a cerrar los ojos de nuevo y dar la espalda. Una vez que te has dado cuenta del sufrimiento continuo que existe en el mundo solo queda sacar a relucir aquello que tenemos dentro y que nos hace intentar cambiar la situación.

¿Cuál es tu siguiente paso?

Mi gran deseo es volver al Dignity. En la situación ideal, no debería haber necesidad de que el Dignity esté de nuevo en el Mediterráneo el año próximo, pero lo cierto es que un barco es una herramienta muy útil. Así que si tienes un buque necesitas un capitán por lo que espero volver a formar parte de nuevo del equipo el próximo año.

¿Recuerdas alguna experiencia que quieras compartir?

La gente está muy agradecida porque, realmente, le salvamos la vida. Si no hubiéramos estado allí, muchas de estas personas se hubieran ahogado. Este año, casi 3.000 personas han perdido la vida en la travesía desde Libia a Italia. Es fundamental recordar los rostros de las personas que hemos rescatado y entender que migrantes, refugiados y solicitantes de asilo no son simples números. Hay que bajar allí, a cubierta, y tomar la mano de algunos de los rescatados para oír su testimonio, para compartir risas, para compartir lo que han vivido en el viaje que los ha llevado tan lejos. Saber que durante el tiempo que están a bordo reciben respeto, dignidad y compasión, que recibirán ropa limpia y atención, una atención genuinamente humana; para mí, estos momentos son los que me hacen sentir que estoy realizando un acto humanitario, son estos instantes los que me hacen sentirme orgullosa de formar parte de esto.