Hace poco fui a conversar con un amigo dermatólogo para pedirle que revise a un niño que tenía unas lesiones blanquecinas en la carita y el tronco desde los veinte días de nacido, y mientras lo esperaba pude observar a una señora de mediana edad y de piel oscura que salía de su consultorio con una expresión en el rostro de tristeza y angustia. Casi de manera automática le pregunté a este amigo si eran malas noticias. “Muy malas” me respondió. “Melanoma de alto grado, muy maligno y de peor pronóstico”.

Este comentario me hizo reflexionar con respecto a lo poco que nos cuidamos la piel, en especial, de las inclemencias del sol. Pero eso no es lo único a lo que debemos prestarle atención: la contaminación ambiental , la poca ingesta de agua y el no saber elegir un jabón adecuado (pensamos que mientras huela rico, no importa de lo que sea) hacen que nuestra piel se vaya dañando de manera silenciosa hasta llegar a un punto sin retorno en donde ya no hay mucho que hacer porque el cáncer avanzó demasiado.
Si ustedes creen que del sol es de lo único que debemos protegernos para prevenir el cáncer de piel y el envejecimiento cutáneo, les voy adelantando que se quedaron cortos. Para nadie es una novedad que la capa de ozono en el hemisferio sur tiene un agujero cuya superficie es mayor a la de Europa, y es sabido que la función de ésta es filtrar los rayos ultravioleta para evitar que estos lleguen a la superficie terrestre y nos dañen.

La luz ultravioleta (LUV) es una radiación que tiene la particularidad de alterar la estructura de algunas sustancias como las proteínas. Cuando la LUV incide sobre nuestras células altera la estructura del ADN de las mismas, ocasionando así que las células empiecen a “mutar”, es decir, que empiecen a cambiar sus características convirtiéndose en células cancerosas, las que poco a poco se van reproduciendo hasta ser lo suficientemente numerosas como para hacerse notar.

Es momento de que aprendamos a cuidar nuestra piel. En realidad, debemos evitar exponernos de manera irresponsable a la LUV durante todo el año y no solo cuando hay sol. Tampoco es una cuestión a tener en cuenta solo por los blanquiñosos. Los oscuritos también estamos expuestos y nos puede pasar, aunque en menor grado.

Durante el invierno también tenemos horas de luz solar con la misma radiación UV y nadie considera la posibilidad de usar un buen bloqueador solar y tampoco evita la exposición a la polución, al smog y la poca ingesta de agua.

Espero que no tenga que llegar el verano para echar mano a un buen bloqueador, no se olviden que “es mejor prevenir que enterrar”. Si ustedes no saben qué bloqueador es mejor o cuál comprar, permítanme aconsejarles: el factor de protección solar es el grado de protección que vamos a tener aplicándonos el bloqueador, y creo que los de grado 30 para arriba son los más adecuados. El filtro solar es la forma en que la LUV va a ser neutralizada o bloqueada, brindándonos así la protección que necesitamos.

Con respecto a los filtros, los hay de dos tipos: los químicos, que son aquellos que penetran la capa superficial de la piel y que absorben la LUV neutralizándola, y los filtros pantalla, que no penetran la piel sino que se depositan sobre ella evitando la acción de la LUV. Estos últimos son mas densos (espesos) y permanecen más tiempo que los anteriores que son más líquidos y por lo tanto hay que aplicarlo continuamente.

Cuando compre un bloqueador solar, pregunte sobre el filtro, y si el vendedor no sabe responderle, lea la formula, el factor de protección (FPS) y lo más importante, si es para niños o para adultos.

José Recoba

*Estimados lectores: Desde el 16 de junio del 2008, el autor del blog “Cuida tu salud” es el doctor Elmer Huerta. Este post escrito por José Recoba seguirá en línea pero sin opción de dejar comentarios.