Recuerdo como si fuera ayer esas mañanas en las que mis hermanos y yo nos sentábamos a desayunar y nuestra madre nos daba una tabletita de vitamina C efervescente, la cual, confieso, me resultaba tan ácida que a duras penas podía pasarla. No teníamos otra alternativa, pues según mi madre, era para evitar que nos resfriáramos.

Nunca supe – hasta que estudié medicina- cuán lejos de la realidad estaba mi pobre madre. Y es que la vitamina C podrá ser un gran antioxidante y un buen regenerador de tejidos (pues mejora la producción de colágeno, elemento infaltable en los tejidos) pero no previene ninguna infección respiratoria.

Existen muchas leyendas urbanas relacionadas no solo a la vitamina C, sino a todas las que se conocen en general, por ejemplo, esa vieja creencia de que las vitaminas engordan o abren el apetito. “Toma vitaminas para que mejoren tus defensas”, “doctor mi hijito no come, ¿por qué no me manda unas vitaminas para que coma o por lo menos se alimente”, “mi hijo se enferma mucho ¿debería tomar vitaminas? son algunas de las equivocadas frases que siempre escucho.
Hay mucha desinformación con respecto a este tema y creo que la culpa la tenemos los médicos, porque no nos tomamos el tiempo necesario para explicar y enseñar a los que nos rodean los conceptos e ideas elementales sobre las vitaminas.

Así como las proteínas, los carbohidratos, los lípidos y los minerales, las vitaminas son un tipo de nutriente, o para ser más exactos, un micronutriente, no porque sean chiquitas, sino porque deben consumirse en cantidades pequeñas: unos microgramos o unos miligramos al día cubren nuestras necesidades básicas. Las vitaminas son esenciales para la vida, incluso en pequeñas cantidades. Debemos ingerirlas porque nuestro organismo no puede fabricarlas (o lo hace de manera insuficiente). Si no las tomáramos, probablemente moriríamos o tendríamos enfermedades muy serias.

Las vitaminas tienen también una función sobre nuestro metabolismo a la hora del proceso de asimilación de nutrientes, pero por sí solas no tienen ningún valor energético, es decir, no tienen calorías, por eso es que no engordan ni abren el apetito. Si engordamos es porque comemos mucho y nos movemos poco.

Lo más importante de todo es que las vitaminas están contenidas en todos los alimentos vegetales y animales que comemos. Podemos decir además que las vitaminas son seis: A, B (complejo B), C, D, E y K, las que a su vez están separadas en dos grandes grupos según su naturaleza: liposolubes (solubles en grasa) e hidrosolubles (solubles en agua).

En el primer grupo tenemos a las vitaminas A, D, E y K, las que, al ser solubles en grasa, podrían afectar seriamente nuestra salud si las consumimos en exceso. El otro grupo está compuesto por las vitaminas B y C, las que se eliminan por la orina y rara vez se almacenan.

Ahora bien, cada vez que desee tomar un suplemento vitamínico, recuerde alimentarse bien, sano y balanceado, y no olvide que los suplementos no son la mejor fuente de aporte.

José Recoba

*Estimados lectores: Desde el 16 de junio del 2008, el autor del blog “Cuida tu salud” es el doctor Elmer Huerta. Este post escrito por José Recoba seguirá en línea pero sin opción de dejar comentarios.