Sayed* es un joven de 16 años de Herat (Afganistán). Viene desde Irán con sus tíos y su primo. Su viaje finalizó de forma abrupta cuando llegó a la frontera entre la Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM) y Serbia el pasado 19 de noviembre, el día en que los estados balcánicos comenzaron a aceptar que solo ciertas nacionalidades cruzaran sus fronteras.

Portrait of  Sayed From Afghanistan

Sayed* © Florian Lems/MSF

“Como todos los demás, llegamos en tren y caminamos hacia la frontera. Era de noche. En la frontera había policías que nos preguntaban por nuestra documentación y de dónde veníamos. Mi familia cruzó primero y no tuvo ningún problema. Cuando llegó mi turno, mostré la documentación que me habían dado en Macedonia. Erróneamente, afirmaron que era iraní. Probablemente lo escribieron porque había estado viviendo en Irán después de escapar con mi madre de Afganistán. Mi tío le dijo a la policía que iba con ellos y que éramos familia, pero no le escucharon y no me permitieron cruzar.

He vivido con mi madre en Irán desde hace cuatro años. Somos de un pueblo cercano a Herat, pero no podíamos quedarnos allí. Hombres armados se llevaron a mi tío a la fuerza y uno de mis primos fue asesinado. Estando en Irán, mi padre desapareció, no sé dónde está. Mi sobrina fue tiroteada y asesinada en su casa mientras rezaba. Esas fueron mis principales razones para irme, pero también la pobreza y la ausencia de trabajo. Hemos estado viajando durante 30 días.

Tras ser rechazado en la frontera tuve que quedarme al otro lado. Era medianoche y estaba muy oscuro. Estaba desesperado pero no podía hacer otra cosa que permanecer allí. Alguien me dijo que la frontera abriría de nuevo al día siguiente, así que dormí justo allí, en el campo. Hacía mucho frío. Cuando desperté a la mañana siguiente, la frontera continuaba cerrada así que volví a un campo que estaba en el lado macedonio. Allí una persona me dijo que el paso probablemente iba a estar cerrado bastante tiempo.

Esto me empujó a tomar una decisión. No podía esperar más, intentaría cruzar la frontera por mi cuenta. Correría a través de los campos, cerca de la estación de tren. Sabía que sería peligroso y que mi vida estaba en juego, pero no tenía otra opción. Creí en mí mismo: o lo hacía o moriría.

Afortunadamente, logré cruzar la frontera y junto a otras personas llegué a un pueblo desde donde salían los autobuses. Cuando alcancé al centro de registro (en Presevo, aproximadamente a 10 kilómetros de la frontera) estaba tan asustado que comencé a sentirme enfermo. Al principio no me atrevía a mostrar mis papeles a la policía de la entrada, pero al final tuve que enseñárselos. Dijeron: ‘Oh, eres de Irán’, y entonces me mandaron fuera.

Tengo que quedarme fuera del centro de registro, mientras mi familia está todavía dentro. Espero que corrijan el error en mi documentación y poder así continuar mi viaje. No sé dónde iré aún, quizás a Alemania, tenemos amigos allí. Pero realmente no me preocupa dónde viviré, solo quiero estar en un lugar donde pueda estar a salvo. Algún día me gustaría ser médico, pero primero deben acabar mis problemas.

Después de días de dura espera, el error en la documentación macedonia de registro de Sayed fue solventado. Como ciudadano afgano se le permitió registrarse en Serbia y pudo reunirse con su familia. Esto solo fue posible porque corrió el riesgo de cruzar la frontera irregularmente, de forma clandestina.

*Nombre modificado para proteger la identidad