Al menos 90 personas fallecieron y 120 resultaron heridas el 17 de enero durante un bombardeo aéreo realizado por el ejército nigeriano en un campo para personas desplazadas en Rann, al este del estado de Borno, Nigeria.

Alfred Davies, coordinador de proyectos de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Nigeria, estaba en el campo de desplazados en el momento del ataque. Él relata lo que sucedió durante el bombardeo y en las horas posteriores.

“La primera bomba cayó a las 12:30 e impactó a escasos metros de la oficina de la Cruz Roja. El avión regresó y, cinco minutos después, dejó caer un segundo proyectil.

Llamé de inmediato al resto del equipo por radio y me tranquilizaron: afortunadamente, ninguno de los compañeros había resultado herido. Nos reunimos en las tiendas que habíamos levantado unos días antes.

Comenzaron a llegar decenas de heridos y siguieron viniendo durante horas.

Alfred Davies, Field Coordinator, MSF

 

Alfred Davies, coordinador de proyecto de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Nigeria ©Gianpiero Rastelli/MSF

No hay palabras para describir el caos. Algunas personas llegaban con huesos rotos y la piel y la carne arrancadas; con los intestinos colgando hasta el suelo. Vi cuerpos de niños partidos en dos.

Las tiendas estaban llenas de heridos, y apenas había espacio para moverse. Muchas personas estaban afuera, tumbadas en esterillas bajo los árboles.

En nuestro equipo solo había un médico y una enfermera, pero cada uno de nosotros hizo lo que pudo. Incluso los conductores ayudaron. También contamos con el apoyo de personal de la Cruz Roja y de enfermeros militares.

No vi el avión y no sé exactamente qué tipo de bomba era. Encontramos pequeños fragmentos de metal en los cuerpos.

Frustración ante la masacre

Lo que vi era indescriptible. En una hora contamos 52 muertos.

En el momento del ataque, muchas personas estaban haciendo cola para recibir artículos de primera necesidad como alfombras y mantas en la distribución que habíamos organizado.

Quizás este reparto evitó más muertes ya que muchos desplazados estaban ahí y no en el centro de la ciudad. Esta circunstancia hizo que escaparan de las bombas.

Lo más difícil para nuestro equipo es la frustración de no haber tenido suficientes recursos ni equipo médico para salvar a más heridos. Una docena de personas murieron delante de nuestros ojos sin recibir la atención médica que tanto precisaban.

En Rann solía haber un hospital, pero el año pasado resultó dañado en los combates y ahora no está en funcionamiento. La ciudad se quedó sin instalaciones médicas desde entonces.

Tras meses intentando acceder a esta zona altamente insegura, finalmente llegamos aquí el pasado 14 de enero. Nos encontramos con que las personas que vivían en Rann no tenían nada. La semana previa a nuestra llegada se informó de que 21 desplazados habían fallecido por desnutrición.

La razón por la que estábamos en Rann era muy clara: evaluar el estado nutricional de los desplazados y sus necesidades, incluido si tenían acceso a suficiente agua potable. También vacunamos a niños de entre 6 meses y 15 años y distribuimos artículos de primera necesidad.

Por razones de seguridad, tuvimos que dejar las tiendas a las seis de la tarde. Fue muy difícil para nosotros dejar a nuestros pacientes, pero el equipo de la Cruz Roja ya había comenzado a aliviar la presión y a asumir la situación.

Cuando tuve un momento para mí, fui al cementerio donde ya habían comenzado los entierros de los fallecidos por el ataque.

Es una tragedia. Había 30 tumbas nuevas.

Cabe señalar que, a veces, las madres y sus niños pequeños se entierran en la misma sepultura.

También visité la zona donde golpearon las bombas. Habían caído sobre las casas.

Es incomprensible.

Victims of bombing on a displaced camp in Rann, Nigeria

Víctimas del bombardeo aéreo por parte del Ejército nigeriano a un campo de desplazados en Rann, en el noreste de Nigeria ©MSF

Reconocí el cuerpo de una mujer que había estado en nuestra distribución esa misma mañana. Le habíamos proporcionado paquetes de alimento terapéutico para sus gemelos que sufrían desnutrición. Ahora los veía llorar, aferrándose al cuerpo inerte de su madre.

No encuentro palabras.

Lo que nos permite seguir adelante después de esta terrible y traumática experiencia es saber que hicimos todo lo que pudimos a pesar de no contar con los recursos suficientes.

Tres personas de una empresa privada contratada por MSF para proporcionar servicios de agua y saneamiento en el campo murieron en el bombardeo; una cuarta resultó herida.

Su pérdida ha sido muy dura para nuestro equipo, trabajábamos juntos. Lo único que pudimos hacer por ellos fue enviar sus cuerpos a sus familias.

Quienes han sobrevivido al bombardeo han vivido algo tan duro, tan violento…

Rann era su refugio seguro. El ejército debía protegerlos y en lugar de ello, los bombardeó.

Tenemos que permanecer a su lado”.